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Recordando El Título De 'Guga' En Roland Garros 1997

Cuando un brasileño relativamente desconocido capturó su primer trofeo de Grand Slam.

Tenía una figura delgada, corría de punta a punta con su uniforme amarillo y azul, y desataba golpes explosivos mientras soltaba con cada uno un gemido que resonaba en todo el Stade Roland Garros. Esa fue la imagen que dejó Gustavo Kuerten, más conocido universalmente como ‘Guga’, tras conquistar hace más de 20 años a París. “Ganar Roland Garros fue increíble”, dijo Kuerten a ATPTour.com.

“Se ha vuelto más absurdo con el pasar de los años. Ahora sé lo difícil que es ganar un Grand Slam, pero en ese entonces seguí preguntando: ‘¿Qué es esto?’, ‘¿Cómo he ganado?’. Fue sencillo y divertido. En golpear nuevos ángulos, me convertí en un nuevo jugador. Vi un nuevo universo como jugador de tenis. En 1997, fue sencillo, ‘Oh, vamos a ganar esto’. Fue sólo en 2000, con mi segundo triunfo, que empecé a entender lo que había sucedido”.

“La vida era un nuevo partido, que no podía imaginar. Ahora, más de 20 años después, me hace sentir curiosidad sobre cómo Mats Wilander (con 17 en Roland Garros 1982), Boris Becker (17 en Wimbledon 1985), Michael Chang (17 en Roland Garros 1987) y Rafael Nadal (con 19 en Roland Garros 2005) se sintieron al ganar sus primeros títulos importantes a una edad temprana”.

Kuerten había visitado por primera vez París en 1992 con Larri Passos, su único entrenador durante toda su carrera profesional que terminó en Roland Garros en 2008. Al encontrar que las entradas se habían agotado, ingresó en la noche en los terrenos del estadio Suzanne Lenglen, para aparecer cuando los primeros espectadores estuvieran buscando sus asientos.

Sin embargo, en mayo de 1997, aseguró un lugar como jugador en el tercer Grand Slam de su carrera. Llegó como el No. 66 del mundo y como uno de los cinco latinos (junto al No. 10 Marcelo Ríos, el No. 53 Marcelo Filippini, el No. 64 Hernán Gumy y el No. 88 Fernando Meligeni), en el Top 100 del ATP Rankings.

Con 20 años de edad, había visto más partidos como aficionado por televisión en Florianópolis, Santa Caterina, una isla en el sur de Brasil, que los que había jugado en el ATP Tour (45). Pero ganar unos días antes en suelo brasileño en una parada del ATP Challenger Tour en Curitiba aumentó su confianza.

“El espíritu estaba allí. Sabía que si continuaba empujándome algo muy especial pasaría”, dijo Kuerten, quien recuerda que un helicóptero voló sobre la pista al comienzo del segundo set, creando una tormenta de polvo, durante su triunfo sobre el No. 158 Razvan Sabau en la final de Curitiba, en mayo de 1997.

“’Guga’ inicialmente tuvo dos dificultades”, dijo Passos a ATPTour.com. “Su manejo de la pelota y la forma en que defendió. Tenía más problemas moviéndose a la derecha, pero en Curibita, y posteriormente en Roland Garros, preparamos tácticas para que pudiera jugar con su revés, que se convertiría en uno de los mejores y mortales tiros del mundo. Cuando controlaba el juego con su revés, inquietó a sus oponentes. Aunque le gustaba atacar, también tenía que aprender a defenderse”.

Con un impulso, una fuerza y una energía renovados, Kuerten llegó a París con una pequeña maleta. Las expectativas eran claras, a pesar de su éxito reciente. “Vine aquí para ganar un partido”, sonrió Kuerten, más de 20 años después. “No estaba tratando de ganar, pero estaba tratando de mejorar. A medida que el torneo avanzaba, necesitaba alejarme de la fantasía de ganar potencialmente, así que Larri siempre fue muy preciso sobre cómo planeó mi tiempo. Sólo necesitaba sentir la arcilla y me sentí mejor”.

Kuerten y Passos se hospedaron en el Mont Blanc Hotel, un lugar de dos estrellas y a 70 dólares la noche, cerca de la Puerta de Versalles y a 20 minutos en autobús de las canchas. Era un espacio de 15 metros cuadrados, con dos habitaciones y un corredor por el centro que permitía a los huéspedes empacar sus maletas. Passos se había alojado en el hotel desde 1990 y se aseguró de que Kuerten estuviera lejos de ser el centro de atención.

“Primero estuve allí como juvenil en 1992”, dijo Kuerten, que ganó el título de dobles junior de Roland Garros en 1994 con otro ex jugador del Top 10, Nicolás Lapentti de Ecuador. “Conocíamos a todo el mundo, desde los limpiadores hasta los propietarios. Fue muy sencillo”.

Cada noche, comían pasta en Victoria's Trattoria. Se sentían como en casa. “Cuando comencé a ganar partidos, la prensa tuvo dificultades para encontrar el hotel", dijo Kuerten. El hotel fue el punto de partida, pues sirvió de búnker para el brasileño. Además, sirvió como presagio durante las dos semanas. “Por la ironía del destino, nuestra habitación de hotel en 1997 fue la No. 1.”, dice Lassos con una sonrisa.

El destino les tenía preparado mucho más, como el ascenso al No. 1 en diciembre del 2000. Todo lo consiguieron a base de trabajo. “Al principio, era difícil creer que sería un gran jugador de tenis”, admitió Passos, quien empezó a trabajar con Guga, de 13 años, en 1990. “Pero siempre fue un muchacho a quien le encantaba entrenar. Tuve que cambiar su revés de dos manos a una sola. Trabajamos en la técnica y la forma de su juego”.

“Guga logró lo que hizo a lo largo de su carrera como resultado del amor que tuvo al jugar. Trabajamos con mucha armonía, enfoque y vivimos para cada momento. Solíamos divertirnos, jugar y reír mucho. A veces nos divertimos más de lo que entrenamos, pero estar en la cancha siempre fue un momento muy especial”.

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En Roland Garros 1997, Kuerten empezó a creer más al batir en la tercera ronda al austriaco Thomas Muster, quinto preclasificado y campeón en 1995, con parciales de 6 -7 (3), 6-1, 6-3, 3-6, 6-4.

“Hice 10 drop shots contra Muster, quien gritó en alemán: ‘¿Qué diablos es esto? Estoy jugando mi mejor tenis y este chico me está matando. ¿Quién es él? Un genio?’ La multitud se involucró y Muster fue un increíble batallador hasta el final. Entonces, estando 0-3 en el quinto set, dije: ‘¡Sáquenme de aquí, él me va a comer!’. Estaba cerca de renunciar, pero mi hermano Rafael, sentado en la tribuna, se puso de pie y me dijo: ‘Has llegado hasta aquí, levántate y sigue luchando’.

“Después de la victoria de Muster, tuve una conferencia de prensa completa en la gran sala. Antes de eso, sólo había hablado con dos o tres personas”. La victoria posterior de Kuerten dos días después sobre Andrei Medvedev, lo citó con Yevgeny Kafelnikov, tercer cabeza de serie y campeón defensor. El encuentro fue transmitido en vivo en Brasil. “Pensé que Kafelnikov era imposible”, dijo Kuerten. “Incluso si él jugaba su mejor tenis, yo no podría ganar”.

Pero lo hizo por 6-2, 5-7, 5-7, 6-0, 6-4, y entonces el jugador apodado por L'Equipe 'El surfista sobre arcilla', sentía que tenía una verdadera oportunidad. “La intensidad de los reflectores cambió cuando golpeé a Kafelnikov, el favorito para conservar su título. Fueron dos torneos separados desde entonces. Tenía una gran convicción. Sabía que el trofeo era mío”.

Para entonces, el mundo del tenis ya se había enamorado del jugador de pelo rizado, personalidad colorida y excitante, que cantaba en el vestuario, tocaba la guitarra y escuchaba reggae en su tiempo libre. “Después de vencer a Kafelnikov en cuartos de final, ambos sabíamos que el título no podía escaparse por la forma en que sentía la bola”, admitió Passos. “Nuestra convicción fue tan grande que llamamos a la casa de ‘Guga’ y pedimos a la familia que construyera una gran puerta fuera de la entrada de su casa, porque tenían que estar preparados para el hostigamiento de los aficionados en Brasil".

Después de haber derrotado a Filip Dewulf en las semifinales (“el único partido en que yo era el favorito”), se citó con Sergi Bruguera en la gran final. “Antes de salir a la cancha le dije: ‘Guga trabajaste duro y lo hiciste bien, ahora vas a disfrutar del postre’”. Kuerten sólo sonrió, pensando en el camino que había recorrido.

Su comportamiento casual no le hacía justicia a su intensidad en la cancha. Durante el partido por el título no mostró ningún signo de nervios para terminar ganando 6-3, 6-4, 6-2 en una hora y 50 minutos. Fue el 52º partido en la carrera de Kuerten, quien se convirtió en el campeón de Grand Slam con ranking más bajo desde Mark Edmondson (Nº 212) en el Abierto de Australia de 1976.

Mientras que los aficionados brasileños celebraban su primer triunfo de Grand Slam desde el título de María Bueno 40 años atrás, Kuerten recibió el trofeo de manos de su ídolo Bjorn Borg y de Guillermo Vilas. “Jugué como lo hice en la práctica y lo disfruté mucho”, dijo Kuerten. “Al derrotar a Bruguera, pensé: ‘Este es mi trofeo y lo merezco’. Permitirme soñar con levantar el trofeo fue crucial para nosotros".

Passos había prometido al padre de Kuerten, Aldo, que había fallecido como resultado de un ataque al corazón mientras jugaba un partido en Curibita cuando ‘Guga’ tenía ocho años en 1985, que un día desarrollaría las habilidades de tenis de su hijo. Había sido trabajo de Passos tomar un diamante en bruto y pulirlo, nutrir los sueños de ‘Guga’ y, en última instancia, establecer nuevas metas que lo impulsarían e inspirarían para el resto de su carrera.

“Siempre digo que ‘Guga’ tiene un corazón más grande que su cuerpo, y fue con este gran corazón que ganó Roland Garros en 1997. Cuando terminó la final, nos encontramos en el vestuario”, recuerda Passos. “Subimos a las salas de descanso. Oramos, dimos gracias a Dios, y dedicamos el título a su padre. “Nos miramos el uno al otro y le dije: ‘¡Sigamos siendo iguales! ¡No cambiemos!’. “Entonces nos abrazamos y lloramos mucho”.

Cuando hoy en día asiste a torneos alrededor del mundo (entregará el trofeo al campeón de 2017 en Roland Garros), es fácil recordar a Kuerten cuando recibió el primero de sus tres trofeos de Roland Garros (también 2000 y 2001). Simplemente, porque ‘Guga’ no ha cambiado. Sigue dedicando su vida a su familia, que fue nuevamente afectada por la tragedia en noviembre de 2007 por la pérdida de su mayor apoyo, su hermano Guilherme, que sufría de parálisis cerebral.

“El tenis me ayudó a valorar a mi familia”, dice Kuerten, desde su hogar en la mágica isla de Florianópolis, en el sur de Brasil. “Puedo mantener mis valores y la forma en que me acerco a la vida, debido a ellos. Es difícil mantener la misma vida con el dinero y la fama, pero la vida siempre ha sido más importante para mí que el tenis o cualquier Grand Slams que he ganado. El tenis termina y tienes que volver a la normalidad”.

“Mi vida nunca volvió a ser normal después de Roland Garros 1997, pero he tratado de preservar y mantener mi enfoque de la vida”, dijo Kuerten. “Mi padre fue una gran parte de mí, mi ídolo y yo le dedico mi vida. Realmente le gustaba hacer lo mejor, y siempre luchaba por lo que quería. Así que creo que tengo algo de esto de él. Él sólo quería que sus hijos, yo y mis dos hermanos, crecieran y fueran bien en sus vidas y tuvieran buena reputación”.

El corazón de ‘Guga’ le permitió soñar y su enorme ética de trabajo, que continúa hasta nuestros días a través del Instituto Guga Kuerten, le permitió cumplir su potencial. Su padre, de hecho, estaría muy orgulloso.