© Getty Images/ATP Tour

Novak Djokovic celebró su octavo título de Grand Slam al imponerse a Dominic Thiem el domingo en la final.

Djokovic Gana Su Octavo Abierto De Australia Y Recupera El No. 1

El serbio se impuso a Dominic Thiem en el quinto set

Novak Djokovic no olvidará su octavo título en el Abierto de Australia. Para llegar a los 17 torneos del Grand Slam, el serbio necesitó firmar una remontada impresionante ante Dominic Thiem, que estuvo a un set de la victoria, y terminar imponiéndose 6-4, 4-6, 2-6, 6-3, 6-4 en la gran final del primer grande de la temporada. El serbio, que recupera el No. 1 del mundo, también se convierte en el único jugador que ha ganado al menos un Grand Slam en tres décadas distintas.

La final comenzó con un segundo saque de Djokovic que Thiem no pudo poner dentro de los límites de la pista, por lo que el primer punto del partido fue para el serbio. El austríaco salió a jugar con un cansancio muy superior al de su rival, ya que pasó en la pista un total de dieciocho horas y 24 minutos por las doce horas y 29 minutos de Djokovic. Eso, al principio, pareció ser un problema para un portento físico como el No. 5 del mundo, menos fresco de lo habitual para encarar un encuentro de la máxima exigencia.

Djokovic abrió la final con un break, poniendo tierra de por medio rápidamente para colocar el 3-0 en el marcador, y tratar de quitarle la idea a su oponente de conseguir la victoria, y el título en consecuencia. Sin poder hacer valer la potencia de sus golpes, una de las cualidades más temidas por todos sus oponentes, y que el propio Rafael Nadal sufrió en sus carnes en los cuartos de final, y también Alexander Zverev en las semifinales, el aspirante no pudo abrirse paso como seguramente había planeado.

Si Thiem apostó por ser agresivo, imprimiéndole a cada golpe toda la fuerza que pudo, Djokovic planteó la final desde una férrea defensa, obligando a su oponente a ganarle mil veces cada punto, levantando contraataques imposibles y lanzándose a por los huecos que el austríaco dejó sin cubrir en mitad del derroche de energías que gastó en el arranque del duelo.

La concentración de Djokovic marcó las diferencias en ese arranque del primer set, en el que el serbio ofreció una versión excelente para desarmar la propuesta de Thiem, que necesitó ir al límite constantemente para conseguir llevarse los puntos, y muchas veces ni aún así lo consiguió ante un rival en estado de gracia.

Ocurrió que Thiem aguantó el chaparrón como pudo, y peleó por una oportunidad que terminó llegando. El austríaco, que perdía 1-4, logró un break para poner el 4-3 en el marcador, y soñar con apretar una primera manga que muchos otros ya habrían dado por perdida. Thiem, sacando por 4-4, llegó a salvar una pelota de rotura y hizo que la final volviese al inicio, nivelando de nuevo la balanza.

Cuando llegó el momento de afrontar la presión, Djokovic se echó encima de Thiem para cerrar el primer set al resto, rompiéndole el saque con 5-4 para el serbio, y logrando empezar la final mandando después de que el austríaco entregase su servicio con una doble falta.

Lejos de tirar la toalla, Thiem arrancó el segundo parcial luchando para intentar revertir la situación. Y eso fue exactamente lo que consiguió: un break puso el 2-1 para el No. 5, que esta vez sí que logró darle continuidad a su reacción, a diferencia de lo que ocurrió en el primer parcial de la final.

Djokovic aumentó de nuevo su nivel, pero así y todo Thiem le mantuvo la cara al siete veces campeón del torneo sobre la Rod Laver Arena, dando lugar a un pulso precioso, vibrante y fascinante, lleno de alternativas sobre el cemento de la central de Melbourne Park.

Entre esa serie de peloteos frenéticos, el serbio pescó lo que buscaba: un break que pusiese el 4-4 en el marcador, deshaciendo el enorme esfuerzo de Thiem para ponerse por delante con la meta de ganar el segundo parcial y hacer que comenzase un nuevo encuentro al mejor de tres sets.

Thiem no se dio por vencido, y obtuvo un break para ponerse de nuevo 5-4, aunque esta vez el austríaco no lo desaprovechó y cerró el segundo parcial con su servicio para nivelar la final.

Manteniendo la inercia ganadora, Thiem irrumpió en la tercera manga con un clarísimo 3-0, dos breaks a su favor. Llegados a ese punto, el austríaco había conseguido alcanzar su velocidad de crucero, la misma con la que fue atropellando rivales desde que comenzó el torneo hace dos semanas.

Djokovic, que solicitó la presencia del fisioterapeuta en la pista, no pudo hacer frente al aluvión del austríaco, vencedor también de ese tercer set.

En el cuarto, Nole intentó apretar un poco las cosas, ponérselo difícil a su rival. Hasta el 3-3, el marcador estuvo igualado, con ambos contrarios ganando sus saques sin mayores problemas. Un punto por delante, Djokovic firmó su vuelta al encuentro llevándose por 6-3 el cuarto parcial, mandando la lucha por el título al quinto.

Nada más comenzar ese set decisivo, Djokovic se hizo con un break que le despejó tremendamente el camino hacia una copa que se le había puesto muy difícil durante buena parte de la noche, y que alzó para subrayar un dominio como pocos en la historia del Abierto de Australia.