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Diego Schwartzman es el cabeza de serie No. 14 en el Abierto de Australia 2020.

El Gran Crecimiento De Schwartzman

El argentino explica su madurez en los Grand Slam.

Los fuertes vientos asolaron Melbourne Park pero a Diego Schwartzman poco pareció importarle. En una jornada realmente incómoda, donde las rachas pusieron a prueba el talante en cancha, el jugador argentino trabajó con la fruición de un artesano. Completamente enfocado hasta terminar su tarea sin despistarse un momento. El cabeza de serie No. 14 desmontó por 6-1, 6-4, 6-2 al español Alejandro Davidovich en un ejemplo de concentración absoluta.

“Es un poco raro que haya podido hacer un partido sólido”, reconoció Diego con la victoria aún caliente en las manos. “En esas condiciones, de alguna forma logré el partido que quería hacer. Me salió de la manera en que lo había pensado”.

Habla un jugador madurado para los mayores escenarios y los números no engañan. En los últimos tres años Schwartzman ha logrado 28 de sus 31 victorias en torneos del Grand Slam. Una transformación que el argentino explica como un proceso en varias etapas.

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“Es complicado decir en qué momento subió mi solidez en Grand Slam. Quizá cuando se elevó mi nivel y entré entre los 30 ó 40 mejores del mundo: desde Roland Garros 2017 hasta hoy”, explica. “Fui transformando mi nivel, mejorándolo en el día a día y lográndolo dentro de la cancha. Muchas veces cuando gano el primer set o estoy dos sets a uno, sé que el rival además de jugar bien va a tener que aguantar físicamente. Eso me da una confianza otra de que a cinco sets puedo tener un margen más”.

La experiencia refuerza la teoría del argentino, autor de tres escaladas hasta los cuartos de final: dos en el US Open y una en Roland Garros. “Eso deja al tenis a un costado y pasa a un estado físico que me puede favorecer. Todo esto lo voy trasladando al juego y me da confianza”, explica Diego, que relata este crecimiento en tres pasos.

“En un primer momento, no te das cuenta. Después, te vas a adaptando. Como tercer paso, te das cuenta y te convences de que lo puedes hacer dentro de la cancha. Me parece que de entrada no eres consciente y vas creciendo en modo automático, como que las cosas van sucediendo. Después te sentás y vas analizando lo que haces bien: vengo entrenando bien, vengo comiendo bien, estoy haciendo todo para estar acá. Ahí es donde en un deporte individual tenés que convencerte de que estás para eso y que podes seguir mejorando.

Como No. 14 mundial, la mejora de Schwartzman pasa por instalarse en la élite definitiva. Una realidad que no escapa al análisis del argentino. “Ahí es más complicado, porque además de estar convencido de vos mismo hay una cuestión tenística. Para entrar al Top 10 debes ser lo mejor de lo mejor a nivel tenis, físico, mental,… Ya no hay margen de nada. Quizá fuera de los 10 hay un paso anterior y todavía hay que subir un nivel más. Por ahí lo logras en un torneo, te instalas y te decís me lo he merecido”

En el Abierto de Australia, donde Schwartzman medirá al serbio Dusan Lajovic buscando plaza en los octavos de final, el techo no se divisa para un jugador con crecimiento sostenido.

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