© Jason Jung

Así quedó el equipaje de Jason Jung cuando sus tubo de proteína en polvo explotó en su maleta.

Crónicas De Challengers: Jason Jung, Parte I

El jugador de 27 años habla su camino hasta ganar su primer título ATP en Chengdu, China

Antes que nada, me gustaría agradecer a ATPWorldTour.com por darme la oportunidad de compartir mis experiencias como tenista profesional con todos vosotros.

A principios de este año, tomé una de las decisiones más duras desde que me hice profesional. Era 4 de enero y recibí un correo en el que me decían que entraba en el cuadro del Open de Australia. Es el único Grand Slam que aún no he disputado. Unas semanas antes de esto, estaba a un set de ganar acceso directo al cuadro final del Open de Australia cuadro final con la invitación del Torneo de Asia Pacífico. Pero si no jugaba en el Open de Australia, tenía la oportunidad de progresar en el Challenger de Bangkok, pues allí posiblemente sería cabeza de serie.

Decidí quedarme en Bangkok por varias razones: la oportunidad de poder tener un buen resultado, conocía las pistas, muchos amigos viven en Bangkok y amo la ciudad. La gente es muy amable y la comida es increíble.

Al final perdí en semifinales ante el eventual campeón y ex Top 10 Mikhail Youzhny. Estaba un poco nervioso y el partido no duró ni una hora. Pero tuve la oportunidad de jugar ante Youzhny de nuevo la siguiente semana en Filipinas. La segunda vez sí que me sentí dentro del partido e incluso tuve opciones en el segundo set. Es genial tener la oportunidad de jugar ante jugadores top porque te muestra realmente tu nivel y te ayuda a comparar tu juego con el de los mejores.

Viajar como jugador profesional de tenis puede dejarte hecho polvo. A veces. Uno de los viajes más locos que recuerdo fue el año pasado. Acababa de ganar un Futures en Little Rock, Arkansas y tenía que volar ese mismo día a Guadalajara para un Challenger el siguiente día. Es lunes por la mañana y cuando llego al aeropuerto, mi vuelo va con retraso. No quería esperar en el aeropuerto así que llamé a unos amigos que se habían quedado en Little Rock. Me recogieron y justo cuando nos íbamos… tuvimos una pequeña colisión. Por suerte, nadie se hizo daño.

Pero justo cuando ya nos estábamos olvidando del golpe, me informaron que el vuelo iba a ir aún con más retraso. Caí en la cuenta que sólo una de mis raquetas estaba bien encordada y el resto tenían que encordarse de nuevo. Para matar un poco el tiempo, las llevé a encordar. Para cuando terminé, ya era momento de regresar al aeropuerto y esta vez, ya pude volar.

Llegué a Guadalajara sobre las 8pm, pasé por aduanas, esperé por mis maletas… y nada. Fui a la ventana de maletas extraviadas, di las etiquetas de mi equipaje perdido y el agente me informó que mis maletas aún estaban en Little Rock pero que llegarían en el siguiente vuelo. Qué suerte la mía, ¿verdad? No siempre cargo con mi raqueter pero esta vez, sí lo hice. Recibí una llamada del aeropuerto a medianoche diciéndome que mis maletas ya habían llegado y que las traerían a mi hotel.

Hasta las dos de la madrugada no llegaron. Abrí mi maleta y todos mis suplementos de proteína se había esparcido por todo. Mi tubo de proteína había explotado. Son las 3 de la madrugada y aunque trato de sacar todo el polvo de mi ropa, no lo hago con mucho éxito.Además, tengo que jugar en ocho horas y ni siquiera he descansado. Así que me rendí con la ropa, pues aunque la lavase no la tendría seca al día siguiente. Decidí pedir prestada.

Durante el partido, me siento en completo delirio por mi falta de descanso. Tanto es así, que termina el primer set y ni recuerdo el marcador. No sé cómo, llámalo suerte del viajero o cualquier tipo de suerte, gané el partido en tres sets y acabé alcanzando mi primera final en el ATP Challenger Tour, una final que acabé perdiendo, pero también una de las experiencias más locas que he vivido.

Continuará…

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