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Juan Martín Del Potro se coronaba campeón en Nueva York hace una década derrotando a Federer en la final.

El Gran Golpe De Delpo, Diez Años Después

Repasamos el triunfo de Juan Martín del Potro en Flushing Meadows en 2009, en dos semanas que quedarán para siempre grabadas.

A medida que pasan los años, las grandes hazañas deportivas suelen tener mayor valor y perduran tanto en los fanáticos, como en los mismos protagonistas. Para Juan Martín del Potro aquel fabuloso lunes 14 de septiembre de 2009 quedará siempre marcado como el día que cumplió su sueño, ser campeón del US Open. 

Hace algunas semanas, en una entrevista con la revista británica Vogue, Federer confesó que si pudiera elegir un partido para jugar nuevamente elegiría esa final del US Open. Por muchas razones el argentino es siempre tan alentado en cada estadio del mundo y el repaso por sus mayores conquistas recuerda por qué suele siempre termina con ovación, por qué siempre se le quiere. Su forma revolucionaria, sus irrupciones en momentos en los que no se le espera y su capacidad de reacción ante la adversidad son algunos de los motivos por los que se puede responder esa pregunta.

A lo largo de los años, Del Potro se convirtió en una de las figuras más queridas de Flushing Meadows, un jugador gigante que ha abrazado a los fans de Nueva York que lo han adoptado como uno de los suyos. Las raíces de esa conexión se remonta a 2009, cuando el argentino llegó a su primer y, hasta la fecha, único título de Grand Slam, un resultado mágico marcado por una espectacular final.

Si bien para muchos su recorrido parecía surgir de la nada, Del Potro era una presencia bien establecida en ese momento: había terminado 2008 clasificado en el Top 10, tras llegar a los cuartos de final en Flushing Meadows y con sus primeros cuatro títulos ATP, de forma consecutiva. Su irrupción en un Major podría haberse dado en París, cuando el tandilense llegó a semifinales antes de caer en cinco sets ante Federer, pero un par de meses después llegó a Nueva York con la cabeza enfocada en poder lograr su máximo objetivo, el que soñaba desde que era chico. Se le notaba en la mirada, en su interior ya visualizaba la bandera a cuadros en esa carrera aspiracional. 

Y luego estaba su juego. El tenis ya se movía cada vez más hacia la dinámica de la potencia, con los jugadores plantados en la línea de base volando a velocidades desmesuradas. Del Potro estaba en un nivel diferente, ‘haciendo sonar’ la pelota como ninguno en los entrenamientos: era una presencia inmensa, no solamente por su imponente físico, si no de la imagen que entregaba al ver sus golpes pesados y planos.

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Del Potro era consciente de ese repertorio único y lo utilizó con una efectividad increíble: venció a cuatro campeones, en ese momento o futuros, de Grand Slam camino a la corona y se colaba en la contienda por el título con una victoria en sets corridos sobre el finalista de 2003 Juan Carlos Ferrero en la cuarta ronda y anunciando su presencia para las rondas finales con una impresionante victoria en cuatro sets sobre Marin Cilic en los cuartos de final.

No obstante, Del Potro reservó sus mejores triunfos para la ocasión más relevante: el fin de semana. En una deslumbrante exhibición de un tenis ruidoso, derrotó al sembrado No. 3 Rafael Nadal en las semifinales, 6-2, 6-2, 6-2. Y luego, en la final, tocaba Federer, cinco veces campeón y quien venía en una racha ganadora de 40 partidos en Nueva York.

Diez años atrás, el Arthur Ashe no tenía techo y pese a lucir con orgullo el cartel de estadio más grande del mundo, cuando llovía y las condiciones climáticas no acompañaban, traía complicaciones, y eso hizo que la final de jugara un lunes. Ese día, el estadio se vistió de gala para disfrutar de un emocionante partido. Hasta el sol pareció comprar su entrada después de varios días donde había estado ausente.

Poco tardó Federer en tomar las riendas del partido. El suizo rompió el saque de Del Potro en el segundo juego del partido tras cinco opciones de break. En 40 minutos, Federer se había hecho con el primer parcial y tomaba ventaja. La reacción llegaría y la Torre de Tandil se quedaría con un disputado segundo set para demostrar que podía aguantar la presión a la que lo sometía su rival, para pasar de ser presa fácil a cazador furtivo. 

Del Potro se adelantó con un break en el séptimo juego, pero Federer logró recuperarlo a continuación y se llevaría el tercer set en un juego donde el argentino cometió dos dobles faltas. Ya había nervios, la balanza estaba del lado del suizo, pero todavía era una historia en desarrollo: cuando Delpo se ‘enchufaba’ con su saque y su derecha, era incontenible hasta para el propio Federer, quien también mostraría que no era de hierro. 

Un nuevo tie-break comenzaba con una doble falta de Federer y terminó con un error no forzado del suizo. Había quinto y definitivo set, Delpo no se daba por vencido, estaba en terreno de todo o nada. En ese momento, ambos jugadores se mostraron frescos, tanto de cabeza como de físico y corrían a los raquetazos limpios además de tratar de variar la estrategia, cualquier forma de despistar al rival.

Un quiebre en el segundo juego y otro más en el octavo alcanzaron para Del Potro para imponerse finalmente por  3-6, 7-6 (5), 4-6, 7-6 (4) y 6-2, en cuatro horas y 6 minutos de juego. Un partido inolvidable, en el que el argentino empezó mal, pero tuvo las armas para levantarse y lograr ese grito que siempre soñó, justo ante el N° 1 del mundo, quien no podía lograr su sexto título consecutivo en Flushing Meadows. De hecho, Federer no volvió a levantar un trofeo en la gran manzana después de 2008. 

La imagen de Del Potro tumbado en la pista celebrando con los brazos en alto su victoria al cielo de Nueva York, quedará marcada por siempre. El argentino se doctoraba en el circuito conquistando su primer 'grande’ y apenas el séptimo Major para el tenis argentino, luego de las cuatro consagraciones de Vilas (dos veces Austrialia, Roland Garros y el US Open, pero sobre clay), el US Open ganado por Sabatini y ese grito inolvidable de Gastón Gaudio, en 2004, en Roland Garros. 

Con sus dos victorias en ese fin de semana hace una década, Del Potro se convertía en el primer jugador en vencer a Nadal y Federer en el mismo Grand Slam. Pasaron diez años, todavía sigue siendo el beso a un trofeo más lindo y recordado para el argentino. 

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