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El chileno Fernando González alcanzó los cuartos de final en Wimbledon 2005.

El Año Que Fernando González Pareció Intocable En Wimbledon

El chileno disputó una edición excelente 15 años atrás en Londres.

Cuando Fernando González cruzó el umbral del All England Club en 2005 lo hizo como un jugador más del vestuario, uno de tantos ajenos al brillo sobre pasto. Días después, cuando caminó por el distrito de Southfields al cierre del torneo, con unos excepcionales cuartos de final en su raquetero, había dejado una cosa bien clara: iba camino de convertirse en uno de los hombres más respetados del circuito.

Con un poderío formidable, el entonces pupilo de Horacio de la Peña fue el primer jugador chileno que alcanzaba los cuartos de final de Wimbledon en 20 años. Fernando se convirtió en el tercer tenista nacional en alcanzar esa instancia en el All England Club, siguiendo los pasos de Luis Ayala (1959, 1961) y Ricardo Acuña (1985).

“Ha sido la primera vez que he hecho una buena preparación. Me refiero a una preparación de verdad”, explicó, buscando un motivo lógico para su eclosión. “Fui a jugar a Queen’s y participé en un evento de exhibición la semana previa. Siempre que venía a Wimbledon lo hacía unos días antes. El año pasado vine con cinco días de margen, y eso no es tiempo suficiente”.

Su camino hasta los cuartos de final, incluyendo el triunfo ante el entonces No. 10 mundial Joachim Johansson, fue una auténtica revolución ante los ojos de Londres. Con el pasto inmaculado de las canchas, toda una invitación para el juego directo, las brutales derechas de González encontraron un terreno abonado. Puede que el pasto fuera más lento que en décadas pasadas, que fuera más tolerante con el juego de fondo, pero la pelota sigue resbalando como en ningún otro escenario.

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“Nunca pensé que pudiera jugar bien sobre hierba”, asumió entonces con humildad. “Pero este año me dije a mí mismo que lo intentaría. Todo lo que hago es gratis sobre hierba. Es mi mejor torneo de la temporada y me hace muy feliz. Estoy realmente sorprendido”, declaró Fernando, que terminaría clasificando por primera vez a las Nitto ATP Finals ese mismo año.

El ritmo de González fue incontenible en los albores de Wimbledon. El chileno fue el único jugador capaz de plantarse en cuartos de final sin entregar una sola manga y el segundo con más aces conectados - solo por detrás del poderoso bielorruso Max Mirnyi - camino del quinto partido. Un ritmo vertiginoso que sorprendió al mismo protagonista, acostumbrado a padecer en una superficie que exige doblar el espinazo y aceptar cualquier escorzo.

“Me están saliendo las cosas”, reconoció el entonces No. 1 de Chile. “Yo tampoco esperaba que fuera a ir todo tan bien. El servicio me está funcionando y me encuentro muy cómodo sobre la cancha”.

El empuje de González solo fue detenido por un majestuoso Roger Federer, que aspiraba por entonces a su tercer título consecutivo sobre la hierba de Wimbledon. Ni siquiera el gran talento del suizo, que marcaría una época en la capital británica, estuvo exento de peligros ante el inspirado jugador chileno.

“He tenido que trabajar muy duro en defensa, algo que no sucede habitualmente”, reconocería Roger, el único capaz de doblar la mano al ‘Bombardero de la Reina’. “Es un tipo diferente, capaz de dominar desde la línea de fondo cuando enfrenta a un gran sacador. Siempre tienes la sensación de que va a restar su servicio. Después, de inmediato, protege su saque de forma estupenda con derechas increíbles. También con el revés. Conecta unos tiros durísimos. En mi opinión, es alguien bastante único”.

Una historia improbable para alguien procedente de un país sin canchas de césped natural, una superficie que conoce del modo más peregrino. Tras patear al balompié con los amigos, se improvisan unos postes sobre un terreno ideado para otro deporte. “Jugamos un partido y después colocamos una red. No vamos a ningún estadio, nos vale cualquier terreno”. Nada de lujos ni grandes artificios. Es la capacidad de superación labrada en Chile, donde lo más parecido al pasto de Londres es la hierba sintética que se encuentra en algunos campitos de fútbol. Precario para destacar, suficiente para soñar en Wimbledon.

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