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David Ferrer alcanzó los cuartos de final en Wimbledon 2012.

Cuando Ferrer Despidió A Roddick En Wimbledon

El español disputó una memorable tercera ronda en la edición de 2012.

Ningún reto es tan grande como el tesón del hombre.

David Ferrer llegó a la edición 2012 de Wimbledon en un momento estupendo. El alicantino era el No. 5 mundial con una mochila cargada de méritos, suficientes para creer en sus opciones sobre la hierba de Londres. En un puñado de días había alcanzado su primera semifinal de Grand Slam en Roland Garros y estrenado su palmarés sobre césped en ’s-Hertogenbosch. Un cóctel intenso: destreza en los escenarios más grandes y en la superficie más esquiva.

El español había superado las dos primeras rondas sin dejarse una manga, algo nada habitual en la hierba virgen de Londres, y llegaba a un partido de altos vuelos. Al otro lado de la red le esperaba es estadounidense Andy Roddick, antiguo No. 1 mundial del FedEx ATP Rankings, en lo que sería su última participación en Wimbledon.

Aunque el momento deportivo arroja a dos atletas opuestos, con un David en esplendor y un Andy en el tramo final de su carrera, la igualdad de fuerzas parece un hecho. Si Ferrer apenas visita por tercera vez en su vida la Centre Court, quizá el escenario más venerado de este deporte, su rival sabe lo que es jugarse allí hasta tres campeonatos.

Sobre la superficie más rápida del circuito, ante uno de los saques más poderosos de esta era, Ferrer siente lo que es el silencio de la cancha principal. El respeto es tal en Londres que los botes de la pelota se pueden escuchar desde el graderío. Es una letanía en vivo. Un buen aviso de lo que prepara Roddick, capaz de poner en juego una bola tan dura como el acero.

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El primer set del partido casi es un monólogo. A la contundencia de Roddick se le suma el peso de un viento indomable, que evita escarpa margen de reacción desde el fondo. El estadounidense conoce el escenario como la palma de su mano, coloca bombazos como el que respira, y evita que Ferrer asuma ritmo alguno desde el muro. Las subidas a la red son un bálsamo para Roddick, que cierra la primera manga con un servicio a 212km/h, fiel a sus costumbres más trabajadas.

Allí surgió la resistencia de Ferrer, capaz de invertir un partido que era un tren en marcha. El español consiguió mantener a Roddick en el fondo de manera notable, marcando un punto de inflexión táctico enorme. Si el americano había jugado el 48% del puntos desde el fondo en la primera manga, conectando la mitad de sus tiros ya metido en pista, en el segundo set dio un paso atrás en el 87% de los intercambios. Pese a todo, la presión fue máxima para el español. En un tiebreak vertiginoso de 18 puntos, Roddick tuvo dos opciones para firmar una ventaja de dos mangas. Dos puntos sobre el servicio de Ferrer que el español digirió antes de voltear el encuentro.

El resurgir de David, el único español superviviente en Wimbledon, terminó rompiendo los esquemas de Roddick. El estadounidense lamentaba su suerte sin reprimir los gritos, pidiendo soluciones al aire en un partido que se escapaba. En un escenario donde vivió los momentos más intensos de su carrera, con las finales perdidas en 2004, 2005 y 2009 ante el suizo Roger Federer, el de Texas se encontraba con una nueva piedra.

Ferrer terminaría dominando el ritmo ante uno de los jugadores más notables sobre césped de la década, vertiendo un tiro ganador tras otro con la derecha. En un cierre de partido bien soleado, la pelota de David voló sin freno hasta consumar una de sus grandes victorias en Londres. Ante un triple finalista, demostrando los galones acumulados, David se colocaba en los octavos de final de Wimbledon.

Roddick se marcharía de la pista levantando el brazo y lanzando un beso a la grada. Aunque no desveló su decisión de no regresar a Londres hasta semanas después, el americano envió una velada despedida a Wimbledon antes de desaparecer camino del vestuario.

La edición de 2012 guardaría un recuerdo especial para Ferrer, desatado sobre hierba como nunca antes. El español superaría a Juan Martín del Potro en la siguiente ronda y lograría escalar hasta los cuartos de final en el All England Club. Allí, disputaría un encuentro de cuatro mangas durísimas ante Andy Murray, firmando la mejor marca de su carrera sobre la hierba de Londres.

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