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Alex Corretja ganó su primer ATP Masters 1000 en el Internazionali BNL d'Italia 1997.

La Ducha Soñada Por Corretja En Roma

El antiguo No. 2 mundial recuerda su triunfo en el Foro Itálico.

La edición 1997 del Internazionali BNL d’Italia conserva un aroma especial. Sobre la tierra batida del Foro Itálico, uno de los enclaves más pintorescos del calendario ATP Tour, Àlex Corretja firmó una de las grandes semanas de su carrera profesional. Ante el eterno graderío del Campo Centrale, asombrado por la gran soltura de su juego, el barcelonés completó una semana portentosa hasta dejar algo bien claro: los grandes escenarios quedaban al alcance de sus manos.

Su triunfo ante el chileno Marcelo Ríos, al que derrotó en tres intensas mangas (7-5, 7-5 6-3), permanece como uno de los grandes momentos recientes en el arenero italiano.

Si todos los caminos conducen a Roma, usando palabras de otro tiempo, Corretja había marcado con fuerza cada uno de sus pasos. Con 23 años y una energía desbordante para la competición, al catalán se le caían los grandes resultados de las manos. La gira de polvo de ladrillo habló por sí misma: al título individual de Estoril le acompañaron las finales de Montecarlo y Múnich, donde tocó una copa de dobles que ya rozó en Barcelona.

“La gira fue impresionante. Venía muy entonado y con muchísimo ritmo. Llegué a Roma en plenitud, sintiéndome perfecto. Sinceramente, tenía la sensación de que había llegado mi momento” reconoce Corretja a ATPTour.com. “Me sentía preparado física y mentalmente. Había evolucionado mucho en mi tenis. Además, las condiciones de Roma me gustaban. Era bastante rápido, la bola botaba bastante. Fue una semana en la que llegué confiando en que podía hacer algo muy grande”.

Con un esfuerzo inmenso en las piernas, curtidas con el peso de 16 victorias en 20 partidos, Àlex aterrizó en la capital italiana como uno de los hombres más respetados del momento. Su inercia reciente no pasaba desapercibida en ningún rincón del vestuario. Al borde del Top 10 del escalafón masculino, una instancia que nunca antes había pisado, el barcelonés se aferró a la prueba de madurez con ambas manos.

“Tras un inicio de gira fantástico, perdí en tercera ronda de Hamburgo. Esos 3-4 días que tuve para coger aire me permitieron llegar a Roma al 100%. Eso me dio alas para recuperarme y llegar perfecto”.

Porque la semana firmada en el Foro Itálico mantiene un peso inmenso. Pese a encontrar hasta tres rivales Top 10 en su camino, el español Carlos Moyá, el croata Goran Ivanisevic o el chileno Marcelo Ríos, Corretja atravesó el cuadro como fuego en trigo seco. Impulsado por una convicción absoluta para llegar a buen puerto. El catalán consiguió besar la copa con el peaje de una sola manga, algo insólito y una de las exhibiciones de fuerza más notables que se recuerdan en el torneo.

Corretja 

Con la capital italiana como bisagra, Corretja pasó de encarnar el sufrimiento en las finales (2-7) a tolerar con maestría los encuentros decisivos (15-6). Si ya había rozado dos títulos de la categoría de oro del ATP Tour, quedando a las puertas en Hamburgo y Montecarlo, el resultado de Roma actuó como resorte. La transformación de Álex fue evidente y el Foro Itálico un punto de inflexión. La conquista de su primer Masters 1000 abrió las puertas a un jugador ganador, capaz de romper sus cadenas para competir por los trofeos. 

“¡Claro que ayudó!” reconoce Corretja al toparse con el dato. “Cuando tú pierdes finales, te marcan y te dan experiencia. Por ejemplo, tres semanas ante había jugado la final con Ríos en Montecarlo y, por supuesto, eso también me ayudó. Salí mucho más convencido, tenía más claro como le tenía que jugar, qué necesitaba hacer. Las condiciones me gustaban más que Montecarlo, donde eran algo más pesadas”.

Allí, en la velocidad del aire italiano, brilló uno de los juegos más estéticos del circuito. Un jugador tan perseverante como plástico, coronado por un fluido revés a una mano. Un competidor movido por la ilusión de su primer gran título y convencido de poder vivir el momento. Una inquietud que el catalán visualizó la noche previa a la final nada más cerrar los ojos.

“Soñaba con estar en la ducha como campeón”, desvela Corretja. “Era un momento muy importante. Ya había jugado finales en mi carrera y quería salir como ganador. No me quería conformar con el premio de finalista. Cuando cerré los ojos para irme a dormir me imaginé en la ducha del club con la copa de campeón en el banquito de delante. De alguna manera, lo soñé y lo proyecté”.

El delirio en Roma se hizo realidad y ayudó a sentar sólidas bases hacia la cima del circuito. Una ascensión consolidada desde el tesón, con el No. 4 ATP en 1997 y la segunda posición mundial dos temporadas más tarde.

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“Tenía algo más de fuerza. Creo que me costó explotar todo mi juego. Yo no tenía esa fuerza que es necesaria para llegar a los últimos partidos del torneo”, reconoce Àlex. “Siempre llegaba algo saturado porque mi juego era de desgaste. Siempre me encontraba alguien que tenía algo más. A partir de ahí fui creciendo, creyendo más en mis posibilidades. Ganar una final al mejor de cinco sets en un Masters 1000 me hizo crecer y confiar mucho más en mis opciones”.

Cuando han transcurrido 23 años, el recuerdo de lo conseguido en Roma sigue bien fresco en la mente del español. Agradecido por lo vivido en un semana inolvidable.

“El primer Masters 1000 fue muy especial porque siempre era un referente. Es como que marca. Están los Grand Slam y los Masters 1000, y son los torneos elegidos para la gente que lleva mucho tiempo buscándolos. Eso es lo que significó para mí. En mi caso, sabía que si hacía una gran semana además me podía colocar Top 10 por primera vez en mi carrera. Eso es lo que hizo que fuera muy especial”, señala.

“Roma es un torneo especial. La ciudad me parece una de las más maravillosas del mundo. El Foro Itálico es una auténtica locura. Hay mucho bullicio, la gente lo vive con muchísima pasión. Sinceramente, es un torneo con mucho carisma, gran ambiente. Siempre me ha gustado que, a pesar de no tener a muchos italianos en las últimas rondas, han abarrotado las gradas desde el primer día en los últimos años que yo participé. Eso demostraba que la pasión que tienen por el tenis en Italia está por encima de sus propios jugadores. Eso es algo que admiro y me encanta”.

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