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Juan Carlos Ferrero conquistó su primer ATP Masters 1000 en el Internazionali BNL d'Italia 2001.

Roma 2001: El Primer Masters 1000 De Ferrero

El español recuerda su primera gran conquista en el Foro Itálico.

La edición 2001 del Internazionali BNL d’Italia no fue un momento cualquiera en el Foro Itálico. En la oquedad del Campo Centrale, uno de los escenarios más emblemáticos del circuito ATP Tour, un emergente Juan Carlos Ferrero mandó al mundo un mensaje bien claro. Aunque abandonó el recinto con la copa entre las manos, uno de los objetivos más ansiados del vestuario, el español era ya algo más que el flamante campeón de Roma: un jugador convencido de llegar a lo más alto.

En un partido de dimensiones titánicas, su bautismo de fuego sobre una final Masters 1000, Ferrero demostró una formidable capacidad para tolerar la presión en el albero. Con apenas 21 años, el valenciano mantuvo la mirada a un imposible, resistiendo en cinco inciertas mangas (3-6, 6-1, 2-6, 6-4, 6-2) al brasileño Gustavo Kuerten, por entonces No. 1 mundial, vigente campeón de Roland Garros y el mayor reto imaginable de la época sobre polvo de ladrillo.

Salir respirando de semejante vía crucis, algo cercano al milagro, terminó de fortalecer la fe de un jugador estupendo.

“El primer Masters 1000 fue muy especial porque se lo gané a Kuerten", recuerda el antiguo No. 1 mundial en declaraciones a ATPTour.com. "Gustavo era prácticamente el más especialista en tierra batida. Sobre todo en Roma, un torneo que se le daba muy bien”. Palabras bien justificadas del español sobre la leyenda de Florianópolis, campeón en 1999 en el Foro Itálico y encaramado hasta la final en las ediciones de 2000 y 2001. Si en aquellos años había algo parecido al dominio de un territorio, el brasileño lo encarnaba como ninguno al pisar suelo italiano.

“Recuerdo que fue un partido muy intenso en el que siempre sentí esos nervios de poder ganar mi primera final”. Como No. 9 mundial y bajo una tremenda presión, con una etiqueta de aspirante dispuesta a ser arrancada, Juan Carlos remontó hasta en dos ocasiones una manga ante el supuesto favorito. “Yo confiaba en que físicamente era mejor que él, y esperaba poder llegar muy bien al quinto set. Intenté alargar el partido cuanto pude”, destaca Ferrero, cuyo tesón logró arañarle más de tres vueltas al reloj. “Me sentía con mucha confianza para ganar mi primer Masters 1000 y así lo hice. Fue un partido muy completo de nivel y me dio mucha confianza para seguir aspirando a muchos torneos en el futuro”. 

La convicción en el destino se había labrado a fuego lento en las manos de Ferrero. Pese a la impronta imberbe y apariencia de recién llegado, aquel era ya un competidor bien avezado. En diciembre de 2000, meses antes de coronar Roma, lideró a España hasta conseguir la primera Copa Davis de su historia. Aquel momento épico, aquella barrera nacional que derribó con el alma, le puso cualquier objetivo al alcance de las manos.

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“Yo venía de jugar partidos muy complicados en Copa Davis, de los que había obtenido mucha experiencia”, razona Ferrero, cuya victoria ante el australiano Lleyton Hewitt, historia viva del deporte español, desató el delirio en el Palau Sant Jordi de Barcelona. “Jugar ese tipo de situaciones me ayudó a poder ganar una final así contra todo un Gustavo Kuerten. Uno de los mejores de siempre en tierra batida”, explica. “Ganar un torneo como Roma te cambia en el sentido de creer en tus posibilidades para conseguir cosas grandes. Sabes cómo comportarte ante momentos difíciles en la pista. ¡Y más después de ganar una final complicada!”

El crecimiento de Ferrero no dejaría lugar a dudas, convirtiéndose en uno de los jugadores más estables en los primeros años del siglo XXI.

“Entre 2001 y 2003, esta gira en particular siempre se me daba muy bien”, recuerda Juan Carlos, el único jugador capaz de pisar finales de Masters 1000 sobre arcilla en esas tres temporadas. Con un estilo directo, guiado por una enorme derecha como primer golpe de fondo, el valenciano rompió los esquemas en una superficie siempre abrochada a la táctica. “En tierra era un jugador muy agresivo, jugaba prácticamente como en cancha rápida, muy metido dentro de la pista” reflexiona el español, que pasó de coronar la pista dura de Dubái a coleccionar trofeos sobre la arcilla de Estoril, Barcelona y Roma en un puñado de semanas.

“Me sentía muy favorito en ese tipo de torneos. Al final, conseguí creer en mí mismo y así salían los resultados. En ese momento estaba con buen nivel y en un gran estado físico. Aproveché la oportunidad para intentar ganar los máximos torneos posibles”, destaca el español, que ganó 10 de los 16 títulos de su carrera entre 2001 y 2003, período en el que alcanzó el No. 1 mundial y su único Grand Slam sobre la arcilla de Roland Garros.

Pero aquella primavera en la capital italiana, con un triunfo que asombró al graderío del Campo Centrale, sigue ocupando un lugar bien especial casi 20 años después. Un momento de los que no se olvidan con facilidad.

“Roma es muy especial. La ciudad es fantástica, el torneo genera un ambiente muy bueno. Las instalaciones del torneo, con las figuras que rodean algunas canchas, crean una atmósfera muy única La organización siempre es espectacular. El idioma te permite entenderte con todo el mundo y al estar tan cerca de casa es bastante especial. Un Masters 1000 siempre es diferente pero poder ganar el primero en el Foro Itálico fue inolvidable”.

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