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Juan Carlos Ferrero levanta el trofeo de campeón del Mutua Madrid Open en 2003.

Ferrero: Primer Campeón Local En Madrid

El valenciano se coronó en la Casa de Campo en la temporada 2003.

Aunque hoy parezca impensable es totalmente cierto. Hasta octubre de 2003, no hace demasiado tiempo, el tenis español nunca había visto competir en casa a un vigente No. 1. La afición nunca había podido jalear de cerca a uno de los suyos como dueño del trono ATP Tour. El valenciano Juan Carlos Ferrero, una de las figuras clave en la historia reciente de La Armada, cambió el relato por completo. Y el escenario para hacerlo no pudo ser más icónico.

En la temporada 2003, una campaña fundamental en la carrera del jugador de Onteniente, el Mutua Madrid Open afrontaba su segunda edición como torneo. Situado en la temporada de pista cubierta, disputado sobre superficie dura e instalado en el Rocódromo de la Casa de Campo, un enclave pintoresco de la capital madrileña, el torneo suponía un gran espaldarazo para el peso internacional del tenis español. Ya era uno de los nueve Masters Series que componían el calendario masculino. Una de las naciones más potentes del vestuario por fin contaba con un evento de la categoría dorada del ATP Tour.

Y la ecuación era bien clara para Ferrero. Como vigente campeón de Roland Garros y con la estela de la final reciente pisada en el US Open, méritos suficientes para portar los mayores galones en el vestuario, Juan Carlos necesitaba llegar al partido por la copa si quería permanecer en lo más alto del escalafón. Así, ante una expectación enorme a su alrededor, el espectáculo estaba asegurado.

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“Jugar en casa, llegar como No. 1 y sentirte uno de los favoritos del torneo me dio la máxima confianza posible para poder ganar”. La memoria de Ferrero apunta a un evento dominado contra todo, pasando del precipicio en el debut a remar contra todo en cada ronda. “Recuerdo que tuve un partido durísimo en primera ronda contra Wayne Ferreira que casi pierdo. ¡Llegué a tener dos match points en contra! Pero saqué ese partido y ya jugué especialmente bien toda la semana. Cuando tienes este tipo de torneos, llegas como No. 1 y tienes a toda la gente encima,… recibes ese extra que muchas veces se necesita para salir campeón”.

La victoria era un sabor conocido para Ferrero. Uno de los jugadores más talentosos de principios del siglo XXI, Juan Carlos acumuló 67 victorias en los 88 partidos disputados en 2003. Una campaña en la que derribó inéditos muros personales a base de esfuerzo: la conquista de su primer Grand Slam, su ascensión al número 1 mundial y, en la semana que nos ocupa, el único título de su carrera en pista cubierta.

“El año 2003 fue mi mejor temporada. Ganar ese torneo significó muchísimo para mí. Estaba jugando a altísimo nivel y consiguiendo muy buenos resultados en pistas rápidas”, recuerda un Ferrero en plenitud, capaz de encaramarse semanas atrás hasta la final de Nueva York, el único español en conseguirlo desde los lejanos tiempos de Manuel Orantes y Manuel Santana. “Sin embargo, en indoor todavía no había ganado ningún torneo de este calibre. Ganar en Madrid fue el colofón. Tenía que hacer final para mantener el número 1. Esa motivación extra de jugar en casa y poder ganar para mantenerlo me hizo ir en volandas toda la semana”.

En una de las citas clave de la temporada a cubierto, claro, se encontraban los mejores jugadores del mundo. El suizo Roger Federer, por entonces en las primeras páginas de una carrera de oro, exigió un esfuerzo supremo de Ferrero en la ronda semifinal. Una prueba de fuego decidida en tres mangas antes de buscar el trofeo ante el chileno Nicolás Massú.

“El partido con Roger fue el más complicado. Federer es muy especialista en este tipo de pistas. Una cancha cubierta, con la altitud que hay en Madrid y la velocidad que eso da a la pelota,… Fue un reto especialmente difícil que pude conseguir ganar.”, recuerda Ferrero. “Con Roger ya había jugado muchas veces, casi todas en pista rápida. Lo conocía muy bien. Yo era No. 1 y él era el No. 3. Cuando estás en esas posiciones esos son los jugadores con los que tienes que competir y dar ese nivel. Pude dar un nivel muy bueno y llevarme un partido bastante complicado”.

Al echar la vista atrás Ferrero se inunda de grandes recuerdos, y un agradecimiento especial por la experiencia de jugar en Madrid. “Recuerdo un torneo muy familiar. Cuando jugábamos en el Rocódromo las gradas estaban incluso más cerca. El ambiente era muy bueno y la gente se notaba muy metida dentro de la pista. Sentía como si estuviera jugando en mi propia casa. La organización de los primeros años siempre es un reto, y Madrid asumió la organización de un Masters 1000 realmente bien”.

Ahora, cuando el torneo roza los 20 años de historia, con cambio de superficie, nueva fecha en el calendario y traslado a una nueva sede, Juan Carlos observa todo el recorrido avanzado.

“El torneo ha ido evolucionando en cuanto a organización, porque siempre se van mejorando detalles. Después de cada edición siempre se sientan para ver qué cosas se pueden mejorar. El torneo ha evolucionado en cantidad de pistas, número de estadios, capacidad de público. Además, en la Caja Mágica tienes la posibilidad de competir al aire libre y a cubierto”, analiza. “El hecho de jugarse en pista de tierra es algo más favorable para los españoles y ahora es más factible que algún jugador local pueda llegar a la final. El torneo ha progresado porque los organizadores tienen una gran experiencia. Se han mejorado instalaciones, infraestructuras, mucho detalles para tener un mejor torneo”.

Es el reflejo del primer campeón local del Mutua Madrid Open. Una figura eterna en el deporte español y un atleta agradecido por lo vivido. “Lo recuerdo con un tremendo cariño”.

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