© Julian Finney/Getty Images

Rafael Nadal estrenó en su primer partido en el Abierto de Australia una nueva mecánica de saque.

La Tecnología, Al Servicio De Nadal

Carlos Moyà utiliza el vídeo y analiza los datos para introducir mejoras en el juego del español, como el cambio en el saque

Ocurre en Manacor durante la pretemporada pasada. Rafael Maymò, fisioterapeuta de Rafael Nadal, graba con su iPhone un saque del español mientras Carlos Moyà, uno de sus entrenadores, observa desde un costado cómo el campeón de 17 torneos del Grand Slam pone en juego la pelota. A continuación, los tres se reúnen para ver en la pantalla del teléfono móvil cómo ha sido el servicio del tenista. Es la gestación de un cambio importante: Nadal está probando una nueva mecánica de saque y la tecnología es la linterna que les permite no ir a ciegas por el corazón del proceso.

“Grabamos cada pequeño cambio y lo vimos con Rafa después de que sacase, a ver qué le parecía”, explica el técnico a ATPTour.com antes de que Nadal se mida este domingo a Tomas Berdych por el pase a los cuartos de final del Abierto de Australia. “Aunque sean variaciones pequeñas, uno piensa que son muy grandes. Así que para que se quedase tranquilo revisamos todos los cambios casi al momento”, prosigue el mallorquín. “El gesto actual ha sufrido distintas variaciones por el camino porque hemos ido probando a base de variar”, insiste Moyà. “Al final, hemos intentado modificar pequeñas cosas que consideramos fundamentales”.

Los vídeos que tanto Maymò como Moyà fabricaron esos días de pretemporada en la pista cubierta de la Rafa Nadal Academy by Movistar impulsaron la renovación del saque. Francis Roig, otro de los técnicos del jugador y pilar fundamental en el perfeccionamiento del servicio, recibió las grabaciones por WhatsApp para seguir desde Barcelona los progresos, y aportó su punto de vista los días que estuvo en Manacor durante el mes de diciembre.

Nadal

El flechazo de Moyà con los números, sin embargo, no es nada nuevo.

Tras retirarse en 2010, Moyà debutó como entrenador en la temporada 2016, ayudando a Milos Raonic a escalar hasta el número tres del mundo y acompañándole además a la final de Wimbledon. Al romper con el canadiense 11 meses después, el mallorquín aceptó sentarse en el banquillo de Nadal, dando inicio a una etapa nueva en la carrera del español y aterrizando en su equipo con un abanico de ideas para devolver al jugador a lo más alto.

A las transformaciones tenísticas, con la búsqueda de un juego más agresivo para evitar el desgaste y alargar así su carrera, del calendario, compuesto por menos torneos con el mismo objetivo de ahorrar energías, o nutrición, ejemplificada en una bajada de peso sin perder musculatura, Moyà sumó la aportación de la tecnología, rodeándose de datos y estadísticas después de cada partido de Nadal.

“Siempre me ha gustado, pero en mi época de jugador no había mucho acceso a los datos”, cuenta el campeón de un grande. “En este aspecto, el tenis siempre ha estado un poco por detrás con respecto a otros deportes, pero ahora se le está empezando a dar la importancia que tiene”, añade. “No es ni mucho menos lo más importante porque hay una multitud de factores que influyen en un buen jugador, pero puede ayudar tener cierto conocimiento de tus fortalezas y de los puntos débiles de los rivales”.

Nadal

Entre los retos de Moyà, conseguir que Nadal abrazase a la tecnología es motivo de satisfacción. Históricamente, el español ha sido un jugador que se ha guiado por las sensaciones dentro de la pista, que pocas veces ha estado pendiente de los datos. Con el español como entrenador, el número dos del mundo ha ido aceptando esa ayuda, hasta el punto de emplearla en varias ocasiones recientemente, y para cosas importantes.

“Si cuando le digo algo tengo el apoyo de los datos, a él también le puede ayudar a creérselo”, dice el entrenador. “Siempre lo analizo yo primero. Cuando veo algo obvio se lo enseño, pero hay mucha información que me quedo para mí. Intento ver un poco todo. Velocidad en el saque, porcentajes o direcciones, pero tanto las nuestras como las e los rivales. Todo el mundo tiene un cierto patrón. Los muy, muy, muy buenos quizás no tanto, pero en los momentos tensos todos solemos recurrir a lo que mejor sabemos hacer”, asegura el balear. “Y ahí es donde se puede marcar la diferencia, si tienes la información de cómo actúa tu contrario en esos puntos de presión”, subraya. “Yo me miro lo de los demás, pero sé que hay muchos jugadores que miran lo de Rafa. Es un partida de ajedrez en la que hay que intentar sorprender sin volverse loco”, añade. “Es un extra, que en cierto momento puede ser una gran ayuda. Hay que estar al día, actualizado. Y hay que usar toda la información, sabiendo gestionándola. Cada vez hay más jugadores de los grandes que la utilizan”.

Nadal

El sábado por la mañana, tres personas se colocan en uno de los laterales de la pista número 8 del National Tennis Center, la instalación cubierta que la federación australiana tiene en el interior de Melbourne Park. Vestidos de negro, los tres se ubican detrás de un mostrador, en el que se puede leer Tennis Lab, y se ponen a teclear en dos ordenadores sin que prácticamente nadie alcance a intuir qué hacen ahí mientras que a escasos metros Nadal prepara con Moyà su enfrentamiento contra Berdych.

La respuesta es muy sencilla: los tres trabajadores de Tennis Lab, tres científicos deportivos, están recogiendo todos los datos del entrenamiento de Nadal. La elección de la pista número 8, por supuesto, no es casual. De todas las que alberga el National Tennis Center, la 8 es la única que tiene el equipamiento necesario (las cámaras y sensores del Ojo de Halcón) para seguir la trayectoria y la velocidad de las bolas, registrando todos los parámetros de la sesión.

En consecuencia, y cuando Nadal se marcha a la ducha tras algo más de una hora, Moyà se acerca al mostrador de Tennis Lab, impulsado entre la federación australiana y la Universidad de Victoria, para recoger la información que busca, y que otros jugadores del circuito han empleado antes para hacer cambios en su juego, por ejemplo Samantha Stosur.

“Ciencia y tecnología van de la mano, y renunciar a eso en los tiempos que corren a eso es ir a contracorriente del mundo”, argumenta el técnico. “La tecnología puede debilitar al adolescente, pero fortalece mucho al que tiene más experiencia. Al adolescente, la tecnología le sirve para jugar al Fortnite y pasar el tiempo en Twitter, pero al que lleva más años le vale para ver vídeos, comparar estadísticas o analizar rivales”, expone. “A la hora de cambios técnicos en los golpes, de prevención de lesiones, de nutrición…. Entre muchos, uno de los factores para que jugadores mayores de 30 años estén jugando su mejor tenis tiene que ver con esa ciencia y esa tecnología”.

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