© Peter Staples/ATP Tour

Rafael Nadal llega a Roland Garros tras conseguir el título en Roma.

Carlos Moyà: “Hace Un Mes Habría Sido Improbable Que Nadal Ganase Roland Garros”

El entrenador del español se sincera en esta entrevista con ATP Tour

El sábado a mediodía, Carlos Moyà (Mallorca, España; 1976) pasea relajado por el restaurante de jugadores de Roland Garros mientras carga un tablero de parchís, señal inequívoca de que se aproxima una partida con Rafael Nadal y otros dos miembros del equipo del tenista español.

Moyà, ex No. 1 del mundo y actual técnico del campeón de 17 grandes, vive con calma la llegada del debut del 11 veces campeón en París porque sabe que el objetivo está cumplido: en algo más de un mes, Nadal ha pasado de estar muy mal a estar muy bien, llegando al torneo en clara trayectoria ascendente.

Antes del estreno del balear en el segundo grande del calendario, su entrenador se sienta a hablar con ATP Tour de cómo ha vivido y superado la crisis más importante desde que está en el banquillo del jugador español.

¿Han sido sus días más duros como entrenador de Nadal?
Sí, sin duda.

Volvamos al principio de todo: la lesión de rodilla en los cuartos de Indian Wells.
Cuando volvemos de un torneo, que ha tenido que abandonar, los dos o tres días siguientes no son fáciles. Para alguien tan competitivo como él, verse que no puede jugar por una lesión es muy complicado. Esta vez pensaba que iba a ser igual, pero fue mucho más. He intentando entender su situación, lo que estaba viviendo. La función del equipo ha sido apoyar y escuchar.

“He recuperado mi energía interior”, dijo ayer antes de debutar en París. ¿Cuándo y dónde la perdió?
No viene de la noche a la mañana, igual que ganarla. Son muchas cosas las que le han pasado estos años, y los resultados han sido muy buenos para lo poco que ha competido. Es verdad que llega un momento que la gota colma el vaso. Y ha sido después de Indian Wells, al llegar a Mallorca. La recuperación de la lesión de la rodilla fue mínima, lo que costó bastante fue recuperarle a él mentalmente, físicamente y anímicamente, de todas las maneras. Eso se notó en los torneos. A los que vivimos su día a día no nos pilló por sorpresa lo que pasó. En Montecarlo me sorprendió que ganase tres partidos porque llegamos muy cortos de preparación y en un mal momento anímico.

Hay mucha gente que quizás no pueda apreciar con tanto detalle por qué ha jugado mal estas semanas. ¿Podría explicarlo?
Físicamente no estaba bien, y su pelota avanzaba mucho menos. Hacía más fallos de lo habitual, corría más, llegaba tarde, tenía muchas dudas a la hora de atacar y de defender, pero sobre todo la bola intermedia, ese tiro potente que impide al rival que se meta dentro de la pista, no funcionaba.

Recuperación es casi un sinónimo de Nadal. ¿Esta vez ha sido diferente?
El tiempo lo cura todo. Si no tienes esa pasión, y pierdes antes de lo que toca, entras en una dinámica bastante mala. En este aspecto, él se dio la oportunidad de seguir compitiendo cuando lo más fácil habría sido parar. Hubo momentos críticos, en Barcelona, en el Conde de Godó. Rafa estuvo fuerte de cabeza, poniéndole ganas pese a saber que no estaba en su mejor momento. Eso ha sido lo que le ha dado la oportunidad de remontar, da recuperarse. En Madrid ya hizo un buen torneo, aunque cayó con Tsitsipas, y en Roma fue la confirmación.

Usted señala Barcelona como un momento crítico. “El primer partido en Barcelona fue un desastre, probablemente el encuentro con menos energía que he jugado en mi carrera”, aseguró tras conquistar Roma.
Yo nunca había visto a Rafa así, y menos en la época de tierra batida. Estaba muy cabizbajo, sin motivación. Llegó a perder la ilusión y las ganas. Es es extraño que le ocurra en un torneo en España y de tierra. Le animamos a seguir luchando, a hacer el esfuerzo de intentarlo. Estaba en una situación complicada, pero debía mirar hacia delante.

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Es que él siempre dice que cuando pierda la ilusión, la pasión y las ganas, será el día de hacer otra cosa.
Una retirada exige mucho más que dos o tres partidos malos, o que un mes malo. Es una decisión que no se toma en cuanto a esto. Sí que he visto peligro de que esta gira de tierra no fuese bien y pudiera pensar según qué cosas. Rafa ha sido muy profesional, reconoció que no estaba bien y se dio la oportunidad de seguir compitiendo. Para mí, era la única forma de salir de esta dinámica. Hay situaciones distintas, y en esta hizo lo que tocaba: jugar, poner buena actitud y buena cara. Parece mentira que varias semanas después tenga este nivel. Esa era mi esperanza y la de todo el equipo, que hiciera un cambio de un día para otro.

Sorprende ver a una de las cabezas más fuertes de la historia del deporte bajo mínimos.
Es duro, pero son etapas por las que pasa un jugador profesional. Lo que ha vivido él lo pasaba yo y muchos otros tenistas con frecuencia. Al final, el equipo se tiene que adaptar a lo que ve. Cuando veo que está bien, la exigencia es más alta. Y cuando está así… necesita más cariño, más diálogo, razones por las que es importante seguir. Esto le ha pasado a todo el mundo, incluyendo a Federer y Djokovic.

¿Ha ido con mucho tacto al hablar con él?
Sí.

¿Cómo?
Con sentido común. Él ha estado bastante más receptivo, más sensible. Es ley de vida. Cuando te van muy bien las cosas y estás con confianza, escuchas pero tampoco estás tan atento… Cuando estás como ha estado Rafa, te encuentras más receptivo, más atento a las señales, más abierto a contar lo que le está pasando.

¿Cómo llega a Roland Garros?
Bien, en buenas condiciones. Es un poco distinto a años anteriores, con menos partidos en las piernas y puede que un poco más fresco. Si habitualmente empezaba muy bien la temporada de tierra, luego bajaba un poco la intensidad, y la volvía a subir para París, este año es el primero que llega en una línea ascendente constante, al menos desde que estoy yo en el banquillo. Aunque eso no significa nada tampoco.

¿Quiénes son los candidatos?
Los que han ganado los torneos de tierra hasta ahora. A Zverev lo estamos esperando y Federer lo está haciendo muy bien. Entre estos estará.

¿Antes de Roma Nadal estaba en ese grupo?
Sí, porque había una evolución.

¿Y antes de Barcelona?
Llega a ser Roland Garros antes de Barcelona, hace un mes, y es improbable que Nadal ganase el torneo. Mi esperanza es que faltaba tiempo todavía, y lo que ha pasado en este tiempo es algo que puede ocurrir cuando se trata de un jugador tan grande. Por eso le hemos animado a luchar, a poner buena actitud, a dar un paso adelante. La única manera de dejar atrás la crisis era jugar. En Barcelona funcionó, pero tenía más dudas de Madrid, sinceramente. 

Pero perder con Tsitipas no le hizo daño.
No, no se lo hizo. Podía pasar, pero se recuperó bien de esa derrota. De nuevo intentamos hacerle ver las cosas buenas que había hecho.

Decía usted que esto no viene de la noche a la mañana, pero en Australia este año estaba perfectamente, al menos de forma aparente.
No viene solo de esto, hay que mirar los últimos años. Ha jugado menos torneos de los que querría porque ha tenido lesiones. Quieras o no, son pocas las semanas en las que podemos entrenar a tope. Todo eso le va desgastando, más a él que es un animal competitivo.

¿De Melbourne salió mal tras caer de esa forma en la final?
Un poco tocado sí, es una final de Grand Slam. Probablemente, se dio cuenta de que no estuvo a la altura contra Djokovic. Mi trabajo también fue hacerle valorar lo que había hecho hasta la final, dejando claro que ese último partido no fue bueno, ni mucho menos. Pero sí hacerle ver que la manera de jugar que tuvo en esos seis primeros partidos, con el nuevo saque, metiendo presión jugando más agresivo… es la manera para alargar su carrera evitando el desgaste. En Melbourne pudo desarrollar ese juego llevando cinco meses sin partidos oficiales. A veces, intenta subirle la autoestima y otras rebajársela, aunque suele ser poco habitual que él se vea jugando increíblemente bien. Se trata de hacer un poco de equilibrio.

Imagine que gana Roland Garros y luego, cuando llegue la pista dura, vuelve a lesionarse.
Toquemos madera para que no ocurra.

¿Tiene miedo?
Son golpes que te van noqueando. Entiendo que es muy fuerte de cabeza y muy positivo, pero también entiendo que son golpes que te desgastan.

Ya le convenció para jugar menos, pero da la sensación de que si estuviese en su mano entrenaría media hora al día, y mucho es.
En Montecarlo y Barcelona hemos entrenado bastante porque necesitaba pasar tiempo en la pista. Luego en Madrid también hicimos mañana y tarde, y en Roma menos porque venía jugando mejor. Aquí estamos haciendo solo una sesión. Lo que siempre intento decirle es que sea eficiente cuando entrene, que la calidad sea máxima y su nivel de tenis elevado. Estar en pista por estar en pista… yo no soy partidario de hacerlo con esta edad. A los 18 años es otra historia, como todo.

¿Han redoblado las precauciones?
No. Siguen pasando cosas que quizás no sabe la prensa, aunque sean más leves. Se le ha intentado recuperar mentalmente y nosotros nos hemos adaptado a la situación de ver cómo estaba él. A partir de ahí, todo ha cambiado: los entrenos, el tiempo que hemos pasado en pista, los ejercicios… hemos tenido que hacer un plan de emergencia. Es distinto tener a un jugador muy motivado que está jugando muy bien que a uno que ha perdido la ilusión y las ganas.

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