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Nicolás Almagro y Rafael Nadal se enfrentaron en los cuartos de final de Roland Garros 2008.

"Va A Ganar Roland Garros 40 años Seguidos"

Recordamos un momento clásico en la historia reciente de Roland Garros

La mayor muestra de respeto por el adversario es un esfuerzo absoluto. En los cuartos de final de Roland Garros 2008, un curso histórico en el ATP Tour, Rafael Nadal desbordó de manera clara a su compatriota Nicolás Almagro para acceder a la penúltima ronda del Grand Slam parisino. En un choque de poder a poder, el balear demostró su enorme experiencia en la Philippe Chatrier para anular cualquier opción al murciano.

El mallorquín se impuso por 6-1, 6-1, 6-1 en una hora y 41 minutos, dibujando uno de los pulsos más desequilibrados que se recuerdan en las rondas finales del torneo parisino. En el que apenas era el tercer capítulo de una ilusionante rivalidad, con dos de las grandes figuras del polvo de ladrillo frente a frente, el entonces No. 2 mundial borró cualquier atisbo de batalla. Pese a ser una figura ampliamente respetada en la superficie más lenta del circuito, Almagro se vio incapaz de responder al poderío de Nadal.

Con 6-1, 4-1 (40-40) en el marcador, Nicolás colocó un segundo servicio sobre la T. Aunque la pelota tomó cierta altura, Nadal anticipó las intenciones del murciano hasta conectar un formidable resto directo. Para dar por terminado el punto, lejos de ser una excepción en el encuentro, Nadal necesitó apenas un impacto. Una derecha invertida que tomó tierra a milímetros de la esquina, acompañada por la atónita mirada de Almagro.

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“Este va a ganar Roland Garros 40 años seguidos. Va a tener 65 años y va a seguir ganando Roland Garros”, señalaba un resignado Almagro hacia su banquillo, ensalzando con ironía las virtudes del ahora 12 veces campeón en París. El esplendor del balear fue tan intenso, el despliegue de habilidad fue tan claro, que Nicolás no pudo contener una frase ya célebre en la tierra batida de París. Unas palabras que, con el paso de los años, ha rozado lo premonitorio.

El murciano estaba firmando el mejor Grand Slam de su trayectoria deportiva. Por primera vez había derribado la barrera para alcanzar unos cuartos de final, superando cuatro partidos hasta colocarse entre los ocho más fuertes de París. Al otro lado de la red, sin embargo, encontró al rival más autoritario que pudiera imaginar.

Nadal estaba a un paso de alcanzar la cima del Ranking ATP, había ganado las tres ediciones anteriores de Roland Garros - algo que solo había logrado el sueco Bjorn Borg en toda la Era Abierta - y se encaminaba hacia un cuarto cetro que levantaría sin ceder una sola manga.

“En 2008 creo que ha sido la victoria en la que he conseguido marcar más diferencia. Creo que fue el año en que mi nivel tenístico fue más alto”, reconoció Nadal en un especial de repaso a su trayectoria en los canales oficiales del torneo.

En un camino hacia la copa en el que derribó a nombres como Novak Djokovic o Roger Federer en las dos rondas finales, Nadal afrontó con humildad el pulso ante Almagro.

El partido ante el murciano, con una brecha enorme en el marcador en unos cuartos de final de Grand Slam, resume una de las grandes virtudes de Nadal. La manera más deportiva de tratar a tu rival es no subestimarle. En ningún momento del encuentro. 

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