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Rafael Nadal y John Isner libraron una vibrante primera ronda a cinco mangas en Roland Garros 2011.

Cuando Nadal Conoció La Quinta Manga En Roland Garros

Recordamos su intenso duelo de primera ronda ante Isner en 2011.

Mantener la mirada a Rafael Nadal sobre arcilla es uno de los grandes desafíos del deporte moderno. Hacerlo en la arena de la Philippe Chatrier, la cancha principal de Roland Garros donde ha forjado gran parte de su leyenda, un reto que roza lo imposible. Su trayectoria en el segundo Grand Slam de la temporada es tan inmaculada que cualquier sobresalto, algo natural en el deporte, parecen venir de un mundo paralelo.

En la primera ronda de 2011, el estadounidense John Isner se convirtió en el primer hombre capaz de llevar al español a una quinta manga en París. Con cinco títulos a la espalda, juego en plenitud y un historial de 40 partidos en la capital francesa, nadie había respirado ante Rafa hasta el set definitivo. Aunque no llegase a culminar la amenaza, aquello era todo un reto en su propio templo.

La batalla fue el vivo retrato de la tensión, un encuentro de igualdad portentosa decidido por 6-4, 6-7(2), 6-7(2), 6-2, 6-4 en favor del español. Durante más de cuatro horas de esfuerzo, todo un suplicio para el estreno en París, la alargada sombra del español se dio de bruces con el servicio del norteamericano. Un arma casi imposible de frenar hasta en la superficie más lenta del circuito.

“Ha sido como una tanda de penaltis”, reflejó el balear, superviviente de un duelo agónico a base de anticipación. “El servicio de Isner es casi imparable en este momento. En el tiebreak juegas bajo una presión inmensa todo el tiempo”. El americano, que conectó 13 servicios directos y se llevó dos holgados desempates, fue una piedra durísima en las faldas del torneo.

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El margen que el encuentro le brindó a Rafa se resume en un dato. Pese a llegar a dominar por 6-4, 4-2, una situación terminal para cualquiera ante Nadal en París, apenas una pelota de rotura en todo el partido permitió a Isner transformar lo rutinario en algo cercano al drama. El de Carolina del Norte se colocó con dos mangas a uno de ventaja, obligando a Rafa a lo desconocido: jugar cinco sets para tomar la victoria en la capital gala.

Nadal escribía la historia del torneo y se apuraba para no incluir un capítulo en ese libro. Ningún campeón de Roland Garros ha perdido a la primera al año siguiente de conquistar el trono. Aquella tarde en París, zarandeado por el durísimo servicio de su rival, los reflejos y la concentración del español fueron puestos a prueba sin opción de respiro.

“Los partidos siempre son muy ajustados ante John porque te hace jugar sin margen todo el tiempo”, reconoció el español, ensalzando el mérito de su adversario. “Por momentos, en los tiebreaks, no he jugado bien. Me encontraba demasiado nervioso. Ha sido un oponente muy duro para mí. Quiero felicitarle por el fantástico partido”.

Ante los obstáculos, claro, surgió la mejor versión de Nadal. Ese competidor dispuesto a encajar cualquier golpe camino del triunfo final. Contra la pared, sin margen de error ante un rival imponente, el mallorquín dibujó uno de los mayores ejercicios de concentración que se recuerdan en París. Un cuarta manga absoluta, completada sin tocar un solo error no forzado. Y un quinto set desde la confianza. Al no haber desempate en ese parcial, por si la tortura fuera pequeña, el epílogo del partido recompensaría al mejor sufridor. Y casi nadie padece mejor que el español.

“La manera en que ha jugado en el cuarto y en el quinto set… ¡Nunca había visto un tenis así!” reconoció Isner ante la reacción del balear. “Por eso es el número 1 del mundo y uno de los mejores jugadores de todos los tiempos”. El esfuerzo derrochado deja a las claras la exigencia que tuvo el partido. “Con 30-30 en el último juego necesitaba oxígeno. Casi me desplomo. Mis piernas estaban muertas”, se despidió el americano, consciente del precio a pagar por mirar a los ojos de Rafa.

Aquella tarde, París aprendió una buena lección. Un gran campeón llevado al límite, lejos de tambalearse, responde con más empeño. 

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