© Marco Trungelliti

Marco Trungelliti en el coche en el que viajó de Barcelona a París para disputar la primera ronda de Roland Garros 2018.

Mi Viaje A Segunda Ronda En París

Marco Trungelliti cuenta cómo recorrió 1.000 km en coche y ganó en Roland Garros en menos de 24 horas

Nota del editor: Este artículo fue publicado el 28 de mayo de 2018.

Mi viaje comenzó con las ganas de lograr desplegarme en mi juego, de conseguir por tercer año consecutivo entrar en uno de los torneos más importantes del mundo del tenis. Querer posicionarse, entrar en el tan anhelado Top 100 del mundo. Es un trabajo de muchísimo compromiso y sacrificio, uno trabaja para poder mantenerse firme en alcanzar esa meta.

Es una búsqueda continua, un sueño, una ilusión que lejos de desaparecer se reforzó para mi después de conseguir mi primer Challenger en Barletta. Luego de dos victorias fue en la tercera ronda donde encontré la derrota ante Hubert Hurkacz. A pesar del sin sabor de haber perdido, y no poder ingresar al cuadro principal, me sentí tranquilo. Me encontré seguro en mi juego, feliz de lo que había podido dar y con muchas ganas de seguir trabajando.

Esta vez no había podido ser. Así emprendí mi regreso a Barcelona, lugar donde hace unos meses residimos con mi esposa Nadir. Allí también me esperaban Susi, mi mamá; Lela; mi abuelita y André; mi hermano que habían venido desde Argentina para visitarnos y con la ilusión de verme jugar en París. Pensando en positivo, me dije 'al menos podremos hacer algo de turismo, ir a la playa o comer un asadito'.

Esperar en el aeropuerto fue lo que siguió por un retraso de mi vuelo... uno ansía el encuentro con la familia en esos momentos y se hacía cada vez más largo, más aún sin mi máquina de café portátil con la solía viajar y que me robaron hace poco. Y París… había quedado tan cerca de entrar, luego de caer 6-3, 4-6, 6-4 en la Pista 14 de Roland Garros.

Finalmente, pude llegar a casa. Por fin. No he descansado mucho, pero un buen asado y un día en la playa sirven para desconectar y recargar las pilas con la familia. Ya es domingo, me preparo un buen café antes de tomar el auto que alquilamos para visitar la ciudad y otras ciudades en España, que es preciosa. Pero de repente suena el teléfono. Es mi entrenador. "¿Qué ocurre?", le pregunto. "Mirá, Mohamed Safwat está jugando ahora. Pregunta si podrías hacer tú lo mismo". Hay opciones de jugar el cuadro final de Roland Garros. Llamo inmediatamente.

"¡Hola! ¿Cómo estoy ubicado en la lista de lucky loser?". La respuesta hace que no lo dude ni un momento. "¡Abuelita, nos vamos a París!", le grito mientras está en la ducha. No estoy el primero de la lista, pero hay muchas posibilidades de jugar. Por delante está Prajnesh Gunneswaran, aunque está inscrito en el Challenger en Vicenza (Italia) y ha entrado en el cuadro final. Creo que puedo entrar, pero tengo que corroborarlo con la organización. Está decidido: ¡André, mamá, abuelita, preparen la valija!.

Es muy curioso porque mientras nos organizábamos para salir, mi abuela me contó que solían organizar viajes en el último minuto con mi abuelo. Que armaban valijas y que se iban a descubrir otra ciudad en Argentina. ¡Todos los días se aprende algo nuevo! Espera un momento, un momento…. Hay huelga de trenes. No me fío de los aviones, además con tan poco margen seguro que los billetes serán carísimos. No importa, el Seat Ibiza que hemos alquilado para las vacaciones nos llevará a Francia.

En apenas cinco minutos todos tenemos lista la maleta. No hace falta más tiempo. Yo ni la había deshecho aún desde que llegué. Es la 1:00 pm y nos quedan 1.000 km y unas diez horas de viaje por delante. ¡Allá vamos, París! El ritmo de chacareras -música tradicional argentina- nos acompaña casi en cada kilómetro que vamos restando al GPS. El viaje da para mucho y gracias al Bluetooth podemos ir poniendo canciones de Calamaro y otros artistas legendarios de mi país que amenizan el paso de las horas.

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El trayecto va bien. Pero todo tranquilo, no había razón para estresarse. Apenas llevamos poco más de una hora de viaje, ni siquiera hemos pasado la frontera a Francia y se van a cumplir los pronósticos que se rumorean en las redes sociales. Suena el teléfono. ¡Soy el número uno de la lista! Si firmo a la mañana siguiente, podré jugar en la Pista 9 a las 11:00 am frente al australiano Bernard Tomic, que también había superado la fase de clasificación. ¡Tengo la confirmación oficial!

Ya sabemos que la decisión fue la correcta. Un buen café cada dos horas es imprescindible para ayudarnos a seguir. Me voy turnando en el coche, aunque mi hermano André lo hace la mayor parte del tiempo. También conducir durante unas horas me hace desconectar un poco e ir algo más relajado. Para nosotros no es gran cosa. Estamos acostumbrados a este tipo de viajes porque en Argentina las carreteras no son como aquí. Allí tenemos la ruta y es solo un carril por cada dirección. Nunca sabes si vas a estar vivo tras dos horas. No… es broma, pero con las autopistas es mucho más fácil.

Son las 9:00 pm y paramos para cenar. Llegaremos al hotel a la medianoche pero no importa, seguro que mañana lunes valdrá la pena. Estoy seguro. Acá siempre me siento bien, las condiciones en Roland Garros también me gustan y eso ayuda a que juegue bien.

Es día de partido y he dormido mucho menos de lo normal. Apenas cinco horas. Pero en una situación así, el cansancio no afecta a las piernas. ¡Ya habrá tiempo de descansar! Hoy es un día especial porque vuelvo a jugar un partido de primera ronda de Grand Slam y al otro lado de la red está Tomic. Está claro que él no es un jugador de cancha lenta. A su tipo de juego le favorece un ritmo más rápido, porque juega bastante plano. Tiene mucho talento, pero sé que no está en su mejor momento. No sé si está jugando bien, pero lo importante es que me siento bien en la cancha.

El primer set es mío (6-4). Él responde en el segundo (5-7). No pasa nada, sigo peleando y sólo queda un paso más (6-4). Llevamos casi tres horas jugando y tengo un punto de partido. Se me escapa. Pero aprovecho el segundo. ¡Lo hemos conseguido! Vos también abuelita. Ella no tiene ni idea de lo que es el tenis. No sabe cómo se cuenta. De hecho, hoy se enteró que el partido terminó porque todo el mundo aplaudía. Es maravillosa. En realidad, se llama Dafne y el mes que viene cumple 89 años. Ha estado muy nerviosa en el partido porque normalmente nunca mira partidos en directo. Es muy creyente y suele poner velas a todos los santos cuando estoy jugando. Hoy obviamente, no…

Afortunadamente ganar un partido de Grand Slam no es nuevo para mí, pero sí toda la gente que tengo delante. Hoy me toca hablar en inglés delante de decenas de periodistas en la sala de conferencias principal de Roland Garros. ¡No me pasó ni cuando gané a Cilic aquí en 2016! No sé si he hecho algo tan importante, pero lo he disfrutado mucho junto a mi familia. Ya ahora aquí estoy, terminando de escribir estas líneas para ATPWorldTour en Español. Ah, antes de terminar una cosa más: como les prometí hace unos días en París: ¡me compraré una nueva máquina de café!

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