© Cristina Moreta

Pablo Andújar, junto a sus dos hijos Pablo Jr y Álex.

Equipo Andújar Moreta

Cristina, mujer de Andújar, relata la otra cara del calvario de lesiones hasta esta nueva etapa de éxito

He de reconocer que no tengo mucha memoria para recordar los partidos, las temporadas o los resultados. Soy un desastre. Pero esta imagen aún la tengo perfectamente grabada en la cabeza. Bajo una carpa en Winston-Salem 2015, Pablo [Andújar] estaba totalmente desolado. Triste, entre lágrimas y aún vestido de tenis. Había perdido con muy malas sensaciones y con mucho dolor en su codo. Era la confirmación de que aquella lesión venía para quedarse.

Un mes antes se produjo el desastre. Pablo debía defender el título en Gstaad y en mitad de su partido de cuartos de final frente a [Thomaz] Bellucci nos dijo: “Me acabo de romper. Algo me ha hecho ‘crack’ en el codo’”. Y llevaba razón. A partir de entonces fue un calvario, pasando muchos días en una clínica de Barcelona. Lo intentó en Winston-Salem, donde vivimos aquel episodio, que tuvo la guinda con una retirada en la primera ronda del US Open.

Después de más de diez años de relación, hemos vivido muchas cosas juntos. Y recuerdo que aquel 2015 estaba siendo su gran año. Llegó a la final en Barcelona (p. ante Kei Nishikori), por primera vez hizo una tercera ronda en un Grand Slam en Roland Garros (p. ante Jo-Wilfried Tsonga) y repitió en Wimbledon (p. ante Tomas Berdych), cuando jamás había ganado antes un partido en hierba. Incluso jugó la Copa Davis con España hasta que se produjo la lesión en Gstaad.

A partir de entonces, el codo de Pablo pasó a formar parte de nuestras vidas: células madre, recuperación electrónica, fisioterapia, visitas a médicos… Estábamos buscando cualquier solución antes que tener que pasar por el quirófano. Nada funcionó. Y, además, cuando solicitó Ranking Protegido, era tarde y ya estaba como No. 104 del mundo. Tan sólo unos meses antes había llegado a la posición más alta de su carrera como No. 32.

La vida de Pablo cambió. Nuestra vida cambió. Pasamos a ser una pareja ‘normal’. Teníamos bodas, a las que podía ir acompañada. También a las comidas familiares, al supermercado o simplemente en casa. Me atrevo a decir que fue una etapa que nos vino muy bien, porque aprendimos a convivir. Un día tras otro nos veíamos las caras, sin viajes e inmersos en la rutina.

Pablo apenas compitió en 2016. Se operó por primera vez en febrero y después en noviembre. Ese mismo mes nos casamos. Unos días antes de la boda, me dijo que no nos podíamos marchar de luna de miel porque tenía que pasar por el quirófano. ¡Imaginad mi cara! Al final sí que nos fuimos y llegó la segunda operación, justo cuando nos enteramos de que íbamos a ser papás. Fue muy bonito o, al menos, lo recuerdo con mucho cariño.

Durante todo este tiempo también puedo decir que jamás dejó de hacer preparación física, acudir al fisioterapeuta e intentar entrenar para poner a prueba su codo. Todo, compaginando su vida en casa como padre. Y el 26 de julio de 2017 nació Pablo Jr. Si todo el tiempo sin competir lo había convertido en una persona con una vida normal, ser padre cambió del todo su punto de vista. De esa manera nos tratamos. Así, aún hoy estando en octavos de final del US open le he contado que su hijo mayor me ha desquiciado por completo ¡por no querer hacer la siesta!

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Después del nacimiento de ‘Pablete’ llegó una tercera operación y con ella la pérdida de todo su ranking, pero me atrevería a decir que era feliz. Él tenía un objetivo: la lesión no iba a retirarlo. Así que estaba dispuesto a hacer cuanto pudiese para impedir que así fuera. Así llegó la temporada 2018, sin saber cómo respondería esta vez. No era fácil, porque había caído hasta el No. 1.690 del mundo el 1 de enero. Empezó a jugar y las buenas sensaciones fueron volviendo con la victoria en [el ATP Challenger] Villena, estando muy agradecidos siempre a Juan Carlos Ferrero - Equelite Sport Academy por la invitación.

La suerte empezó a cambiar. Luego ganó en [ATP Tour] Marrakech contra [Klye] Edmund, además de conseguir dos títulos Challenger más en Florencia y Buenos Aires. Eso le permitió regresar al Top 100 como No. 83 y empezar este año con algo más de esperanzas. En febrero, durante la gira en Sudamérica yo salía de cuentas el 23 de febrero. Pablo se fue a jugar su primer torneo en Córdoba (Argentina) y recuerdo pensar: ‘No te pongas de parto que no estará para el nacimiento de su segundo hijo’. Él, que estaba igual allí, decidió volverse. Y el 10 de febrero de 2019 nació Álex.

Pablo ha encontrado el perfecto equipo médico para él. Es cierto que este año no ha tenido mucha suerte en los cuadros, y tampoco ha sido un camino de rosas. Pero han llegado los títulos de Marbella, Alicante y Prostejov, además de una final más en Marrakech, siempre sabiendo que el codo es nuestro compañero de viaje. Ahora juega con una malla y cada noche se acuesta con una ‘maquinita’ durante una hora de tratamiento para que mejore el codo.

En julio hizo la gira por Umag, Gstaad y Kitzbühel, perdiendo contra [Dominic] Thiem después de que se le hinchara la cara por una reacción alérgica. Volvió a Moià (Barcelona) donde estaba con mi familia. Estuvimos unos días en la Costa Brava y entrenó en una vieja pista Green Set que tenemos en casa y en tono de broma nos preguntábamos qué tal se le daría y ¡ahora está en los octavos de final de un Grand Slam!

De todo este proceso me quedo con que Pablo ha entendido que el tenis es su profesión, pero ya no lo es todo. En otro momento, no habría parado para estar con sus hijos antes del US Open. Y en algún momento ha dejado de entrenar para estar con ellos. Su prioridad ya no es sólo el tenis, también sus hijos y yo misma. Su vida es su familia y sus hijos, y parece que el cambio de prioridades no le está yendo mal. Aunque todo esto no quita que no sea un profesional.

“Él sabe que somos un equipo, que para los que nos quedamos en casa: Pablo Jr, Álex y yo no es fácil, que a veces toca perderse los cumples, el primer diente, los fines de semana, la educación... pero el tenis no dura para siempre. Y para Pablo tampoco. Así que como yo siempre digo, ahora podrá perderse muchas cosas, pero, tranquilos, que la vida es larga y ¡ya se cansará de estar con nosotros!

Por Cristina Moreta, esposa de Pablo Andújar

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