Carlos Alcaraz no solo ganó una semifinal del Abierto de Australia. La sobrevivió. El murciano se metió en la final en Melbourne tras una batalla física y mental ante Alexander Zverev que le llevó al límite, con el cuerpo avisando, con el calor, con la tensión y con un quinto set que fue tanto una cuestión de tenis como de pura convicción. No hubo épica impostada en su lectura posterior. Hubo, más bien, la reconstrucción de cómo se mantiene uno en pie cuando el partido empieza a pedir algo más que golpes.
“La verdad que ha sido un partido increíble”,dijo el No. 1 del PIF ATP Rankings. “Yo creo que en ese quinto set ya, físicamente, me estaba encontrando un poquito mejor. La verdad es que, sinceramente, yo no me he visto muerto en ningún momento. Yo siempre pensaba que iba a volver. Cosas peores se han visto, cosas peores he hecho, he remontado, lo cual siempre he confiado en que iba a volver en el quinto set. Sí es verdad que ha habido varios juegos, sobre todo, que tenía bola de break, no la he aprovechado, y eso me generaba… no inquietud, pero un poco, pero también me hacía creer que en cualquier momento podía venir el break. Cerrar un partido de esta magnitud nunca es fácil. Sabía que iba a tener mis oportunidades, he intentado aprovecharlas, y yo creo que ese juego he ido a por ello a tope, y al final las cosas se han dado de una buena manera, porque he ido a provocarlas”.
El partido, sin embargo, no fue solo una cuestión de oportunidades perdidas y encontradas. Hubo un momento claro en el que el cuerpo empezó a hablar más alto. Alcaraz reconstruyó con detalle cuándo notó que algo no iba bien, cómo se lo comunicó a su equipo y cómo, a partir de ahí, todo empezó a acumularse.
“Yo creo que lo he estado hablando con mi equipo, y después de ese cambio, sí que es verdad que ellos me han visto que se me ha cambiado un poco la cara. Les he avisado por si tenía que comer, si tenía que tomarme algo o no para recuperar lo que había echado. Y yo creo que a partir de ahí es cuando tengo un poquito más de problemas físicos. Hay que estudiar lo que ha pasado para intentar que no vuelva a ocurrir e intentar cuidarnos para la próxima vez”.
“Al final, los problemas físicos pueden venir por falta de sales, por deshidratación o por simplemente muchos nervios, también puede influir mucho, y yo creo que hoy ha habido bastantes nervios. Y eso es lo que intentaremos mejorar para que no vuelva a ocurrir. Este tipo de problemas… si tú tienes la buena cara, la buena mentalidad, poco a poco lo vas lidiando de una manera mucho mejor, o incluso la buena mentalidad hace que incluso no lo pienses o lo vayas dejando de notar poco a poco. Partidos de estos, pues, llega un momento en el que el no querer perder te lleva un poquito en volandas, en intentar hacer todo lo posible, llevar tu cuerpo al máximo y al límite para intentar sacar los partidos adelante”.
Cuando la conversación giró hacia la mentalidad, Alcaraz fue todavía más directo. No habló de talento ni de momentos puntuales. Habló de una relación casi visceral con la idea de rendirse, y de cómo ha construido su manera de competir a partir del rechazo a esa sensación.
“Odio rendirme. Odio abandonar. No quiero sentir después cómo me quedo. Cuando era más joven hubo muchos partidos en los que ya no quería luchar o en los que me rendía. Luego maduré, y odio esa sensación después. Pensar ‘podría haberlo hecho’ o ‘podría haber hecho un poco más’ o ‘podría haber sufrido un poco más’… esos pensamientos me matan. Cada paso de más, cada segundo más de sufrimiento, cada segundo más de lucha, siempre merece la pena. Por eso lucho hasta la última bola y siempre creo que puedo volver en cualquier situación.”
También colocó esta victoria entre las más exigentes —y significativas— de toda su carrera, no por el marcador, sino por lo que obligó a sacar de sí mismo.
“Creo que este ha sido uno de los partidos más exigentes que he jugado en mi carrera. Físicamente nos llevamos al límite hoy. Llevamos nuestros cuerpos al límite, y creo que el nivel del quinto set fue realmente, realmente alto. Estoy muy, muy feliz de haber conseguido la victoria, de haber vuelto. Coloco este partido en lo más alto, como uno de los mejores partidos que he ganado.”
La mirada ya está puesta en el domingo, pero sin esconder la realidad física inmediata. Alcaraz no vendió humo. Dijo exactamente lo que espera al levantarse y qué quiere sacar, también, como aprendizaje.
“Mañana la verdad que me voy a levantar tieso. O sea, eso es obvio, y no lo puedo esconder, pero vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano. Obviamente, el cuerpo recuerda, tiene memoria, y también sacamos cosas positivas de esto, de cómo llegar a un partido, de las cosas que tengo que hacer. Ha habido nervios, vamos a intentar no estar tan tenso, sino jugar más fluido, jugar más suelto, más a mi estilo. Pero también me hace ver que cuando tienes la mentalidad clara, cuando vas siempre positivo, cuando tienes paciencia, cuando sigues intentando las cosas, al final llega un momento en el que sale. Nadie te va a regalar nada, nadie va a venir con una varita, sino el hecho de ir poco a poco, intentándolo cada vez. Puede que no salga en los primeros quince minutos, ni en la primera media hora, ni en la primera hora y media, pero al final acabará saliendo. Con la mentalidad clara y siendo positivo, todo llega en el momento que debe de llegar.”
Y, entre todo eso, dejó también una frase que explica por qué Melbourne pesa de una manera especial para él. Puesto a elegir entre este Abierto de Australia y completar el Grand Slam o ganar los otros tres grandes, no dudó.
“Elegiría este. Prefiero ganar este antes que los otros tres y completar el Grand Slam, y ser el más joven en hacerlo”.