Todo campeón de Grand Slam tiene sus rituales, pero Carlos Alcaraz ha roto todas las barreras. Tal y como prometió, después de coronarse en el Abierto de Australia, el español grabó su triunfo en la piel, al igual que lo ha hecho tras ganar en otros grandes escenarios.
El murciano de 22 años tatuó en su tobillo izquierdo un homenaje a su título en Melbourne: un canguro levantando el trofeo Norman Brookes Challenge Cup sobre el contorno de Australia. Es un diseño que Alcaraz ya había avanzado, después de su victoria en la final frente a Novak Djokovic el pasado mes de febrero, donde se convirtió en el hombre más joven de la historia en completar el Grand Slam en la carrera.
“Va a ser un canguro, por supuesto, un pequeño canguro”, adelantó Alcaraz hace seis semanas.
Este reciente tatuaje forma parte de una particular colección personal. Wimbledon se transformó en una fresa, Roland Garros en la Torre Eiffel, mientras que el US Open dejó la Estatua de la Libertad en su piel.
Alcaraz participa esta semana en el Miami Open presented by Itau. El español vio cómo Daniil Medvedev cortaba en semifinales de Indian Wells un impecable inicio de temporada con 16 victorias consecutivas. Ahora tratará de recuperar la senda de la victoria en Florida, un escenario en el que se convirtió en el campeón más joven de la historia del torneo con 18 años. El No. 1 del PIF ATP Rankings podría medirse a Joao Fonseca en su debut.