Jimmy Connors, Bjorn Borg y John McEnroe tenían similitudes y diferencias tanto dentro como fuera de la pista. Sin embargo, algo que compartían por encima de todo era una rivalidad especial, con un legado que ha permanecido vivo durante décadas y cuya influencia seguirá presente en el futuro.
Entre ellos, Connors (268), McEnroe (170) y Borg (109) permanecieron 547 semanas en la cima del PIF ATP Rankings, acumulando más de 10 años en la cumbre del tenis masculino. Los primeros estandartes del tenis masculino profesional hicieron las cosas a su manera, pero todos encontraron el camino hasta el No. 1 mundial durante un amplio período de tiempo.
"Lo que separa al No. 1, en ocasiones, del No. 100 es tan pequeño que no puedes verlo", dijo Connors en el Episodio 3 de la docuserie ACES: El ATP No. 1 Club. "Lo que haya llevado a esos 29 tipos al No. 1 son pequeños detalles que pasan desapercibidos".
Connors, un zurdo revolucionario del deporte con su revés a dos manos y un juego completo, fue el primero de ellos en escalar al No. 1 mundial. El estadounidense lo hizo a los 21 años en 1974, apenas un año después del estreno del ranking.
"Sacarme esa presión a una edad tan temprana me permitió competir más suelto", dijo Connors.
El estadounidense era conocido no solo por su tenacidad competitiva, sino por tener una intensidad inmensa sobre la pista, metiendo a los aficionados y, en ocasiones, a los jueces, en la batalla. Esa combinación de habilidad y alma guerrera le ayudó a permanecer 268 semanas en el No. 1, terminando el año como No. 1 mundial en cinco años consecutivos entre 1974-1978.
Si Connors era fuego, Borg era hielo. El sueco siempre mantuvo un talante tranquilo y se ganó el apodo de 'ice man' por su frialdad bajo presión. Eso no restó un ápice a su popularidad internacional. En ACES, Boris Becker describe a Borg como "una estrella del rock disfrazada de tenista", recordando la larga melena del sueco, su barba y su icónica cinta.
A pesar de retirarse en un primer momento a los 26 años, Borg fue un tenista dominador en su carrera, pasando 109 semanas como No. 1 mundial y cerrando dos años en el No. 1, en 1979 y 1980, inspirando a las futuras estrellas del tenis sueco, incluyendo a otro miembro del ATP No. 1 Club como Mats Wilander.
"En Suecia, todos querían ser Bjorn Borg", dijo Wilander. "Las clases en la escuela se paraban y ponían sus partidos en la TV. Él era The Beatles para nosotros en Suecia. Comencé a copiar a Borg, es lo que todos los suecos hacíamos. Por eso logramos tener tantos éxitos".
Al igual que Borg había tomado el testigo de Connors, McEnroe siguió la estela de Borg. El estadounidense añadió una nueva dimensión a esta generación, con una personalidad tan rebelde como entretenida que le convirtió en una de las figuras más atractivas en el deporte.
Si Connors y Borg — y en ese sentido, McEnroe y Borg — eran fuego y hielo, Connors y McEnroe eran puras llamaradas. Dos zurdos inimitables con distintos estilos de juego, firmes competidores desesperados por ganar cualquier punto.
"McEnroe, era como yo, y yo era como él", dijo Connors acerca de su rival. Él es irlandés, yo soy irlandés. Él es zurdo, yo también. En cierto modo, estábamos enfrentados en todo".
El neoyorquino se diferenciaba de sus rivales por su habilidad para jugar al saque y volea a un nivel inmenso, y por cubrir la red como su fuese un muro. Capaz de cerrar cuatro años en el No. 1, John tenía un estilo con el que desesperaba a sus rivales, forzando la situación hasta encontrar un camino a la victoria.
Algo que los tres compartieron fue un enorme respeto mutuo. Cuando Borg habló por primera vez a cerca de su retirada, McEnroe sufrió: el sueco era el hombre que le había obligado a esforzarse más allá de lo imaginable para elevar su nivel. Aunque Connors y McEnroe tuvieron momentos de tensión, una razón fundamental era la gran amenaza que representaban el uno para el otro en la cima del deporte.
Esa es la razón por la que, cinco décadas después, sus legados permanecen intactos.