Con apenas 17 años, antes de poder conducir legalmente en Alemania, Boris Becker sorprendió al mundo del deporte con su inolvidable camino al título de Wimbledon 1985. En apenas su quinto torneo de Grand Slam, Becker se convirtió en el primer no cabeza de serie y en el primer alemán en ganar la corona masculina individual de Wimbledon.
El resultado provocó una explosión tenística en Alemania. Una encuesta reveló que el 90% de los alemanes conocían a Becker, mientras algo menos de la mitad sabían quién era el Canciller del país.
"Me llamaron fenómeno", dijo Becker en el Episodio 2 del documental ACES: El ATP No. 1 Club. "Hay una palabra en alemán, wunderkind, algo así como niño prodigio. Yo tenía 17 años y medio. Ni siquiera tenía permitido conducir en Alemania".
Más allá de los elogios, Becker también sintió la presión de llevar las esperanzas de un país sobre sus hombros. Le costó mantener el ritmo de su triunfo en Londres, ganando apenas dos títulos — Cincinnati y Chicago — en los 12 meses posteriores.
Cuando regresó a Wimbledon en 1986 como cuarto cabeza de serie, con apenas 18 años, pocos le daban opciones de retener el trofeo — ni siquiera en su propio equipo. Sin embargo, durante una quincena memorable, el alemán apenas cedió una manga y revalidó la copa con una victoria en mangas corridas ante el vigente No. 1 mundial Ivan Lendl.
Esos dos títulos convirtieron a Becker en un icono alrededor del punto. Su estilo de juego, además, le otorgaba más aura: Becker se llama a sí mismo el primer jugador potente del tenis. Con un gran saque y un juego completo, el objetivo del alemán era ejercer presión sobre sus rivales.
Antes del tenis, su mente estaba centrada en el campo de fútbol. Portero en su juventud, Becker estaba familiarizado con los saltos, golpeando el suelo en el fragor de la batalla. Ese instinto se mantuvo en las canchas de tenis, donde sus voleas en plancha se convirtieron en un sello de identidad y en un factor adicional de intimidación para sus oponentes.
Si esas acciones no eran suficientes para levantar a la grada, también invitaba a los aficionados a compartir sus emociones, siendo frecuente las interacciones con el público a lo largo de los partidos.

Un héroe de la infancia para Roger Federer, dueño de la cima del PIF ATP Rankings durante 237 semanas consecutivas entre 2004-08, Becker nunca tuvo esa longevidad en el No. 1. Apenas permaneció 12 semanas en la cima en 1991 — cerca de seis años después de la gran irrupción inicial con su primer título de Wimbledon.
Durante su aventura hacia No. 1, pasó 109 semanas como No. 2 mundial. Décadas después, Rafael Nadal permaneció durante 160 semanas consecutivas en el No. 2 antes de ascender al No. 1.
"Yo siempre era el No. 2. Era el No. 2 más permanente del mundo, jamás me convertía en No. 1", recordaba Becker. "Imaginadlo, te vuelves loco".
Sin embargo, se ganó una oportunidad para cerrar esa herida en el Abierto de Australia 1991, donde enfrentó a Ivan Lendl en la final.
"La noche anterior no pude dormir. Estaba muy emocionado", recordó. "Si derroto a Lendl mañana, será el No. 1".
Tras un inicio frío, Becker aprovechó la ocasión ganando 1-6, 6-4, 6-4, 6-4 en Melbourne. Con su cuarta copa de Grand Slam, consiguió su primer y único reinado como No. 1 mundial.
"La sensación más intensa que tuve fue el alivio", dijo Becker. "Por fin lo había conseguido".
Becker estaba tan emocionado por el hito que deseaba disfrutarlo en la soledad del vestuario. Tras salir de la pista, tuvo que ser convencido para regresar a la ceremonia de premios.
Aunque sintiera que las 12 semanas en el No. 1 fueron breves, Becker se ganó un lugar en la historia como miembro del ATP No. 1 Club.