El tenis esconde grandes entresijos detrás de cada jugador, cada partido y cada punto. Antes de levantar un título hay un largo camino, que habitualmente los mejores tenistas del mundo afrontan acompañados de un equipo de profesionales. Y la primera parada del recorrido que aguarda esta temporada está fijada, como cada año, en Australia con una de las giras más exigentes del curso.
Uno de esos especialistas encargados de guiar a las estrellas de este deporte es Alex Ruiz, nutricionista deportivo especialista en tenis que ha formado parte del equipo de grandes raquetas de los circuitos ATP y WTA como Pablo Carreño Busta, Ann Li, el #NextGenATP Darwin Blanch, Jessica Bouzas Maneiro o Nicolas Moreno de Alboran. Actualmente, y desde hace ya tres años junto de la mano de Juanjo Moreno, se encargan de la suplementación y alimentación de Carlos Alcaraz. Además de reivindicar el papel que desempeña su disciplina, en esta entrevista con ATPTour.com explica cómo abordar el primer mes de competición de 2026.
¿Por qué es tan importante la figura de un nutricionista junto a un tenista?
En primer lugar, porque la nutrición varía en función del país en el que se juega. Luego, es muy emocional y hay factores como la ansiedad o el estrés que influyen de manera directa. Y, tal vez, lo más importante, porque trata el combustible que va a permitirles rendir, ya sea para evitar lesiones o para ganar un break en los momentos de máxima tensión durante un partido. Es una de las aristas principales como lo es la preparación física o la fisioterapia.
¿Y en qué consiste tu función diaria?
Esto no va de entregar una hoja que dicte qué comer en el desayuno o qué proporción de macronutrientes. Es una adaptación diaria, porque hay múltiples factores que afectan al jugador, desde el descanso nocturno, la duración de un partido, el clima, el propio resultado hasta la hora a la que ha terminado. Requiere un ajuste diario, porque además un deportista de élite —aún más un tenista— está expuesto a un estrés físico y mental constante.
Entendemos que los secretos profesionales los reservas para tus deportistas, pero, ¿qué ajustes generales requiere una gira como la australiana?
Partimos de un jet-lag muy exigente y la adaptación comienza desde unos días antes del viaje para ir ajustando los horarios de las comidas desde el propio lugar de origen. También requiere una preparación a nivel de hidratación, porque tanto la presión como las horas de vuelo provocan una deshidratación más acentuada. Y controlar la inflamación para esa paliza a nivel de ritmos circadianos.
¿Cuántos días antes empieza la preparación?
Entre tres y cinco días antes del vuelo. Es muy importante, porque el cambio de presión afecta a la salud, así como las horas de sedentarismo. Coordinamos tanto los tiempos de sueño como las horas de las comidas en el avión.
¿Y una vez que se aterriza en Australia?
A la llegada, nos fijamos en el sol, en la luz. Si es de día, es importante que te dé el sol cuanto antes para hacer saber al cuerpo que es de día. Es la primera señal que el cuerpo recibe para saber qué hora es. Y, en cuanto a las comidas, las ajustamos al horario local desde el primer momento. Finalmente, es interesante el contacto con la naturaleza, poder hacer un poco de Earthing y moverse después de tanto tiempo sentado antes de ir a descansar.
Has incidido en varias ocasiones en la importancia del descanso.
Es que una de mis funciones es la nutrición a través del sueño. Aquí no hablamos de tomar nada, sino de establecer unos hábitos concretos de sueño, controlar la hora y qué hacer antes de ir a dormir. Es decir, no es lo mismo estar con el móvil hasta las 12 am que leer un libro hasta las 10.30 pm. En el primer caso, además de exponerse a luz azul cuando no toca, estás perdiendo horas de calidad de sueño. Las primeras horas son las más reparadoras. Por tanto, esas horas de descanso son de vital importancia para estar preparado para rendir en la pista al día siguiente.
¿Y cómo sería “ese día siguiente”? ¿Qué rutina se plantea a partir de la mañana siguiente?
Tener un orden de horarios de alimentación tanto fuera del entrenamiento como durante. Establecer un plan de preentrenamiento, intraentrenamiento y postentrenamiento, que también incluye el partido, prepartido, intrapartido y a nivel alimenticio.
¿Y la hidratación en unas condiciones de calor más duras de lo habitual?
Hay mucho calor y mucha humedad. Si se falla en la hidratación, la máquina puede fallar. Es importante una buena planificación y trabajar buenos hábitos desde el entrenamiento, día a día, porque si llega el partido y no existe ese hábito, puede haber problemas. Un alto porcentaje de jugadores falla en la hidratación. Se olvidan de beber y el problema se produce cuando se tiene sed, porque es una alarma que avisa que ya llevas deshidratado un buen rato.
Al margen de la planificación de comidas con el jugador, ¿se recurre a suplementación?
A nivel genérico, está demostrado que tanto la toma de proteína como de creatina son muy beneficiosas para la reparación, mejora del rendimiento y cantidad de energía que podemos disponer, incluso para el sistema inmunológico y cognitivo. Por ejemplo, la creatina en dosis más elevadas tiene un potente poder de aumentar la cognición, por tanto el foco y la atención, que influyen en el rendimiento. Luego, a partir de analíticas, se puede individualizar, pero una base muy importante sería el Omega-3, el magnesio y la vitamina D. A nivel deportivo, puede haber algunas cosas más como la beta-alanina para poder amortiguar la fatiga durante la competición.
¿Dirías que existe ‘el nutriente del tenis’?
Es buena pregunta. Si tuviese que decir un nutriente, es verdad que es muy reduccionista porque al final todos tienen importancia, pero respondiendo a esa pregunta en concreto diría el DHA. Es uno de los metabolitos activos e importantes del Omega-3.
¿Y por qué recibe este nutriente ese honor?
El DHA es fundamental para la función del sistema nervioso y, por lo tanto, también incide en la retina. Afecta al sistema visual, a la coordinación mano-ojo, que en el tenis es lo principal. Puede obtenerse del pescado azul como la sardina, la caballa o el salmón, por ejemplo, y de manera un poco menos activa de las nueces o el lino.