Thiago Agustín Tirante tenía una idea bastante sencilla antes de salir a la pista este sábado en Cincinnati: disfrutar. No todos los días aparece Novak Djokovic al otro lado de la red. Mucho menos cuando nunca antes habías podido siquiera entrenar con él. El argentino había compartido pista con Roger Federer y Rafael Nadal, pero le faltaba conocer de cerca al hombre que considera el mejor jugador de todos los tiempos.
Unas horas después, ya tiene una historia bastante mejor que contar.
Tirante consiguió la victoria más sonora de su carrera al derrotar a Djokovic en la segunda ronda del Cincinnati Open por 2-6, 6-4, 6-4, derribando a uno de los grandes favoritos del cuadro y avanzando en un torneo que ya había comenzado de manera agónica para él.
Porque llegar hasta este partido tampoco había sido sencillo.
Dos días antes necesitó dos horas y 56 minutos para superar a Jan Choinski. Estuvo 1-4 abajo en el tercer set y también 1-4 por detrás en el tie-break definitivo, pero enlazó siete puntos consecutivos para sobrevivir. Cuando terminó, cayó de rodillas sobre la pista y después se tumbó boca arriba. El premio era encontrarse por primera vez con Djokovic.
La perspectiva parecía suficiente para dar por buena la semana.
Tirante decidió no conformarse.
El argentino de 25 años entró en la pista sabiendo perfectamente quién estaba enfrente, pero sin convertir la admiración en una barrera. Djokovic regresaba al circuito después de alcanzar las semifinales de Wimbledon y disputaba su primer partido desde julio. También volvía a Cincinnati tres años después de aquella final inolvidable ante Carlos Alcaraz que le entregó su tercera corona en Ohio.
Tirante, en cambio, llegaba desde otro lugar.
El No. 50 del PIF ATP Rankings está atravesando la mejor temporada de su carrera y lleva meses reduciendo la distancia que hasta hace poco le separaba de este tipo de escenarios. Empezó 2026 fuera del Top 100 y nunca había conseguido más de seis victorias ATP Tour en una misma temporada. Antes de enfrentarse a Djokovic ya acumulaba 23, además de haber encontrado resultados importantes en superficies diferentes.
Cincinnati acaba de darle la más especial.
Quizá porque Tirante había explicado antes del encuentro con bastante naturalidad lo que Djokovic significaba para él.
“Cuando era pequeño veía a Djokovic por televisión”, reconoció. Aunque siempre había sido “más de Rafa”, el argentino no dudó al dimensionar al serbio: “Novak es Novak”.
Un día después dejó todavía más clara su admiración.
“Es el GOAT del tenis”, aseguró Tirante. “Dices tenis y Novak está ahí”. El argentino había entrenado con Federer y Nadal durante su carrera, pero nunca con Djokovic. Por eso reconocía que enfrentarse a una leyenda como el serbio sería algo “muy especial”.
El desafío consistía en conseguir que aquella experiencia no terminara siendo simplemente una fotografía para guardar.
Tirante quería disfrutar, pero también competir.
“Voy a intentar dar lo mejor de mí para ganar el partido”, había advertido. No era una frase vacía. Su momento reciente le permitía llegar con argumentos suficientes para creer que podía incomodar a cualquiera.
Taylor Fritz ya lo había comprobado.
Hace apenas 10 días, Tirante derrotó al estadounidense, entonces No. 8 mundial, en la segunda ronda del National Bank Open de Canadá. Fue su segunda victoria ante un Top 10 durante 2026 después de haber superado también a Ben Shelton sobre la tierra batida de Houston. Su recorrido en Montreal terminó en octavos de final ante Learner Tien, pero dejó otra señal importante: el argentino estaba empezando a trasladar a la pista dura el nivel que tradicionalmente había encontrado con mayor facilidad sobre arcilla.
Él mismo lo había detectado.
“Creo que estoy jugando muy buen tenis”, explicaba antes de medirse a Djokovic. “Estoy mejorando muchísimo física y mentalmente”.
Esa evolución está definiendo su temporada.
Tirante había construido durante años buena parte de su carrera sobre tierra batida, pasando por el circuito Challenger y buscando oportunidades para instalarse definitivamente en el ATP Tour. En 2026 ha empezado a demostrar que su tenis puede viajar mucho más lejos.
Alcanzó las semifinales de Houston y la cuarta ronda del ATP Masters 1000 de Roma. En Madrid llegó hasta tercera ronda. Después, durante el verano norteamericano, volvió a alcanzar los octavos de final de un Masters 1000 en Canadá. Cincinnati añade ahora un resultado de otra dimensión.
No únicamente por la ronda.
Por el nombre.
A lo largo de una carrera profesional hay victorias que sirven para sumar puntos, otras que permiten escalar posiciones y algunas que permanecen independientemente de lo que ocurra después. Derrotar a Djokovic pertenece inevitablemente a esa última categoría.
Más todavía para alguien que creció observándolo desde lejos.
Tirante pertenece a una generación que conoció el tenis con Federer, Nadal y Djokovic ocupando prácticamente todos los grandes escenarios. Cuando el argentino todavía recorría el circuito júnior, el serbio ya acumulaba Grand Slam y semanas como No. 1 mundial. Cuando comenzó a abrirse paso entre Challengers, Djokovic seguía levantando los mayores títulos del calendario.
Ahora han coincidido en una pista.
Y ha ganado Tirante.
La victoria tampoco debería interpretarse únicamente desde el golpe emocional que supone el apellido del rival. Djokovic tiene 39 años y llegaba sin competir desde Wimbledon, mientras que el argentino atraviesa el momento más sólido de su trayectoria. Pero precisamente ahí aparece el mérito de Tirante: fue capaz de entender que la oportunidad existía y jugar para aprovecharla.
Eso no siempre resulta sencillo cuando enfrente aparece una figura de semejante tamaño.
La admiración puede acompañar hasta la puerta de la pista. Después hay que dejarla fuera.
Tirante lo hizo.
Y Cincinnati prolonga así un 2026 que está modificando rápidamente el lugar que ocupa en el circuito. Su actual No. 50 ya representa la mejor clasificación de su carrera, pero los resultados empiezan a sugerir que esa frontera puede quedarse pequeña.
Sobre todo porque las victorias empiezan a repetirse.
Shelton en Houston.
Fritz en Canadá.
Ahora Djokovic en Cincinnati.
Tres nombres que explican mejor que cualquier ranking la distancia recorrida durante los últimos meses.
El argentino decía antes del partido que quería intentar disfrutar de todo lo que ocurriese a su alrededor, porque en ocasiones la propia tensión de la competición impide apreciar dónde estás y contra quién estás jugando.
Esta vez tendrá tiempo para hacerlo después.
Tirante quería saber qué se sentía al tener a Novak Djokovic al otro lado de la red.
Ya lo sabe.
Y además sabe qué se siente al ganarle.