Carlos Alcaraz vuelve a competir. Ese es el verdadero titular. Tras conquistar el Abierto de Australia y tomarse unos días de respiro en casa, el murciano inicia este martes en Doha una nueva etapa de la temporada, con el debut ante Arthur Rinderknech como primer paso de un torneo que presenta un cartel y una exigencia propios de las citas más grandes del circuito.
El español aterriza en Catar con el foco puesto en recuperar sensaciones de partido tras varias semanas sin competir. Ha habido descanso, sí, pero también carga de entrenamiento, sesiones largas y trabajo específico para sostener el nivel que mostró en Melbourne. El objetivo era claro: no llegar simplemente a jugar, sino hacerlo preparado para volver a competir desde el primer día.
“Es bueno volver a la pista otra vez. He estado entrenando bien. Obviamente, lo que hice en Australia fue increíble para mí y todavía lo pienso un poco”, dijo el No. 1 del PIF ATP Rankings. “Pero el tenis consiste en seguir adelante torneo tras torneo. Cada torneo es muy bueno, es especial, y quieres dar el 100%”.
“Ahora mismo mi foco está en jugar, en intentar dar mi mejor nivel, en mejorar las cosas que creo que debo seguir mejorando, seguir haciendo cosas buenas en la pista, así que estoy feliz de poder hacerlo de nuevo aquí en Doha”.
El debut no es menor. A pesar de que Alcaraz domina por 4-0 su serie Lexus ATP Head2Head, Rinderknech es un rival incómodo, de los que obligan a entrar activado desde el primer juego. Su saque y su tendencia a acortar los intercambios convierten cualquier partido en un pulso de concentración constante, especialmente en pistas rápidas como las de Doha, donde los puntos se deciden en pocos golpes y el margen de error se reduce.
“Es un rival muy duro”, dijo Alcaraz sobre su primer oponente. “He jugado varias veces contra él y siempre es difícil enfrentarse a él. Tengo muchas ganas de disputar mi primer partido aquí este año y, sí, también de sentir el cariño de la gente y ver cómo va a ser todo con ellos, cómo de cálida será la bienvenida. Va a ser interesante. Estoy ilusionado por jugar contra él una vez más”.
La presencia de Alcaraz vuelve a colocarle, además, en el centro del torneo desde el minuto uno. Es su primer evento tras Australia, y eso cambia la narrativa: ya no se trata solo de ganar partidos, sino de comprobar en qué punto competitivo está después del impacto emocional y físico que supone levantar un Grand Slam. Doha funciona, en ese sentido, como un termómetro perfecto.
“Sé lo difícil que es cada partido”, avisó el murciano. “Cada partido es diferente, nuestro juego es totalmente distinto. Creo que este cuadro es muy duro para ser un ATP 500. Basta ver los primeros partidos y los grandes enfrentamientos que hay ya en primera ronda”.
Así que solo pienso en ir partido a partido y ver hasta dónde puedo llegar. Obviamente mi mente quiere llegar lo más lejos posible. Si se puede jugar una final, sería genial y es lo que busco, pero no quiero pensar demasiado pronto en eso ni ponerme ya en la final. Prefiero pensar día a día”.
El cuadro acompaña esa sensación. El nivel general es altísimo, con varios de los nombres más fuertes del circuito presentes y con la posibilidad latente de que el torneo desemboque, otra vez, en un nuevo episodio de la rivalidad que está marcando esta era. El posible cruce con Jannik Sinner -en una hipotética final- sobrevuela el evento desde el sorteo, aunque todavía quede camino por recorrer. Ambos llegan en momentos de máxima exigencia y cada enfrentamiento entre ellos se interpreta ya como algo más que un simple partido.
Para Alcaraz, sin embargo, todo empieza mucho antes. Empieza en el ritmo de sus apoyos, en la consistencia desde el fondo y, sobre todo, en el servicio, una de las áreas que más ha trabajado en este inicio de temporada, y que mejores resultados le ha dado. El español ha evolucionado hacia un tenis cada vez más eficiente en pistas rápidas, donde los puntos cortos ganan peso y donde su capacidad para dominar con el primer golpe marca diferencias.
También hay un componente estratégico en su presencia en Doha. No es un torneo elegido al azar. Permite mantener la dinámica competitiva tras Australia, sumar partidos de nivel y volver a medirse ante rivales de la zona alta en la antesala de los dos primeros ATP Masters 1000 del curso, que son Indian Wells y Miami. Es, en cierto modo, el escenario ideal para volver a construir sensaciones.
“He estado entrenando en casa y, al llegar aquí estos días, mi equipo y yo nos marcamos algunos objetivos para este torneo”, dijo el joven de 22 años. “No estamos hablando de resultados en absoluto. Se trata más de seguir en el proceso de ser mejores, de seguir creciendo. Hay cosas en las que realmente quiero mejorar y desarrollar mi juego de la manera en la que quiero mostrarlo aquí y poder llevarlo a cabo en este torneo. Así que, más allá de los resultados, para mí sería una semana muy exitosa verme haciendo las cosas correctas dentro y fuera de la pista”.
El murciano llega además con la madurez competitiva de quien entiende que cada torneo forma parte de un proceso más amplio. Ya no se analiza únicamente el resultado final, sino cómo compite, cómo gestiona los momentos complejos y cómo evoluciona su tenis en función del rival y de las condiciones. Esa mirada más larga es la que está definiendo su crecimiento en los últimos meses.
Doha, por tanto, no es solo un regreso. Es el inicio de un nuevo tramo de la temporada y la confirmación de que el foco vuelve a estar en el día a día competitivo. El martes, cuando le llegue la hora de debutar, será la primera prueba real, el primer partido tras el gran título, el primer momento para volver a sentir la tensión del circuito.
Y ahí, como tantas veces, todo se simplifica. Pista rápida, rival incómodo y la necesidad de encontrar ritmo desde el inicio. Alcaraz vuelve con la condición que ya le acompaña de forma natural en cada torneo que pisa: la de jugador que marca el nivel competitivo del evento.
“Obviamente puedo ver que he tenido mucho éxito hasta ahora, ganando los torneos más grandes del mundo”, analizó. “Pero yo sigo viéndome con debilidades. Muchos jugadores están intentando alcanzarme: estudian mi juego, cómo juego, intentan ganarme, desafiarme… Tengo que estar preparado para eso y ver dónde está mi nivel, dónde está mi tenis. Tengo que intentar ponerme en su cabeza y pensar qué podrían hacer si jugaran contra mí. A eso me refiero cuando digo que tengo que mejorar cosas. Evidentemente no puedes quedarte atrás en el nivel, tienes que seguir avanzando”.
El resto llegará después. Pero todo empieza en Doha. Y empieza ya.