El discurso de Roger Federer en la noche de su ingreso al Salón de la Fama del Tenis Internacional fue emotivo, memorable y lleno de risas. Fue un momento icónico en Newport que coronó una carrera inolvidable para la superestrella de 45 años.
Federer bromeó diciendo que tal vez tardaría hasta el amanecer en terminar su discurso debido a la cantidad de veces que se detuvo para recomponerse entre lágrimas. Pero en realidad, Roger habló con el corazón, como siempre lo ha hecho.
“Es increíble verme en un lugar como este, caminar por el Salón de la Fama, sumergirme en la historia de este deporte. Eso lo significa todo para mí”, dijo Federer. “Leer las historias de mis mayores héroes y darme cuenta, quiero decir darme cuenta de verdad por primera vez, de que tengo un lugar aquí. Este es uno de los mayores honores de mi vida”.
La leyenda suiza explicó que, si bien ahora forma parte del Salón de la Fama, la fama nunca fue su objetivo. En cambio, su meta era dedicar su vida a hacer lo que ama.
“Jugamos al tenis, somos tenistas. Para mí, de eso se trata: del juego”, dijo Federer. “Sí, este deporte requiere trabajo y práctica. Pero el juego siempre me ha impulsado. Y cuando el trabajo y el juego se fusionan, es la mejor sensación de todas”.
Federer llevó a los aficionados de vuelta a su país natal, donde fue recogepelotas en Basilea a los 13 años.
“Estaba de pie contra la pared del fondo, con las manos detrás de mí, la vista fija en la pelota. Nunca olvidaré cómo se veía el partido desde ahí y qué se sentía”, dijo Federer. “La emoción de estar tan cerca de los jugadores, pasarles la pelota, darles la toalla, verlos sudar, verlos luchar, resolver las jugadas… la adversidad, la intensidad. Recuerdo que a la mañana siguiente, me dolían muchísimo las piernas. Estar de pie todo el día es un gran esfuerzo”.
Para entonces, el adolescente llevaba una década enamorado del tenis. Sus padres, Lynette y Robert, le contaron que empezó a jugar al tenis a los tres años.
“La raqueta de madera de mi padre, así es. Crecí con raquetas de madera y pelotas de tenis blancas, así de viejo soy”, dijo Federer entre risas. “Y esa raqueta era tan pesada que solía jugar con derecha y revés a dos manos. ¿Quién iba a imaginar que me convertiría en un jugador a una mano?”.
Pero ahí terminó la conversación sobre su juego. Federer apenas habló de sus récords y logros. Estaba más centrado en las más de 5000 vinchas para el pelo que usó y los más de 7000 pares de medias, que se ponía dos en cada partido y hasta tres para un partido de primera ronda en Wimbledon.
“Pero la verdad es que no hay forma de medir lo que significa estar aquí”, dijo Federer. “Es difícil expresarlo con palabras, pero lo intentaré”.
A pesar de haber crecido rodeado de muchos deportes, el tenis era su pasión principal, según afirmó.
“El tenis se convirtió en el centro de mi vida. Mi madre tenía un trabajo a tiempo completo, pero encontraba tiempo para trabajar en la oficina de pases del Swiss Indoors, y probablemente también tramitó algunos pases para ustedes”, explicó Federer. “Ella también organizaba mis clases, me inscribía en los partidos y apoyaba a mis entrenadores. Mamá lo hizo posible. Gracias, mamá. Y ella misma jugaba al tenis en nuestro club local".
“Me han dicho que mi padre también jugaba. Es broma. Sabe tomarse las cosas con humor. Le gusta bromear. Gracias a mis padres por todo el tiempo que pasaron conmigo en la cancha”.
Federer llamó a su padre “El Verdadero RF” y recordó que ‘Robbie’ le prohibía jugar bolas altas, lo que le ayudó a jugar de forma más agresiva.
Quizás el momento más emotivo del discurso para Federer fue el homenaje a su esposa, Mirka, de quien dijo que “me inspira cada día”. Ella también pronunció su discurso de apertura.
“Mirka es quien me enseñó a concentrarme más en el tenis y a disfrutar de todo lo demás”, dijo Federer. “Una madre maravillosa para nuestros cuatro hijos, que hace posible lo imposible en nuestras vidas. Ella y yo nos tomamos de la mano y podemos atravesar una pared. Gracias”.
Federer dejó claro que, a lo largo de su carrera, “trató ante todo de ser fiel a sí mismo”.
“Intenté demostrar mi amor por el juego. Porque era realmente importante para mí, y también quería que lo fuera para ustedes”, dijo Federer. “Para ser digno de su atención, digno de su presencia, porque la gente no tiene por qué venir a vernos jugar. Vienen a entretenerse, a inspirarse, a emocionarse. Siempre podrían haber decidido ir a otro sitio, pero eligieron el tenis, nos eligieron a nosotros".
Aunque Federer ya no compite, insistió en que el tenis siempre estará "en la intersección de todo lo que más me importa". Este deporte ha sido fundamental en todo, así que no se despide.
"Este chico de Basilea les agradece este increíble honor", dijo Federer. "Y yo les agradezco a todos por compartir el camino que nos unió".