El camino de Lleyton Hewitt a su primera corona de Grand Slam en el US Open 2001 consolidó su candidatura como uno de los grandes competidores de la historia del tenis. Ese triunfo hace 25 años captó la esencia de todo lo que hizo al australiano tan especial.
Hewitt, uno de los 29 miembros del Club de los No. 1 ATP, se mostraba como un guerrero, un boxeador incansable o un bulldog en el fragor de la batalla. A partir de los cuartos de final, Hewitt se impuso de manera consecutiva a tres miembros del exclusivo Club de los No. 1 ATP, un grupo del que el australiano formaría parte a partir de noviembre de esa misma temporada.
Con 20 años en el momento en el que conquistó Nueva York, Hewitt era demasiado joven para celebrar el título en Estados Unidos de manera legal con una cerveza. “Que pena que en Australia pueda tomar una cerveza desde hace unos años y aquí aún no pueda”, bromeó Hewitt entonces con una carcajada.
Cuando Hewitt alcanzó la cima del PIF ATP Rankings se convirtió en el jugador más joven en llegar a esa posición, un récord que Carlos Alcaraz batió en 2022. El ascenso de Hewitt como un joven prometedor hasta convertirse en una gran estrella fue meteórico.
“Aún tengo la foto de junior en mi acreditación”, comentó Hewitt, después de ganar el título en el US Open. “Hace no mucho no hablaba con nadie [medios de comunicación]. Nadie me veía. Ahora, tengo las cámaras de TV de todo el mundo apuntándome enfrente de mí”.
El camino de Hewitt hacia su primera corona de Grand Slam fue de todo menos fácil, algo que encajaba a la perfección con el apodo de ‘Rusty’, un jugador que peleaba cada bola. Sobrevivió en cuartos de final en un duelo a cinco sets al favorito local Andy Roddick, que en ese momento era el No. 18 del mundo y acabaría llegando al No. 1 en 2003.
Esa victoria llenó el tanque de confianza de Hewitt. En semifinales, cedió sólo cinco juegos en una hora y 23 minutos ante el antiguo No. 1 Yevgeny Kafelnikov.
Luego tuvo que afrontar una noche de nervios antes de medirse a Pete Sampras. “Fue muy difícil comer algo”, reconoció Hewitt. “No tenía mucha hambre ni ganas de tomar nada a la hora de comer”.
La leyenda estadounidense había ganado en cuatro ocasiones el Grand Slam en su país a lo largo de la década de los 90 y, también, en 2002. Pero en 2001, fue a Hewitt a quien le tocó alcanzar la gloria. El cuarto cabeza de serie derrotó a Sampras por 7-6(4), 6-1, 6-1 para levantar el trofeo sobre la pista dura estadounidense.
“Estoy aquí y Pete con la placa de finalista en las manos. No termino de creerlo”, confesó Hewitt, tras su victoria.
El de Adelaida respondió cuando todos los flashes lo enfocaban durante su ilustre carrera. Su triunfo en el US Open 2001 es recordado no sólo por ganar su primer título de Grand Slam, también por ser una declaración de su capacidad para rendir en los grandes escenarios frente a los mejores del mundo.
“Es algo con lo que sueñas, saltar a la pista y jugar una final de Grand Slam, jugar esos siete partidos durante dos semanas”, señaló Hewitt.
<p