Carlos Alcaraz está en octavos de final de Indian Wells, pero el billete no llegó con alfombra roja. Llegó con barro —aunque esto sea pista dura—, con un partido muy peleado. El español, aun así, volvió a hacer lo que está haciendo una y otra vez en este 2026: sobrevivir a lo incómodo hasta que el partido se convierte en suyo. Venció a Arthur Rinderknech y ya está donde quería: en la segunda semana del primer ATP Masters 1000 del año.
Lo curioso es que, al terminar, el discurso de Alcaraz no fue tanto sobre su tenis como sobre el tenis del otro. O, mejor dicho, sobre el nivel que él siente que se encuentra cada vez que pisa una pista siendo el No. 1 del PIF ATP Rankings. En Doha ya había dejado una sensación parecida. En Indian Wells, la repitió con una frase que mezcla admiración y una especie de incredulidad permanente ante lo que se le viene encima ronda tras ronda.
“Para ser honesto, a veces me canso de sentir que juego contra Roger Federer en cada ronda”, dijo el joven de 22 años. “A veces parece que todos juegan a un nivel increíblemente alto. No sé si es solo una sensación mía, pero siento que siempre ocurre contra mí. Si jugaran a ese nivel en todos los partidos, deberían estar mucho más arriba en el ranking. Pero bueno, es algo que me preocupa y en lo que pienso cuando estoy jugando”.
Es una reflexión potente por lo que implica: que la exigencia ya no la marca solo el torneo o la ronda, sino el estatus. Alcaraz, en el fondo, está describiendo una realidad del circuito: jugar contra el mejor del mundo no es un partido más para casi nadie. Y si el rival necesita rozar su techo para tener opciones, el campeón se ve obligado a jugar siempre “contra el techo” del otro. Eso, a largo plazo, desgasta. Aunque gane.
Y aun así, lo que hace distinto a este Alcaraz —al menos en su propia lectura— es que ya tiene localizado el antídoto. No es un ajuste técnico milagroso ni una decisión táctica que lo arregle todo. Es algo más simple y, precisamente por eso, más difícil: aceptarlo.
“Lo único que puedo hacer es aceptarlo, seguir adelante e intentar hacer cosas diferentes durante el partido”, aseguró el murciano. “Intentar no dejar que el rival sea agresivo o juegue a su estilo, tratar de imponer mi estilo, mi tenis, mi nivel en el partido e intentar cambiar la situación. Pero lo primero es aceptarlo. Siento que tengo una diana en la espalda, y creo que ellos sienten que si no juegan a ese nivel no pueden ganarme, o al menos eso es lo que imagino que pueden pensar”.
El partido ante Rinderknech fue una buena demostración de esa idea. El primer set se le fue por detalles, pero también por oportunidades no aprovechadas. Hubo bolas de break, hubo una bola de set, y hubo esa sensación tan desagradable de haber tenido el set en la mano y haberlo soltado. Él mismo lo reconoció sin rodeos.
“Al principio estaba un poco enfadado conmigo mismo, porque tuve muchas oportunidades en el primer set: varias bolas de break, incluso una bola de set, y no pude aprovecharlas. Sentí que había dejado escapar grandes oportunidades, y a veces es difícil aceptarlo. Pero al comienzo del segundo set él jugó a un nivel muy alto en el juego en el que me rompió el saque. Así que lo acepté, intenté mantenerme fuerte mentalmente y lo más tranquilo posible, y seguir luchando”.
Ese es el punto. Antes, en días así, a Alcaraz se le veía discutir con el partido: querer ganarlo de golpe, acelerar, forzar. Aquí no. Aquí lo sostuvo. Y cuando lo sostuvo, el partido empezó a devolverle cosas. Recuperó el break, estabilizó el saque, y fue metiendo al francés en un guion cada vez más físico, más largo y menos favorable para su plan agresivo de primeras intenciones.
“Sabía que iba a tener más oportunidades y que si no estaba ahí, no podría aprovecharlas. Lo principal era mantenerme en el partido en todo momento, intentar ganar mis juegos de servicio y meter presión en los suyos, y ver qué pasaba, intentando hacerlo de la mejor manera posible”.
“Creo que aquí todo es muy tranquilo. Sentimos que todo está muy bien organizado. Tenemos nuestras zonas para calentar, no sentimos que estemos apretados o con poco espacio. Hay muchos lugares para relajarse y pasar el rato. Está genial. Además, creo que a muchos jugadores les encanta jugar al golf, y aquí es prácticamente el paraíso para eso. Creo que eso también ayuda a que el ambiente del torneo sea muy bueno”.
Octavos ya. La segunda semana ya. Y una idea que se repite: Alcaraz no está ganando solo por el nivel, sino por la capacidad de aceptar el desorden y convertirlo en método. Incluso cuando, por dentro, sienta que le toca jugar contra 'Federer' en cada ronda.