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Cobolli: “Tengo que estar orgulloso de mí mismo e intentarlo otra vez”

El italiano cedió la final de Roland Garros en cinco sets ante Zverev
June 07, 2026
Flavio Cobolli en acción contra Alexander Zverev el domingo en la final de Roland Garros.
Matthew Stockman/Getty Images
Flavio Cobolli en acción contra Alexander Zverev el domingo en la final de Roland Garros. By Redacción ATP

Flavio Cobolli se quedó a un set de ganar Roland Garros, pero no se marchó de París vacío. El italiano perdió la final ante Alexander Zverev en una tarde que terminó con su cuerpo al límite y con el alemán levantando por fin su primer título de Grand Slam. Para Cobolli, sin embargo, la derrota no borró dos semanas que cambiaron la dimensión de su carrera. Su primera final grande llegó antes de lo que él mismo podía imaginar y le dejó una mezcla muy reconocible: dolor competitivo, orgullo y la certeza de haber abierto una puerta que ahora querrá volver a cruzar.

Lo primero que hizo fue mirar al otro lado de la red. No desde la frustración, sino desde el respeto. “Quiero felicitar a Sascha por el título”, dijo. “Creo que lo merece. También creo que hoy lo mereció más que yo al final del partido”. Cobolli no lo decía únicamente porque Zverev hubiera ganado el último punto, sino por todo lo que arrastraba la carrera del alemán hasta esta final. A sus ojos, el título también premiaba una década de insistencia, grandes resultados y finales que se le habían escapado al No. 3 del PIF ATP Rankings.

“Dije que lo merecía más que yo porque al final ganó”, explicó después. “Pero también porque Sascha lleva 10 años aquí, ha hecho muchos grandes resultados y creo que merece un Grand Slam por todo lo que ha hecho en su carrera”.

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Esa lectura dejó una imagen interesante del italiano. Cobolli acababa de perder la final más importante de su vida, después de forzar un quinto set y de estar cerca de convertir la tarde en una historia todavía más grande. Aun así, encontró espacio para reconocer el camino de su rival. Quizá porque él también empieza a entender que las carreras no se explican solo por un partido. Zverev necesitó años para llegar a ese momento. Cobolli acaba de descubrirlo por primera vez.

“Estoy contento con cómo jugué mi primera final de Grand Slam”, aseguró. “Nunca es fácil jugar por primera vez en este escenario, en este tipo de partidos. Hoy sentí un poco de presión, quizá más que él”.

El partido tuvo varios momentos que pudieron cambiarlo todo. Después de un primer set muy duro, Cobolli logró entrar en la final, igualó el encuentro, volvió a quedarse por detrás y terminó arrancando el cuarto parcial en un tie-break cargado de tensión. En ese desempate hubo dos puntos que explicaron bastante bien su tarde. Primero falló una volea aparentemente cómoda. Después soltó una derecha extraordinaria. Cuando le preguntaron qué se le pasó por la cabeza, sonrió y respondió con una frase muy suya: “Cerré los ojos”. Quizá lo hizo en más de un punto. “Tal vez en los dos”, añadió. “Me sentía cansado en el tie-break, pero me dije: ‘Vamos, ve a por ello. Quizá entra, ganas el set y luego vemos qué pasa en el quinto’. A veces cerrar los ojos ayuda”.

Ese impulso le permitió llevar la final al quinto set. Pero ahí el cuerpo dejó de acompañarle. Cobolli reconoció que empezó a sentir calambres en el gemelo después del tie-break del cuarto parcial. Intentó aprovechar el descanso, tomó los cinco minutos disponibles y buscó una manera de seguir, pero el margen físico desapareció muy rápido. “Mi gemelo se fue”, admitió. “Después del segundo juego también sentí el cuádriceps y estaba completamente cansado. Mi cuerpo me dejó en la pista”.

La frase resume la crudeza del último parcial. Cobolli no perdió la final porque dejara de creer desde el primer momento, sino porque llegó a la frontera física de un torneo que le había exigido muchísimo. Dos semanas de Grand Slam, una primera final, la presión de un escenario nuevo y un rival con más recorrido terminaron juntándose en el tramo decisivo. Zverev también mostró señales de cansancio, pero el italiano sintió que el alemán tenía más recursos para manejar ese territorio.

“Noté que él también estaba cansado”, explicó. “Creo que se tomó un poco más de tiempo que yo, quizás le ayudó. Pero lleva 10 años estando aquí y quizá sabe mejor que yo qué hacer en los puntos cruciales. También creo que estaba más fresco que yo en el quinto”.

Esa diferencia de experiencia fue una de las claves invisibles de la final. Cobolli venía de completar las mejores dos semanas de su vida deportiva, pero la última tarde le colocó ante un tipo de partido que solo se aprende jugando. La presión de una final de Grand Slam no se puede entrenar del todo. Tampoco se puede simular el peso de un quinto set después de casi todo el torneo en las piernas. París le entregó una lección dura, pero también una confirmación enorme.

“Quiero darme las gracias a mí mismo por lo que hice estas dos semanas”, dijo. “Nunca esperé en mi vida este tipo de resultado y estoy muy orgulloso de mí”.

Ahí estuvo el verdadero balance. Cobolli no quiso quedarse atrapado en la derrota. Eligió sonreír, pasar la noche con sus amigos, con la gente que quiere, y recordar que había disputado una final de Grand Slam cuando casi nadie le colocaba en esa conversación al inicio del torneo. “Es una final de Grand Slam”, recordó. “Creo que nadie en esta sala esperaba mucho de mí. Tengo que estar orgulloso de mí mismo e intentarlo otra vez”.

La pregunta, naturalmente, es si esta final puede ser el principio de algo más. Cobolli no quiso prometer nada. Sabe que el tenis no entrega garantías por haber alcanzado una gran ronda. Pero también entiende que una vez que un jugador pisa ese lugar, la imaginación cambia de tamaño. “Eso no se puede predecir”, dijo sobre la posibilidad de volver a una final de Grand Slam. “Pero lo intentaré. Lo intentaré una y otra vez. Cuando alcanzas la primera final, ¿por qué no la segunda?”.

El italiano se siente todavía en construcción. No quiso presentar estas dos semanas como una cima cerrada, sino como una señal de lo que puede ocurrir si mantiene el trabajo y conserva la alegría. “Creo que merezco estar aquí por estas semanas”, afirmó. “Quizá no en los próximos diez o quince Grand Slam, pero sigo siendo joven. Tengo que trabajar mucho, disfrutar este viaje y quizá, si combino trabajo y disfrute, pueda volver a alcanzar una final”.

Cobolli se marchó de Roland Garros sin el título, pero con una frase que puede acompañarle durante mucho tiempo: intentarlo otra vez. Su cuerpo no pudo sostener el quinto set, Zverev tuvo más oficio en el último tramo y la copa quedó en manos del alemán. Pero el italiano descubrió en París que su tenis puede convivir con las mayores alturas del circuito.

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