Carlos Alcaraz llegó a Nueva York con una necesidad diferente a la de cualquier otro candidato al título. Mientras buena parte de sus principales rivales aterrizaron en el US Open después de atravesar la gira norteamericana y acumular partidos en Canadá o Cincinnati, el español necesitaba recuperar en cuestión de días algo que ningún entrenamiento puede reproducir completamente: el ritmo de competición.
Cuatro meses después, volver a sentirse tenista.
Ese ha sido el objetivo de sus primeros días en Flushing Meadows. Alcaraz no disputa un encuentro individual desde que la lesión en la muñeca derecha interrumpió su temporada en el Barcelona Open Banc Sabadell, el pasado mes de abril. Desde entonces ha pasado por diferentes etapas de recuperación, ha aumentado progresivamente las cargas de trabajo y terminó preparando su viaje a Estados Unidos con sesiones cada vez más exigentes en España.
Nueva York representa el último paso.
Y Alcaraz está intentando aprovechar cada jornada para llegar a su estreno individual con la mayor cantidad posible de tenis en el cuerpo.
El murciano comenzó la semana buscando precisamente situaciones que se aproximasen algo más a la competición. Su primer examen llegó ante Daniel Mérida, una de las grandes revelaciones españolas de la temporada.
Después de tantos meses sin partidos, Alcaraz necesitaba volver a encontrarse con situaciones que un cesto de bolas no puede ofrecer. Sacar con 30-30. Defender una bola de break. Elegir bajo presión. Encadenar varios juegos sin detener el entrenamiento para realizar correcciones.
En definitiva, volver a tomar decisiones con un marcador delante.
El siguiente paso elevó todavía más la exigencia.
Arthur Fils apareció al otro lado de la red después de conquistar Cincinnati y convertirse en uno de los jugadores que llegan con mayor confianza al último Grand Slam de la temporada. Alcaraz volvió a disputar puntos y juegos competitivos ante el francés, aumentando la intensidad de una preparación que está diseñada precisamente para enfrentarle a jugadores con ritmo antes de comenzar el torneo.
Los resultados de esas sesiones tienen una importancia relativa. Lo verdaderamente relevante está en otro lugar: la muñeca responde y Alcaraz puede volver a exigirla ante jugadores que golpean la pelota con la velocidad y la intensidad que encontrará cuando comience el US Open.
Pero ningún entrenamiento podía ofrecerle lo que llegó después.
Serena Williams.
La participación de Alcaraz en el dobles mixto adquirió inmediatamente una dimensión histórica por la identidad de su compañera, pero para el español escondía también un valor deportivo enorme. Sus dos partidos junto a Serena fueron sus primeros encuentros oficiales desde Barcelona.
Cuatro meses después, volvió a tener un árbitro en la silla, público en las gradas y un resultado que importaba.
Alcaraz y Serena comenzaron derrotando a Erin Routliffe y Lloyd Glasspool y alcanzaron los cuartos de final. Allí se encontraron con Belinda Bencic y Flavio Cobolli, que terminaron imponiéndose en dos sets. El recorrido fue corto, pero permitió al español acumular dos encuentros en el Arthur Ashe Stadium antes de afrontar su verdadero objetivo.
Entre ambos estuvo casi dos horas en pista.
El dobles mixto, evidentemente, no reproduce las demandas de un partido individual al mejor de cinco sets. Los desplazamientos son diferentes, los puntos generalmente más cortos y el nuevo formato del torneo reduce considerablemente la duración de los encuentros. Pero después de semejante periodo de inactividad, cada situación competitiva tiene valor.
Especialmente para comprobar la muñeca.
Alcaraz pudo sacar, restar, reaccionar a golpes imprevisibles y sentir nuevamente la tensión que aparece cuando hay algo en juego. También regresó al Arthur Ashe, el estadio donde dentro de unos días comenzará la defensa de la corona conquistada hace un año.
El miércoles, su equipo decidió cambiar completamente el plan: descanso y recuperación, sin entrenamiento en pista. Después de tantos meses midiendo cuidadosamente las cargas sobre la muñeca derecha, tampoco existe ninguna necesidad de recuperar cuatro meses en cuatro días.
Ahí está el equilibrio que Alcaraz y su equipo deben encontrar durante esta semana.
Necesita tenis, pero también necesita llegar fresco. Necesita puntos, pero no acumular una carga innecesaria. Y necesita comprobar hasta dónde puede exigir la muñeca sin olvidar que la verdadera prueba empezará cuando los partidos puedan extenderse durante tres, cuatro o cinco sets.
Alcaraz puede entrenar durante horas y disputar sets ante Mérida o Fils. Puede jugar dos encuentros de dobles mixto y comprobar que la articulación responde. Todo suma. Pero nada reproduce completamente lo que encontrará en el cuadro individual.
La competición tiene otra velocidad.
También otra tensión.
Y, sobre todo, otra duración.
Por eso estos días previos adquieren una importancia que normalmente no tendrían para un jugador de su experiencia. Alcaraz no está simplemente ultimando detalles antes de un Grand Slam. Está terminando una especie de pretemporada acelerada dentro del propio US Open.
Cada jornada cumple una función.
Mérida le permitió disputar su primer set de entrenamiento serio en Nueva York. Fils aumentó la velocidad y la exigencia. Serena le devolvió oficialmente a la competición. Ahora queda seguir sumando.
El cuadro individual del US Open comenzará el domingo, de manera que Alcaraz todavía dispone de varios días para continuar aumentando progresivamente la intensidad antes de disputar su primer encuentro individual desde abril. El sorteo de este jueves terminará además de poner nombre al rival que tendrá enfrente en ese regreso.
No será una preparación convencional.
Tampoco podía serlo.
Cuando un jugador lleva cuatro meses fuera del circuito, la prioridad no consiste en llegar a Nueva York jugando su mejor tenis. Sería poco realista esperar que Alcaraz pueda recuperar inmediatamente todos los automatismos que proporciona la competición.
La prioridad es acortar distancias.
Que cada entrenamiento le acerque un poco más al ritmo que tenía antes de la lesión. Que cada set permita recuperar decisiones automáticas. Que cada saque sirva para aumentar la confianza en una muñeca que durante meses condicionó toda su planificación.
Y que el cuerpo vuelva a recordar qué significa competir día tras día.
Alcaraz conoce perfectamente el lugar elegido para hacerlo.
Nueva York fue el escenario de su primer título de Grand Slam en 2022 y vuelve ahora como vigente campeón, después de conquistar nuevamente el US Open en 2025. Su relación con Flushing Meadows está construida alrededor de algunos de los momentos más importantes de su carrera.
Esta vez llega desde un punto completamente diferente.
No aterriza después de una gira preparatoria ni con decenas de partidos acumulados durante los últimos meses. Llega después de rehabilitación, gimnasio, sesiones progresivas, semanas midiendo la respuesta de la muñeca y cuatro meses observando el circuito desde fuera.
Por eso sus primeros días en Nueva York cuentan una historia distinta.
Después de cuatro meses, Alcaraz necesita precisamente eso: partidos, puntos, decisiones, desplazamientos, tensión.
Temperatura.
Todavía le quedan unos días para seguir encontrándola.
Y cuando llegue finalmente el momento de saltar a la pista para defender su título, terminará el entrenamiento más largo de todos.
El de volver a competir.