Carlos Alcaraz llevaba 139 días esperando una respuesta que ningún entrenamiento podía darle.
Podía golpear durante horas. Jugar sets. Subir progresivamente la intensidad. Entrenarse con Daniel Mérida, Arthur Fils, Ben Shelton, Karen Khachanov o Stan Wawrinka. Podía incluso recuperar parte de la tensión competitiva en el dobles mixto junto a Serena Williams.
Pero faltaba esto. Un partido individual. Un Grand Slam. Y la incertidumbre de no saber exactamente qué ocurriría cuando el cuerpo tuviese que volver a responder a las exigencias de competir al mejor de cinco sets.
Alcaraz superó este lunes a Roman Safiullin en su regreso a la competición individual, 139 días después de su último partido en Barcelona. Más allá del resultado y de alcanzar la segunda ronda del US Open, el español salió del Arthur Ashe con una primera respuesta importante: pudo competir, pudo exigirse y pudo hacerlo sin que el cuerpo frenase su regreso.
No significa que todas las dudas hayan desaparecido.
De hecho, estuvieron presentes durante el partido.
“Al final un Grand Slam demanda mucho físicamente y con los nervios extras de ser el primer partido después de tanto tiempo, lidiar con ello nunca es fácil”, reconoció Alcaraz después de abandonar la pista.
Durante cuatro meses, la pregunta principal había estado relacionada con la muñeca derecha. Una vez recuperada, apareció otra diferente.
La resistencia.
“El hecho de pensar si iba a aguantar bien físicamente tres, cuatro, cinco sets, lo que demandara el partido… Son dudas que van pasando después de haberme perdido dos Grand Slams”.
Alcaraz se perdió Roland Garros y Wimbledon. Para encontrar su último partido al mejor de cinco sets había que regresar hasta el Abierto de Australia, muchos meses atrás. El cuerpo había dejado de convivir con una exigencia que únicamente aparece cuatro veces durante la temporada.
“El último que jugué en Australia fue hace tiempo. El cuerpo se acostumbra a no jugar a cinco sets y cuando vuelves otra vez a ese ritmo de competición en un Grand Slam, físicamente piensas si vas a aguantar o no”.
Ese era uno de los grandes interrogantes de su regreso.
No únicamente comprobar cómo respondía la muñeca a una derecha exigida o a varias horas de golpes. También descubrir qué ocurría cuando el cansancio empezaba a acumularse y no existía la posibilidad de decidir cuándo terminaba el entrenamiento.
Safiullin debía marcar la duración.
Alcaraz consiguió limitarla a tres sets.
Y eso permitió superar el primer examen sin necesidad de encontrar todavía la respuesta más extrema.
“Contento de haber podido mantener un buen nivel físico y mental durante tres sets, así que veremos a ver lo que viene”.
Ahí está también el siguiente paso.
Porque Alcaraz sabe que superar la primera ronda no significa haber recuperado automáticamente todo aquello que perdió durante 139 días.
Hay elementos que únicamente vuelven compitiendo.
Ritmo.
Gestión.
Control.
El español considera que su tenis apareció a un nivel suficientemente alto desde el primer partido. Lo que todavía necesita recuperar está alrededor de los golpes.
“Yo creo que hoy he jugado a un nivel de tenis bueno. Es el simple hecho de, en ciertos momentos, saber cómo lidiar con los nervios, con la presión, de saber cómo jugar”.
Después de tantos meses preparando el regreso, Alcaraz necesita ahora aprender nuevamente a competir. Parece una diferencia pequeña. No lo es.
Durante un entrenamiento se puede detener una sesión, repetir una situación o reducir la intensidad. Un partido obliga a gestionar continuamente tiempos y emociones. Saber cuándo acelerar. Cuándo recuperar. Cómo respirar entre puntos después de un intercambio largo. Cómo prepararse para el siguiente sin consumir energía innecesaria.
“Entre punto y punto, tener un control del ritmo adecuado, mantenerte tú adecuadamente para poder jugar puntos largos uno tras otro”.
Eso no aparece inmediatamente después de cuatro meses fuera.
Hay que recuperarlo jugando.
“Eso es lo que vamos a coger, lo cual eso me hará también aumentar el nivel de tenis”.
Por eso Alcaraz se marchó satisfecho.
No porque considere terminado el proceso.
Precisamente porque acaba de empezar la parte que le faltaba.
“Después de tanto tiempo sin competir, el hecho de cómo he jugado hoy, la verdad que ha sido un muy buen partido”.
Durante toda la semana previa al US Open, el murciano había intentado reducir la distancia entre entrenamiento y competición. Cada día aumentó la dificultad. Buscó diferentes tipos de pelota, rivales de máxima exigencia y situaciones cada vez más parecidas a las que encontraría cuando comenzase el torneo.
Pero el lunes llegó algo imposible de simular.
Los nervios.
Y Alcaraz también los echaba de menos.
Su balance después del regreso distingue entre dos aspectos: el nivel de tenis y el disfrute.
Ganó el segundo.
“Te diría que más disfrute que nivel de juego, pero ambas están bastante arriba”.
No era casualidad.
Alcaraz y su equipo habían decidido antes del partido que, independientemente de lo que ocurriera, había una idea que debía permanecer durante toda la tarde.
Estaba otra vez allí.
“Teníamos muy claro, tanto mi equipo como yo, que hoy era disfrutar, saltar a la pista, intentar hacer las cosas que vengo haciendo”.
Por supuesto, ganar seguía importando.
Alcaraz ya había avisado antes del torneo de que odiaba perder y llegaba a Nueva York dispuesto a competir por todo. La lesión podía modificar sus expectativas inmediatas, pero no su naturaleza competitiva.
El desafío estaba en conseguir que esa necesidad de ganar no borrase el significado del momento.
“Obviamente queríamos hacerlo mejor para poder ganar, pero sobre todo para estar fuerte mentalmente y sereno para aguantar todo lo que venga, si van a venir malos momentos, buenos…”.
Y entonces aparece probablemente la frase que mejor explica cómo afrontó su regreso.
“Siempre sin olvidar que hemos vuelto a una pista de tenis, que hemos vuelto a competir”.
Durante 139 días, eso fue precisamente lo que no pudo hacer.
Alcaraz quería recordárselo incluso si Safiullin conseguía complicar el partido. Si aparecía un mal set. Si el nivel bajaba. Si los nervios le impedían jugar como quería.
“Tenerlo siempre muy presente para que no se me apague la alegría en caso de que hubiese habido malos ratos”.
La alegría sobrevivió.
También la muñeca.
Y detrás de esa tranquilidad existe otro elemento que Alcaraz considera fundamental: la confianza absoluta en las personas que han dirigido su recuperación.
No ha necesitado ningún trabajo mental específico para eliminar el miedo después de la lesión.
Ha necesitado creer en su equipo.
“Yo creo que también el miedo lo pierdo con la confianza que tengo en mi equipo”.
Durante estos meses, cada incremento de carga ha estado condicionado por la respuesta de su cuerpo. Primero hubo que recuperar movilidad. Después golpes. Más tarde intensidad. Finalmente llegaron los entrenamientos largos y las situaciones competitivas.
Alcaraz decidió delegar una parte importante de esas decisiones.
“Si ellos me dicen que tengo que ir a ‘full’, yo voy a ir a ‘full’. Si ellos me dicen que tengo que hacer una cosa, yo la voy a hacer”.
Eso le permitió llegar al Arthur Ashe sin tener que preguntarse en cada movimiento cuánto podía exigir a la muñeca.
“La confianza plena que tengo en mi equipo es lo que me hace a mí estar más tranquilo, lo que me hace no pensar en nada más allá de lo que tengo que hacer en pista”.
No hubo ninguna fórmula especial.
“Nunca hemos hecho ningún trabajo específico ni ningún trabajo diferente en tema mental para perder ese miedo”.
Confianza.
Trabajo.
Y tiempo.
139 días.
Alcaraz ya había explicado antes de empezar el torneo que su prioridad en Nueva York era salir sano, competir y comprobar que tanto la muñeca como el cuerpo respetaban el regreso. También había dejado claro que no quería establecer una ronda concreta como objetivo.
El primer paso ya está dado.
Quedan preguntas.
Todavía no sabe cómo responderá su cuerpo si un partido se prolonga durante cuatro horas. Tampoco ha recuperado todo el ritmo competitivo que necesita para aspirar a su mejor nivel. Él mismo reconoce que debe gestionar mejor los nervios, los tiempos y la energía entre puntos.
Pero ahora existe una diferencia fundamental.
Ya puede trabajar esas cosas compitiendo.
Durante cuatro meses, todo estuvo dirigido hacia el regreso.
Desde este lunes, el regreso ya es pasado.
Carlos Alcaraz vuelve a ser un jugador dentro de un torneo.