Stan Wawrinka conectó una derecha de aproximación tan profunda que, cuando Daniel Evans respondió con su revés, el suizo fue capaz de cerrar el punto con una volea ganadora.
Afrontando punto de partido en la tercera ronda del US Open 2016, Wawrinka firmó un golpe simbólico del rendimiento bajo presión que mostró camino del título en Flushing Meadows. El helvético sobrevivió a Evans en cinco mangas y, ocho días después, batió al No. 1 mundial Novak Djokovic para levantar su tercera copa de Grand Slam.
Diez años después de ese momento mágico en Nueva York, antes de la última visita de Wawrinka al torneo, ATPTour.com conversó con el suizo para recordar aquel inmenso viaje hasta el trofeo. Un camino en el que salvó un punto de partido, luchó contra el calor y la humedad hasta, finalmente, superar al vigente campeón.
"Aquellas dos semanas fueron muy especiales", dijo Wawrinka. "Levanté un punto de partido en la tercera ronda ante Dan Evans,... Después, vino ese fin de semana decisivo. Lo que más me enorgullece fue superar esos últimos días. Aquello fue un reto, con condiciones calurosas y húmedas para todos los jugadores".
"Recuerdo que las semifinales y la final fueron muy complicadas, tanto físicamente como por el clima. Fue un fin de semana muy duro, pero Nueva York es muy especial para mí. Es una de mis ciudades favoritas y ganar el US Open ocupa un lugar muy destacado en mi carrera".
Aunque el calor y las condiciones pusieron a prueba a Wawrinka, el suizo no pestañeó hasta completar su objetivo. Superó al antiguo subcampeón Kei Nishikori para alcanzar su tercera final de Grand Slam en tres años, citando a Djokovic, vigente campeón y No. 1 mundial.
Wawrinka ya había demostrado su capacidad para competir a alto nivel en las rondas decisivas de un Grand Slam. El helvético había ganado las dos finales grandes disputadas en el Abierto de Australia 2014 y en Roland Garros 2015, batiendo a Rafael Nadal y Djokovic, respectivamente. Esta ocasión, sin embargo, parecía diferente.

Stan Wawrinka compite ante Novak Djokovic en la final del US Open 2016. Fotografía: Michael Reaves/Getty Images.
Era su primera final del US Open, y la presión fue evidente antes incluso de saltar a la pista. Wawrinka había roto en lágrimas después de tener una emotiva conversación con su entrenador Magnus Norman.
"Fue un momento estresante — puede suceder en el deporte", dijo Wawrinka. "Me sentía muy nervioso antes de la final. No fue la preparación más sencilla, pero tuve una buena conversación con Marcus. Me ayudó mucho a superar ese momento. Me ayudó a estar en el presente y no pensar demasiado en el desenlace".
"Era mi tercera final. Ya tenía 32 años. Quizá pensé demasiado que podría ser mi última oportunidad, la última opción de ganar un Slam. Era mi primera final en el US Open y me decía a mí mismo: 'No quiero perderla'. Hay muchas cosas que vives como jugador, como deportista. Al final, hice lo correcto sobre la pista. Eso era lo más importante".
Quizá Wawrinka tuviera motivos para sentir tensión. Djokovic había levantado el título un año atrás y afrontaba su séptima final del US Open. Por su parte, Stan aspiraba a convertirse en el segundo campeón del US Open más veterano de la Era Abierta. Con 31 años y cinco meses, pisaba un terreno rara vez conocido por campeones de Grand Slam.
Sin embargo, una vez comenzó el partido, los nervios de Wawrinka desaparecieron. Después de que Djokovic ganase el primer set en el tiebreak, el suizo comenzó a tomar el control con su contundente estilo de juego, conectando 46 golpes ganadores para lograr la victoria por 6-7(1), 6-4, 7-5, 6-3 tras tres horas y 55 minutos.
Gracias a la victoria, Wawrinka aseguró su tercer trofeo de Grand Slam en tres finales. Además, en cada una de esas finales derrotó al No. 1 del PIF ATP Rankings: Nadal en Melbourne, y Djokovic en París y Nueva York.
"Estoy feliz con esa estadística", dijo Wawrinka con una sonrisa. "Siempre he sido alguien que construía su confianza a lo largo de las dos semanas. Jugaba mejor cuanto más lejos llegaba. Sabía que tenía todo lo necesario para plantarles cara, así que conforme avanzaba en el torneo mejor me sentía. Tenía la seguridad de poder derrotar a cualquiera".

Stan Wawrinka gana el US Open 2016. Fotografía: Chris Trotman/Getty Images for USTA
Eso fue exactamente lo que sucedió ese año en Nueva York. Cuando llegó el fin de semana de las finales, Wawrinka portaba una gran elegancia sobre la pista, disparando golpes ganadores desde cualquier punto y logrando un nivel suficiente para completar una gesta: convertirse en el quinto hombre de la Era Abierta con múltiples títulos de Grand Slam pasados los 30 años.
"Hay muchas cosas que deseas hacer bien, siempre te pones presión sobre los hombros", dijo Wawrinka. "Cuando lo haces, estás algo más nervioso. Al final, la mejor manera de responder es sabiendo que te has preparado lo mejor posible. Has entrenado de la manera correcta y tu nivel está allí para competir".
Diez años después, Wawrinka regresará a las mismas pistas para disputar el US Open por última vez. Una década después, el punto de partido ante Evans, las lágrimas con Norman y la victoria en cuatro mangas sobre Djokovic son recuerdos de una quincena mágica. Un tiempo en el que, una vez más, Wawrinka encontró su mejor tenis en el momento de máxima presión.
Quizá esa sea la manera más precisa de recordar su triunfo en Nueva York: Stan no hizo que la presión desapareciera. Encontró una manera de atravesarla.