Jaume Munar llegó a Wimbledon con muy poco margen para preparar la gira de hierba. Una lesión que había condicionado gran parte de su primera mitad de temporada, 10 días de trabajo tras Roland Garros para intentar recuperar sensaciones, una operación de muela, una semana sin tocar la raqueta, una infección posterior y otro paso por el dentista. En ese contexto, el estreno ante Juan Manuel Cerúndolo, vigente campeón de Queen’s, parecía una prueba difícil de calibrar.
El resultado, 6-1, 6-4, 6-3, fue una de las victorias más llamativas de la primera ronda.
Munar derrotó al argentino y abrió su participación en el All England Club con una actuación sostenida desde un golpe que considera imprescindible para competir en el tenis actual: el saque. No cedió el servicio en todo el partido, encontró una versión más directa de su juego y aprovechó una superficie que, según explicó, le permite ser más agresivo sin tener que cargar tanto el partido sobre las piernas.
“También estoy sorprendido, la verdad”, reconoció después. “Han sido meses complicados. El último mes ha sido un tanto turbulento con todo lo que me ha pasado”.
El mallorquín no escondió que su preparación para Wimbledon había quedado prácticamente reducida a la mínima expresión. Tras Roland Garros decidió no tomarse el descanso habitual. Quería construir un buen bloque de entrenamiento y llegar preparado a una gira en la que llevaba años poniendo expectativas. El plan, sin embargo, se rompió pronto.
“Después de París tuve un buen bloque de entrenamiento, me preparé bien”, explicó. “Pero después hubo pequeños contratiempos. Lo de la muela hizo que me tuviera que volver, operarme y estar una semana sin tenis. Fui a Eastbourne, después tuve una pequeña infección, tuve que volver al dentista y vine aquí el jueves. La preparación ha sido prácticamente nula”.
La frase ofrece el contexto, pero no explica por sí sola lo que pasó en pista. Munar no ganó por sobrevivir. Ganó porque encontró herramientas para competir de tú a tú ante uno de los jugadores con más confianza de la gira de hierba, después de conquistar Queen’s. Y, sobre todo, porque logró trasladar su tenis a un patrón más práctico.
“Sabía que, si había algo que dependía de mí y que podía ser fundamental, era el saque”, señaló. “Creo que ha funcionado muy bien”.
El servicio se convirtió en una especie de refugio. Munar lleva tiempo trabajando ese golpe y entiende que, cuando el estado físico no permite sostener todos los intercambios que le gustaría, puede ser la vía para reducir el desgaste y mantener opciones ante los mejores. En Wimbledon, donde el primer golpe tiene un peso especial, esa idea cobró todavía más sentido.
“Es una superficie que me permite ser un poco más agresivo con el saque, un poco más agresivo en el juego y no depender tanto de mi físico”, explicó. “Eso me ayuda y me permite ser más práctico de lo que otras superficies te permiten”.
No es una lectura habitual asociada a Munar, un jugador acostumbrado a construir desde el fondo, competir cada pelota y encontrar valor en los partidos largos. Pero la hierba le ofrece una versión distinta de sí mismo. Puede sacar para dominar antes, puede acortar los intercambios y, cuando el punto se alarga, todavía encuentra una pista que le permite entrar en los intercambios sin sentirse completamente fuera de lugar.
“Wimbledon para mí es diferente a todo”, dijo. “Lo que más se parece, aunque sea un poco más lento, es Queen’s. Aquí es una pista muy rápida con el saque y el primer tiro, pero después se vuelve más lenta en el peloteo. Eso me ayuda en los primeros golpes y luego también a entrar en el rally cuando tengo que hacerlo”.
Esa descripción ayuda a entender por qué el debut podía encajarle mejor de lo que sugería la falta de rodaje. Munar no llegaba con una preparación ideal, pero sí con un plan reconocible. Asegurar el saque. Ser agresivo desde el inicio. No regalar terreno. Y aceptar que, en el momento físico actual, debía encontrar maneras de competir que no dependieran exclusivamente de su capacidad de desgaste.
“El saque hoy en día es primordial en tierra, en rápida, indoor y hierba”, insistió. “Probablemente aquí se acentúa, pero es primordial en cualquiera de ellas”.
El triunfo también tuvo un componente emocional. Munar venía de una temporada exigente, especialmente si se compara con el curso anterior. El mallorquín había vivido nueve años de carrera con pocos problemas físicos importantes y, de pronto, tuvo que convivir con una lesión más seria que le limitó durante meses. Volvió a competir en Barcelona, aunque admite que entonces aún no estaba en condiciones de hacerlo al 100%.
“Lo hice por tema médico, porque me aconsejaron que el hueso se fuera acostumbrando a esas cargas”, explicó. “Realmente ahora es cuando me notaba bien y preparado otra vez”.
La preparación posterior a Roland Garros respondía a esa necesidad. Munar decidió invertir esos días en recuperar base física y mental, en lugar de desconectar. El golpe de la muela llegó justo después, en un momento en el que sentía que empezaba a estar listo para avanzar. La frustración era inevitable, pero su manera de contarlo evitó el dramatismo.
“Somos tenistas y somos personas”, dijo. “A cualquier persona que trabaje en una oficina, en un hospital o en una farmacia le puede pasar lo de la muela. Igual no le perjudica tanto porque está en casa, pero la realidad es que son cosas del día a día”.
La frase resume una forma serena de convivir con un año irregular. Munar no niega que resulte frustrante cuando el trabajo no se traduce inmediatamente en continuidad. Pero tampoco quiere convertir cada contratiempo en una explicación definitiva de la temporada.
“Cuando lo vea con perspectiva, diré: ‘He jugado a tenis 15 años y en 2026 me pasó esto’”, apuntó. “Sigo confiando plenamente en mis posibilidades. No he estado preparado esta primera mitad de año, es una realidad, pero el tenis está ahí, como demostré el año pasado”.
Ese convencimiento apareció en Wimbledon cuando menos margen parecía haber. Ganar a Cerúndolo no borra los meses anteriores ni convierte de golpe la temporada en una línea ascendente. Pero sí le devuelve una referencia importante: su nivel puede aparecer incluso después de una preparación improvisada, siempre que consiga apoyarse en las partes de su juego que mejor funcionan.
El servicio fue la principal. La capacidad para ser más agresivo, la consecuencia. Y la victoria, ante el campeón de Queen’s, una dosis de aire para un jugador que necesitaba recordar que el camino sigue abierto.
Munar no llegó a Londres en las condiciones que había imaginado. Pero en su primer partido encontró una respuesta que puede acompañarle durante el resto del torneo: incluso con poco entrenamiento y muchos obstáculos alrededor, todavía tiene tenis para competir con cualquiera.