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De dos en dos: Sinner busca lo que Djokovic y Alcaraz lograron en esta década en Wimbledon

El italiano debutará ante Miomir Kecmanovic
June 26, 2026
Jannik Sinner, durante un entrenamiento en Wimbledon.
Adrian Dennis/Getty Images
Jannik Sinner, durante un entrenamiento en Wimbledon. By Redacción ATP

Wimbledon lleva cinco años hablando en parejas.

En esta década, Wimbledon solo ha tenido dos campeones capaces de volver al año siguiente y defender el título. Novak Djokovic lo hizo en 2021 y 2022. Carlos Alcaraz repitió la secuencia en 2023 y 2024. Ahora, Jannik Sinner llega a Londres como campeón de 2025 con la opción de convertirse en el tercero.

El reto no es menor. Defender Wimbledon no consiste únicamente en ganar otros siete partidos sobre hierba. Significa volver a la Centre Court con una condición diferente, la de campeón, y sostener durante dos semanas una autoridad que los rivales ya conocen. Djokovic y Alcaraz lo consiguieron en las dos primeras parejas de títulos de esta década. Sinner busca prolongar esa cadena.

La secuencia tiene algo poco habitual incluso para un torneo acostumbrado a los grandes dominadores. Wimbledon ha tenido épocas de reinados largos, desde Bjorn Borg hasta Pete Sampras, Roger Federer o el propio Djokovic. Pero la fotografía reciente presenta un relevo muy limpio. Un campeón gana dos veces. Otro aparece, toma el control y gana otras dos. Después llega un tercero con la posibilidad de mantener el patrón.

Sinner tiene esa oportunidad.

El italiano aterriza en Londres después de haber conquistado por primera vez el título en 2025, una victoria que cambió su relación con la hierba y con el torneo. Ganar Wimbledon no es únicamente añadir un Grand Slam al palmarés. Supone entrar en un escenario donde la historia pesa más que en ningún otro lugar, donde cada campeón pasa a formar parte de una lista corta y donde defender la corona requiere algo más que repetir una buena semana.

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Djokovic conoce bien esa exigencia. El serbio ganó Wimbledon en 2021 y volvió a levantar el trofeo en 2022, prolongando una etapa de dominio que había comenzado antes, con sus títulos de 2018 y 2019. La cancelación de la edición de 2020, como consecuencia de la pandemia por la covid-19, interrumpió el calendario, pero no su autoridad sobre la superficie. Cuando el torneo regresó, Djokovic volvió a imponerse como si el paréntesis no hubiera existido.

Su doblete de 2021 y 2022 tuvo mucho de continuidad. Djokovic llegaba a Wimbledon con una confianza enorme, un servicio cada vez más fiable, una devolución capaz de desactivar a los mejores sacadores y una lectura de los momentos decisivos que le permitía jugar los desempates y los finales de set con una serenidad difícil de igualar. En una superficie donde un par de puntos pueden decidir un partido, esa capacidad se volvió decisiva.

Alcaraz fue quien rompió esa secuencia.

En 2023, el español derrotó a Djokovic en una final a cinco sets que modificó la sensación de época. No solo venció al siete veces campeón en la Centre Court; lo hizo en un partido donde tuvo que sobrevivir a una primera manga muy dura, competir en una dimensión física y emocional enorme y encontrar soluciones ante el jugador que mejor había entendido Wimbledon durante la última década.

Un año después, Alcaraz volvió a levantar la copa. Esta vez, también ante Djokovic, confirmó que lo de 2023 no había sido una aparición puntual. Defender un título en Wimbledon obliga a llegar con otra clase de presión. Ya no se trata de sorprender ni de irrumpir. Se trata de sostener una condición nueva, de aceptar que los rivales te preparan de otra manera y de ganar partidos incluso cuando el nivel no es perfecto.

Alcaraz lo hizo en 2024, convirtiéndose en el primer jugador desde Djokovic en defender el título masculino de Wimbledon. El torneo volvió a tener un campeón repetido. Y la cadena continuó.

Sinner apareció en 2025 para cortar el dominio del español y abrir su propio capítulo. El italiano había demostrado durante años que su tenis podía funcionar en hierba, pero ganar Wimbledon exige una prueba distinta. No basta con golpear plano, sacar bien o encontrar velocidad desde el fondo. Hay que gestionar días incómodos, puntos de presión, cambios de ritmo y rivales que convierten la hierba en un examen de reflejos.

El título de 2025 confirmó que Sinner ya no era solo un candidato peligroso en Londres. Era campeón.

Y ahora llega la parte más difícil.

Defender Wimbledon significa pasar de perseguidor a referencia. El jugador ya no compite sin carga; compite con la copa del año anterior en la memoria de todos. Cada derrota potencial adquiere otra lectura. Cada rival entra a pista con la sensación de estar ante el campeón. Cada ronda se convierte en una pequeña defensa de autoridad.

Ese es el territorio que Djokovic y Alcaraz lograron atravesar en esta década.

El serbio lo hizo desde una experiencia enorme y una relación ya construida con la Centre Court. Alcaraz, desde una velocidad de aprendizaje extraordinaria y un tenis capaz de adaptarse a cualquier tipo de partido. Sinner buscará hacerlo desde otra identidad: la de un jugador que puede acelerar la bola desde ambos lados, devolver con profundidad, sostener intercambios de alta intensidad y tomar la iniciativa sin necesidad de jugar siempre al límite.

Su reto no es copiar a ninguno de los dos. Es encontrar su propia manera de repetir.

La hierba moderna ofrece un contexto favorable para ello. Ya no premia únicamente al especialista clásico de saque y volea. El bote sigue siendo bajo, el servicio conserva un valor enorme y los puntos pueden comprimirse, pero también hay margen para los jugadores capaces de imponer velocidad desde el fondo. Sinner encaja en esa evolución. Su capacidad para quitar tiempo, su consistencia desde la línea de base y la precisión con la que convierte una bola neutra en ofensiva le permiten jugar la superficie desde una agresividad diferente.

Pero Wimbledon siempre exige algo más.

La defensa de un título suele depender de detalles difíciles de medir: cómo responde un jugador después de perder un set, cómo administra un día con viento, cómo resuelve un desempate o cómo evita que una mala media hora se convierta en una eliminación. Djokovic construyó muchas de sus coronas desde ese dominio de lo pequeño. Alcaraz añadió intuición, creatividad y una capacidad especial para elevar el nivel en los grandes escenarios.

Sinner necesita ahora demostrar que su título de 2025 puede transformarse en una costumbre competitiva.

En esta década, Wimbledon ha tenido una secuencia muy concreta: Djokovic defendió su corona, Alcaraz hizo lo mismo y ahora Sinner tiene la oportunidad de seguir el patrón. La primera copa le colocó en el palmarés. La segunda le permitiría entrar en una lista todavía más pequeña: la de los campeones que lograron confirmar su dominio en Londres.

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