Carlos Alcaraz ya está en semifinales del Abierto de Australia. Y no de cualquier manera. El murciano superó a Álex de Miñaur por 7-5, 6-2 y 6-1 para alcanzar por primera vez las semifinales en Melbourne, sin haber cedido todavía un solo set en todo el torneo y dejando una sensación de crecimiento progresivo que él mismo resume con una mezcla de exigencia y satisfacción.
“La nota, yo diría un 8,5, me podría poner”, explicó con una sonrisa cuando le preguntaron por su rendimiento global en el torneo. Una autoevaluación que refleja bien el punto exacto en el que se encuentra: muy alto, pero todavía con margen. “Me gustaría dar algún paseo a algún sitio tranquilo, con mi equipo, con mi gente, tranquilidad”, añadió después, ya pensando en cómo gestionar los dos días de descanso antes de la semifinal.
Más allá del marcador, el partido ante De Miñaur fue, en palabras del propio Alcaraz, su mejor actuación hasta ahora en Melbourne. “Creo que fue un gran partido en términos de nivel, de intensidad. Probablemente el mejor del torneo hasta ahora”, reconoció el No. 1 del PIF ATP Rankings. Una actuación que él mismo equiparó al alto nivel mostrado ante Tommy Paul, pero con el valor añadido de hacerlo en un cruce de máxima exigencia física.
Y es que el duelo ante el australiano requería algo más que tenis. Exigía paciencia, claridad mental y saber convivir con los altibajos. Alcaraz no ocultó que hubo momentos de pequeñas dudas. “Las sensaciones han habido un poquito de altibajos, de empezar muy bien y de luego perder un poco el feeling”, explicó. Pero nunca tuvo la sensación de que el primer set fuera determinante desde el punto de vista físico para su rival. “Sé el nivel físico que tiene Álex y no me había dado la impresión de que fuera al límite”, dijo.
El contexto emocional tampoco era menor. De Miñaur llegaba en un gran momento y con el público claramente de su lado. Aun así, Alcaraz encontró también su propio apoyo, incluso desde un grupo de aficionados españoles que se hicieron notar desde el calentamiento. “Tener esa vibra de gente ha sido increíble. Me alegra tener gente española por aquí”, explicó, entre risas, después de regalar camisetas y muñequeras a los jóvenes que habían ido a verle.
Uno de los grandes ejes del torneo para Alcaraz está siendo la concentración. Un aspecto que él mismo identifica como uno de los principales objetivos de su trabajo reciente. “No tener subidas y bajadas en los partidos ha sido uno de los principales objetivos para mí”, explicó. Y detalló cómo lo traslada incluso a los entrenamientos: “Si tengo dos horas de entreno, intento jugar al mismo nivel y con la misma concentración punto tras punto”.
Ese trabajo mental está dando frutos. “Estoy muy orgulloso de ver cómo todo el trabajo duro está dando resultados”, añadió, satisfecho con la estabilidad que está mostrando a lo largo de los partidos.
“Hemos aprendido a escucharnos, a seguir el camino que creemos correcto”, dijo, dejando claro que incluso una eliminación temprana no habría cambiado su convicción. “No hubiese sido un fracaso, sino un aprendizaje más”.
Ahora, en semifinales, el reto se llama Alexander Zverev. Alcaraz ya le ha seguido de cerca durante el torneo y también compartieron una exigente sesión de entrenamiento previa. “El nivel fue muy, muy alto. Fue 7-6, probablemente una hora y media de set”, recordó. Sobre el alemán, no esconde el respeto: “Está sacando muy bien, jugando muy sólido y agresivo desde el fondo”.
Aun así, Alcaraz mantiene intacta su confianza competitiva. “Si quiere ganarme, va a tener que sudar mucho”, dijo entre sonrisas, dejando claro que el murciano se siente preparado para el reto.
Entre tanto, su fórmula para desconectar sigue siendo la de siempre: golf, paseos tranquilos, juegos con el equipo… y alguna serie. “Venía viendo Stranger Things”, confesó, aunque reconoció que el poco tiempo y la convivencia con el equipo hacen que también aparezcan los juegos y las risas. “A veces los juegos sacan el lado más oscuro de nosotros, pero en general lo pasamos muy bien”.
Primera semifinal en Melbourne. Sin sets perdidos. Con una sensación clara de crecimiento. Y con un Alcaraz que, lejos de hablar de alivio, insiste en el proceso, en la paciencia y en seguir construyendo. Un 8,5 para él. Pero con hambre de subir nota el viernes.