Hay derrotas que permanecen en la memoria mucho más tiempo que otras. Carlos Alcaraz ha acumulado pocas inesperadas desde que se instaló definitivamente entre los mejores jugadores del mundo, pero Roman Safiullin puede presumir de haber protagonizado una de ellas. Fue en París, en otoño de 2023, cuando el ruso sorprendió al murciano en una noche que ahora vuelve inevitablemente al primer plano.
Casi tres años después, volverán a encontrarse.
Esta vez será en Nueva York, en la primera ronda del US Open y con un contexto muy diferente. Alcaraz afrontará su primer partido individual después de más de cuatro meses apartado de la competición por la lesión en la muñeca derecha. Safiullin será el primer encargado de comprobar cómo responde el vigente campeón después del periodo de inactividad más largo de su carrera.
Y no necesitará que nadie le explique cómo se gana al español.
Ya lo hizo una vez.
El 31 de octubre de 2023, Safiullin apareció al otro lado de la red en el estreno de Alcaraz en el Rolex Paris Masters. El español era entonces el No. 2 del mundo, perseguía todavía la posibilidad de terminar la temporada en lo más alto del PIF ATP Rankings y llegaba a París después de 20 días sin competir.
Safiullin era el No. 45.
El resultado rompió cualquier pronóstico.
El ruso se impuso por 6-3, 6-4, recuperándose además de un break de desventaja en los dos sets para conseguir la que entonces era la mayor victoria de su carrera. Alcaraz comenzó rompiendo en ambas mangas, pero Safiullin respondió inmediatamente y terminó encontrando un nivel que el español nunca pudo igualar durante demasiado tiempo.
No era completamente un desconocido.
Safiullin estaba terminando en 2023 la mejor temporada de su carrera. Había alcanzado los cuartos de final de Wimbledon, disputado en Chengdu su primera final ATP Tour y comenzaba a instalarse entre los jugadores capaces de generar problemas en cualquier escenario.
París le entregó algo diferente.
Alcaraz era apenas el segundo rival Top 5 al que se enfrentaba en su carrera. Había derrotado al No. 4 Stefanos Tsitsipas en Marsella un año antes y volvió a derribar a uno de los cinco mejores. Ante el murciano consiguió además su tercera victoria frente a un Top 10 y aseguró su entrada por primera vez en el Top 40.
Aquel partido dejó también una imagen poco habitual de Alcaraz.
El español reconoció después que no había conseguido sentirse cómodo en la pista. No encontraba problemas especialmente graves a la hora de golpear la pelota, pero sí en sus desplazamientos. Le faltaba movilidad, ritmo y esa capacidad para llegar a tiempo que sostiene buena parte de su tenis.
“No me sentí bien en la pista”, explicó entonces. “Hay muchas cosas que mejorar”.
Había una circunstancia detrás.
Alcaraz llevaba 20 días sin competir desde su derrota ante Grigor Dimitrov en Shanghái y había tenido que renunciar a Basilea debido a unos problemas en el pie izquierdo y la espalda. Su regreso terminó encontrándose con un Safiullin dispuesto a aprovechar cada duda.
La comparación con lo que sucederá ahora en Nueva York resulta inevitable.
Porque Alcaraz volverá a encontrarse con el ruso después de una ausencia. Solo que esta vez la espera ha sido mucho mayor.
No serán 20 días.
Serán más de cuatro meses.
El murciano no disputa un partido individual desde abril y ha tenido que construir prácticamente desde 0 su regreso después de la lesión en la muñeca derecha. Ha aumentado progresivamente las cargas durante las últimas semanas, ha entrenado con jugadores de primer nivel y ya ha podido recuperar parte de la tensión competitiva disputando dos encuentros de dobles mixto junto a Serena Williams en Nueva York.
Pero Safiullin será otra cosa.
Será individual.
Será al mejor de cinco sets.
Será su primer partido real desde Barcelona.
Y será ante un jugador que ya aprovechó una vez la falta de ritmo del español para derrotarlo.
La historia, sin embargo, tiene una segunda parte importante.
Porque Alcaraz ya tuvo su revancha.
Nueve meses después de aquella derrota en París-Bercy, los dos volvieron a cruzarse en la misma ciudad. Esta vez cambiaron el indoor por la tierra batida de Roland Garros y el circuito por los Juegos Olímpicos.
El resultado también cambió.
Alcaraz derrotó a Safiullin por 6-4, 6-2 en los octavos de final de París 2024, igualando 1-1 el Lexus ATP Head2Head entre ambos y avanzando hacia unos cuartos de final en los que posteriormente superaría a Tommy Paul. Su camino olímpico terminaría llevándole hasta la final y la medalla de plata.
Aquel Alcaraz era muy diferente al que Safiullin había sorprendido nueve meses antes.
Llegaba lanzado.
Había conquistado Roland Garros y Wimbledon de manera consecutiva y aterrizó en los Juegos Olímpicos después de ganar 17 de sus últimos 18 partidos. Sobre la misma tierra donde semanas antes había levantado la Copa de los Mosqueteros, el español no concedió esta vez al ruso la posibilidad de alterar el guion.
Los dos precedentes ofrecen así dos versiones completamente distintas de su rivalidad.
Safiullin ganó cuando Alcaraz regresaba sin demasiado ritmo.
Alcaraz ganó cuando llegaba en plena velocidad.
Nueva York plantea ahora una especie de desempate en unas circunstancias que vuelven a colocar el estado competitivo del murciano en el centro de la historia.
Porque esta primera ronda tendrá mucho más de examen que de simple estreno.
Alcaraz conoce Flushing Meadows perfectamente. Aquí ganó en 2022 el primer Grand Slam de su carrera y alcanzó por primera vez el No. 1 mundial. Aquí volvió a levantar la copa en 2025. Regresa como vigente campeón y con la responsabilidad de defender uno de los títulos más importantes de su temporada anterior.
Pero durante los primeros compases del torneo probablemente importe mucho más el presente que todo aquello.
Cómo se mueve.
Cómo responde la muñeca.
Cómo gestiona los primeros intercambios largos.
Cómo reacciona el cuerpo cuando una hora de partido se convierte en dos.
Cómo vuelve a tomar decisiones bajo presión después de tantos meses sin hacerlo en individual.
Alcaraz ha intentado reducir esas incógnitas durante sus primeros días en Nueva York. Los entrenamientos de los últimos días han elevado progresivamente la intensidad. Los dos partidos del dobles mixto junto a Serena le permitieron volver a competir con público, árbitro y marcador.
Todo formaba parte del proceso.
Safiullin será el siguiente escalón.
Y el ruso posee precisamente un tipo de tenis capaz de exigir desde el comienzo. Golpea plano, puede quitar mucho tiempo desde el fondo y cuenta con un primer servicio que le permite acortar intercambios. Cuando consigue tomar pronto la pelota y jugar cerca de la línea, tiene capacidad suficiente para impedir que incluso los mejores encuentren una posición cómoda.
Alcaraz lo sabe mejor que nadie.
Lo comprobó aquella noche de 2023.
Entonces Safiullin no necesitó jugar un tercer set. Aprovechó las dudas de un rival que llegaba después de tres semanas sin competir y firmó en París una de esas victorias que permanecen inevitablemente asociadas a una carrera.
Ahora el español llega después de cuatro meses.
Hay, por supuesto, una enorme diferencia entre aquel Alcaraz y el actual. Han pasado casi tres años, varios Grand Slam y multitud de experiencias desde entonces. El murciano ya conoce prácticamente todos los escenarios posibles en una pista de tenis.
También conoce a Safiullin.
Ese puede ser uno de los pequeños beneficios de un sorteo que, sobre el papel, esconde bastante más peligro del habitual para una primera ronda.
No habrá sorpresa táctica.
Alcaraz sabe qué tenis encontrará enfrente y sabe hasta dónde puede llevarlo el ruso si consigue imponerlo. También guarda la experiencia contraria: la de haber encontrado después las soluciones necesarias para derrotarlo con claridad.
Uno para cada uno.
París-Bercy fue de Safiullin.
Los Juegos Olímpicos fueron de Alcaraz.
El US Open decidirá el tercero.
Y para el español, más allá de desnivelar el Lexus ATP Head2Head, significará algo bastante más importante.
Después de cuatro meses esperando, volver a empezar.