Rafael Jódar había pasado buena parte de 2026 acostumbrándose a ganar. A avanzar rondas. A descubrir torneos mientras seguía dentro de ellos. A enfrentarse a jugadores que hasta hace no demasiado tiempo observaba desde lejos y comprobar que podía competir contra ellos. Su primera temporada completa en el circuito le había permitido crecer a una velocidad enorme.
Nueva York le enseñó este miércoles la otra parte del proceso.
Jódar cayó en la primera ronda del US Open ante un Yunchaokete Bu, un rival que, como él mismo reconoció después, simplemente jugó mejor. Sin grandes explicaciones. Sin buscar excusas. Y sin querer convertir una derrota en algo diferente a lo que fue.
“Ha jugado mejor que yo y esa es la razón por la que ha ganado hoy”.
La respuesta se repitió cuando le preguntaron por su estado físico.
“Físicamente estoy bien”.
Y también cuando quisieron saber si sus sensaciones con la pelota habían sido mucho peores de lo habitual.
“Eso es secundario. He intentado dar lo mejor de mí hoy. No ha podido ser”.
Jódar no encontró su mejor tenis en ningún momento del partido.
Pero tampoco quiso utilizarlo para reducir el mérito de lo que había ocurrido al otro lado de la red.
Su primera reacción después de una derrota inesperada fue precisamente esa: aceptar.
“Ha jugado mejor que yo, así que mereció ganar hoy”.
Para un jugador que prácticamente no ha dejado de crecer durante toda la temporada, el resultado supone un golpe diferente.
Jódar había llegado al US Open después de un año extraordinario. Había acumulado partidos, victorias y experiencias a una velocidad poco habitual para alguien que está disputando su primera temporada completa en este nivel. Cada pocas semanas aparecía una nueva frontera y, muchas veces, conseguía superarla.
Esta vez no. Y todavía no sabe exactamente por qué.
“No lo sé ahora mismo. La verdad es que el partido acaba de terminar y está todo muy reciente”.
Jódar prefiere esperar antes de construir conclusiones.
“Habrá tiempo en las próximas semanas para analizar el partido y ver las cosas que puedo mejorar y no cometer los mismos errores. Pero ahora mismo no puedo decir nada”.
También hubo un contexto incómodo: la espera.
El español tuvo que convivir con una preparación diferente a la habitual antes de saltar a pista y posteriormente con una interrupción por la lluvia. Mucho tiempo esperando para un encuentro que nunca consiguió llevar hacia donde quería.
Pero tampoco ahí buscó una explicación.
“Jugué el partido de la mejor manera posible. Sabía que no iba a ser fácil porque estuve esperando mucho ayer y hoy también. Pero es lo que hay. No podemos controlar la lluvia y es para los dos jugadores”.
Cuando el encuentro se detuvo, todavía creyó que podía cambiarlo.
“Pensé que el partido no estaba terminado, que hasta que no pierdes el último punto puedes volver”.
Después de la reanudación encontró alguna señal.
“Empecé un poco mejor después de la lluvia”.
No fue suficiente.
La distancia ya era demasiado grande y el partido terminó antes de que Jódar pudiera construir una verdadera reacción.
Ahora tendrá que hacer algo a lo que 2026 no le ha obligado demasiadas veces: detenerse y analizar una derrota que desde fuera puede resultar difícil de explicar.
Precisamente por eso, su respuesta resulta significativa.
“Soy nuevo en el circuito”.
Jódar no olvida esa realidad incluso después de una temporada que ha acelerado todas las expectativas.
Su evolución puede hacer parecer que determinadas victorias ya deberían darse por descontadas. Él todavía contempla el año desde otro lugar.
“Van a pasar cosas así porque soy nuevo”.
No pretende que la juventud funcione como excusa.
La entiende como parte del aprendizaje.
“Intentaré aprender de esto para que no vuelva a pasar”.
Ahí aparece la exigencia.
Jódar acepta que un día como este pueda ocurrir una vez. Lo importante será qué hace con él.
“La primera vez le puede pasar a cualquiera. Somos humanos”.
Después añadió una frase que explica perfectamente cómo quiere utilizar la derrota.
“La segunda vez sería malo si no hubiese aprendido de esta”.
Ese será ahora el verdadero trabajo. Entender qué ocurrió. Qué decisiones tomó. Qué pudo hacer de otra manera. Y qué necesita incorporar para que, cuando vuelva a encontrarse en una situación parecida, disponga de una respuesta diferente.
Porque una de las características de su temporada ha sido precisamente su capacidad para absorber experiencias a enorme velocidad.
Jódar ha jugado muchísimo. Y cuando le preguntaron si todo ese volumen de partidos empezaba a acumularse en el cuerpo, fue tajante.
“No, no me estoy cansando”.
El desgaste, por tanto, tampoco entra en su explicación de la derrota. Simplemente perdió. Una respuesta sencilla para un resultado que seguramente necesitará bastante más tiempo para comprender.
La eliminación tampoco modifica el balance de lo construido durante los últimos meses.
“He tenido una buena temporada en general”.
Ahora llegará un pequeño espacio para detenerse.
“Va a haber tiempo para recuperar y pensar en este torneo y en qué puedo aprender de él”.
Ni siquiera tiene decidido todavía cuál será exactamente su calendario para el tramo final del año.
“No sé el calendario ahora mismo. En los próximos días veremos. Hablaré con mi equipo y veremos cuál es la mejor decisión”.
Nueva York termina antes de lo que esperaba.
Pero quizá ahí esté también una experiencia que Jódar todavía necesitaba incorporar en un primer año lleno de novedades.
Hasta ahora había aprendido muchísimo avanzando.
Esta vez tendrá que hacerlo después de perder. Y su manera de entenderlo es bastante sencilla. Puede ocurrir una vez. Lo importante será que, cuando vuelva a ocurrir algo parecido, ya no sea el mismo jugador.