Daniel Mérida ya no puede esconderse.
Probablemente tampoco quiera hacerlo.
El español comenzó este domingo su primer US Open en el cuadro principal con una victoria por 6-4, 6-4, 6-2 ante Marton Fucsovics, dando continuidad en Nueva York a una temporada en la que prácticamente cada mes ha ido colocando su nombre un poco más arriba. Ya es el No. 39 del PIF ATP Rankings y, después de todo lo sucedido durante 2026, empieza a comprobar una consecuencia inevitable del éxito.
Cada vez hay más ojos sobre él.
“Obviamente, siempre que vas subiendo en el ranking, la gente te va mirando más, te van conociendo más”, reconoce Mérida. “Pero siempre, si estás siendo más observado, es que estás haciendo las cosas bien”.
La perspectiva explica bastante bien cómo está gestionando una temporada que ha cambiado su dimensión dentro del circuito.
Mérida no interpreta la atención como una presión añadida. La interpreta como una consecuencia.
“Yo estoy contento de lo que estoy haciendo. Cuanto más se hable de mí, para mí mejor. Obviamente, es que mejor lo estoy haciendo y ojalá pueda seguir creciendo y que cuanto más se hable de mí, mejor”.
Hay motivos para hablar.
Mérida ha ido convirtiendo 2026 en el año de su irrupción definitiva. Ha ganado su primer título ATP Tour en Umag, alcanzó los cuartos de final del Masters 1000 de Canadá y aterrizó en Nueva York después de haber recorrido en pocos meses una distancia considerable dentro del circuito.
Ahora ya está en segunda ronda de su primer US Open.
“Para mí ha sido un gran partido para superar la primera ronda aquí”, explicó. “Normalmente no es fácil jugar la primera ronda de un torneo, pero hoy me he sentido realmente bien. Ha sido una gran victoria para mí, mi primera victoria aquí en el US Open, que es algo muy especial”.
Fucsovics ofrecía precisamente uno de esos primeros partidos que pueden convertirse rápidamente en una complicación.
Mérida evitó que ocurriera.
El español mantuvo el control durante los tres sets y resolvió su estreno sin necesidad de entrar en un partido largo. Después de toda una temporada acumulando experiencias nuevas, también consiguió superar con naturalidad una más.
“Las primeras rondas nunca suelen ser fáciles, siempre suelen complicarse, pero venía con confianza, jugando bien, me he sentido bien jugando todo el partido”.
La confianza no apareció este domingo. Lleva construyéndola durante meses.
Mérida ha ido descubriendo esta temporada torneos, rivales y escenarios que hasta hace muy poco únicamente podía observar desde fuera. Cada resultado le ha permitido entrar en el siguiente nivel y cada nuevo nivel le ha obligado a comprobar si su tenis podía sostenerse allí.
Hasta ahora, la respuesta está siendo afirmativa.
“Estoy ilusionado con todo”, reconoce. “Es mi primera vez en el cuadro principal del US Open, también ha sido mi primera vez en los Masters 1000 aquí en Estados Unidos, así que estoy contento de estar viviendo por primera vez todo, por decirlo de alguna manera”.
Primera vez.
La expresión aparece constantemente alrededor de su temporada.
Pero cada vez dura menos.
Lo desconocido se está convirtiendo muy rápido en rutina.
Hace unas semanas estaba descubriendo un Masters 1000 en Norteamérica y terminó alcanzando los cuartos de final en Canadá. Ahora ha llegado por primera vez al cuadro principal del US Open y ya sabe lo que significa ganar un partido al mejor de cinco sets en Flushing Meadows.
“Estoy muy contento de estar aquí y, por supuesto, de jugar la segunda ronda en Nueva York”.
Esa naturalidad probablemente sea una de las características que mejor están acompañando su crecimiento.
Porque el entorno ha cambiado. Su ranking ha cambiado. Los rivales han cambiado. Y las expectativas también.
Mérida, sin embargo, intenta que él no cambie demasiado.
“Personalmente, no”, responde cuando le preguntan si sentirse más observado le genera una presión diferente. “La verdad es que siempre he sido muy tranquilo, intento centrarme en mí mismo, en mis cosas, en mis partidos, y no darle mucha importancia a lo de alrededor”.
No siempre resulta sencillo.
Cuando un jugador empieza una temporada lejos de los grandes focos, cada victoria puede interpretarse como una sorpresa. Después llega un momento en el que deja de serlo. Los rivales empiezan a conocerle, los cuadros dejan de ofrecer anonimato y las expectativas crecen al mismo ritmo que el ranking.
Mérida está entrando precisamente en esa fase.
“Si hay más expectativas en mí que al principio del año, intento siempre estar 100% concentrado en mí y en mi tenis”.
También tiene cerca dos ejemplos que le ayudan a normalizar todo lo que está sucediendo.
Rafael Jódar y Martín Landaluce.
Los tres forman parte de una generación española que durante esta temporada ha ido ganando espacio simultáneamente en el circuito. Lejos de interpretar los resultados de los otros como una competencia, Mérida asegura que observarlos avanzar le ha ayudado a acelerar su propio proceso.
“Siempre lo digo, yo creo que es algo que nos ayuda a los tres”.
Especialmente en el aspecto más difícil de entrenar: creérselo.
“A mí, personalmente, cuando veo a Rafa conseguir lo que está haciendo, a Martín también hacer buenos resultados, me ayuda mucho a querérmelo, me ayuda mucho este año a crecer, sobre todo mentalmente. Que ellos lo estén consiguiendo hace verlo más posible”.
Ahí aparece otra de las transformaciones importantes de Mérida. No únicamente ha mejorado su tenis. Ha cambiado la percepción sobre hasta dónde puede llevarlo.
Cuando alguien de una edad similar, con quien compartes semanas y entrenamientos, empieza a derrotar a los mejores y avanzar en los grandes torneos, determinadas barreras dejan de parecer tan lejanas.
“Son dos jugadores increíbles, dos personas también de 10, así que estoy contento de poder compartir estas semanas y el circuito con ellos”.
Mérida ya forma parte de esa conversación.
Los resultados se han encargado de colocarlo allí.
Y Nueva York ofrece ahora otra oportunidad para comprobar hasta dónde puede prolongar un año en el que casi todo está sucediendo por primera vez.
De momento, también quiere encontrar tiempo para disfrutarlo.
Este lunes tendrá jornada de descanso antes de regresar a la competición. Y después de tantos meses viviendo entre pistas, aeropuertos y hoteles, Mérida no descarta aprovechar unas horas para descubrir algo más de la ciudad.
“Siempre es divertido estar en Nueva York, así que seguro que vamos a salir un rato, quizá intentar ver algo de la ciudad. Cuando estás una semana en una ciudad tan buena como Nueva York, siempre está bien tener algo de tiempo con tu equipo para salir”.
Después volverá el tenis. Y volverán las miradas. Cada vez más. A Mérida no parecen molestarle. Al contrario.
Porque durante mucho tiempo el objetivo fue precisamente conseguir que alguien tuviera motivos para mirar.
Ahora los tiene.
“Cuanto más se hable de mí, mejor”.
En 2026, Dani Mérida está consiguiendo exactamente eso.