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Munar: “He decidido enfrentarme a mis demonios”

El español está en la segunda ronda del US Open
September 01, 2026
Munar, durante un encuentro.
Ishika Samant/Getty Images
Munar, durante un encuentro. By Redacción ATP

Jaume Munar estuvo muy cerca de no estar en Nueva York.

Tan cerca que llegó a plantearse aparcar la temporada y empezar a pensar directamente en 2027. Su cuerpo no respondía como quería, las horas de entrenamiento habían disminuido y algo que durante toda su carrera había formado parte de su rutina sin apenas esfuerzo empezó a resultarle difícil: levantarse cada mañana con ilusión por trabajar.

Por eso las cuatro horas y 53 minutos que necesitó para derrotar a Terence Atmane significaron mucho más que superar una primera ronda del US Open.

Munar volvió a ganar. Pero, sobre todo, encontró una razón para seguir.

“He estado a punto de no jugar aquí en Nueva York este año y, prácticamente, de aparcar el año hasta el año que viene”, reconoció después de sobrevivir a uno de los partidos más extraños que recuerda.

El español terminó imponiéndose después de cinco sets y una tarde en la que prácticamente ocurrió de todo. Atmane sufrió graves problemas físicos durante el encuentro, consiguió recuperarse parcialmente y obligó a Munar a gestionar una situación que por momentos resultaba difícil incluso de interpretar.

“Ha sido un poco surrealista porque no sabes en qué situación te encuentras. Después te recuperas, como a mí me ha pasado también muchas veces, él vuelve a subir un poco el nivel, es difícil adaptarse porque entras en una situación un poco de tensión inesperada”.

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Pero para entender realmente el significado de la victoria hay que retroceder varias semanas.

Munar no llegó al US Open en condiciones normales.

“Vengo de meses con muy poca preparación, con pocas horas en pista, con falta un poco en ciertas cosas de sentirme tenista en el día a día, y eso es algo que hay que poner sobre la mesa”.

Sentirse tenista. Ahí estaba probablemente el problema más importante.

El balear lleva suficientes años en el circuito para conocer prácticamente todos los lados de la profesión. Las victorias, las derrotas, los viajes, los periodos de confianza y también aquellos momentos en los que levantarse para volver a entrenar exige bastante más de lo habitual.

Pero esta vez había sido diferente.

“Se me ha hecho muy largo este año”.

Munar siempre había encontrado refugio precisamente en el trabajo.

“A mí el día a día del tenista no se me hace nada pesado. A mí, si se me puede hacer algo pesado, es el competir, el viajar, todo lo que conlleva ser tenista. Pero el día a día de entrenar, de esforzarte, de intentar sacar tu mejor versión, de levantarte con objetivos, yo eso siempre lo he llevado muy bien durante todos estos años”.

Incluso cuando las cosas iban mal.

“Incluso en los baches más profundos de mi carrera”.

Esta vez no.

“Este año es real que me ha costado un montón”.

Por eso llegó a plantearse parar.

Y por eso también concede un valor especial a quienes consiguieron sostenerle durante las semanas más complicadas.

“Creo que ha habido un trabajo importante de todo mi equipo, en especial de mi mujer, que también es mi fisio. Creo que me ha sostenido muy bien en momentos de dificultad”.

Munar finalmente decidió viajar a Nueva York.

No porque considerase solucionados todos sus problemas. Ni porque estuviese nuevamente al 100%. Decidió hacerlo porque todavía creía que podía competir.

“Si estoy aquí es porque realmente he tomado la decisión de enfrentarme a los demonios, de enfrentarme a mi físico y de enfrentarme a todo lo que eso conlleva”.

La frase explica mucho más que cualquier resultado.

Munar no ha llegado al US Open pensando que todo lo sucedido durante los últimos meses ha desaparecido. Al contrario. Reconoce abiertamente dónde se encuentra.

“No estoy a mi 100%”.

Pero añade inmediatamente algo importante.

“Creo que sin estar a mi 100% puedo ser competitivo suficiente para luchar por cosas que me apetezca”.

Atmane fue la primera prueba. Y difícilmente podía haber sido más exigente.

Munar empezó relativamente bien, después atravesó un periodo en el que reconoce haber jugado mal y terminó atrapado en un encuentro de casi cinco horas que exigió mucho más que tenis.

“De lo que vengo, creo que ha sido muy bueno y hay que sacar las cosas positivas”.

No pretende engañarse con una victoria.

“Obviamente, tengo que mejorar muchísimo, y si quiero tocar los niveles que he tocado en otras ocasiones, pues me queda mucho trabajo por delante”.

Pero existe una diferencia entre saber cuánto falta y no poder avanzar.

Munar avanzó.

“Sin duda para mí hoy es un paso adelante y muy grande, sobre todo desde donde vengo y de donde he estado estas últimas semanas”.

También lo hizo de una manera que hace algún tiempo le costaba especialmente.

Los cinco sets.

Munar reconoce que durante buena parte de su carrera sus dificultades en partidos tan largos no siempre tuvieron una explicación puramente física. Su resistencia nunca fue el principal problema.

La cabeza tenía mucho que decir.

“Siempre he tenido buen físico, pero he sufrido mucho de temas de calambres y todo más por parte mental que por parte física”.

Ahora siente que dispone de más herramientas.

“La madurez”, señala primero.

Después aparece la experiencia.

“Saber gestionar esos momentos de dificultad y entender un poco mejor cuándo necesitas mucho y cuándo con no tanto ya te es suficiente”.

En un encuentro de cuatro horas y 53 minutos, administrar resulta casi tan importante como producir.

No todos los puntos pueden jugarse con la misma intensidad. No todos los momentos exigen buscar el máximo. Y aprender a reconocer esa diferencia forma parte de la evolución que Munar encuentra en sí mismo.

“Creo que es lo que he hecho hoy al final del partido bastante bien. Eso me pone contento”.

Tampoco quiere construir una teoría únicamente porque ahora haya conseguido encadenar varias victorias en partidos al mejor de cinco sets.

Munar desconfía de ese tipo de conclusiones.

“No me gusta hablar de suerte, pero hay cosas que a veces pasan de una manera y a veces pasan de otra, y hay que entender y aprender a relativizarlas”.

Ganarlos ahora no significa haber encontrado una fórmula definitiva.

“Por muy bien que me vaya ahora y que los últimos partidos los haya ganado, sin ninguna duda que perderé partidos a cinco sets”.

Este, sin embargo, necesitaba ganarlo.

No por una estadística.

Por lo que podía provocar al día siguiente.

“Ganar siempre es ganar, después en un escenario como este, aún más”.

Y después aparece la palabra que probablemente mejor explica su momento.

Ilusión.

“En cierta manera, es necesario ilusionarse para trabajar, para el día a día”.

Eso es lo que Munar había empezado a sentir demasiado lejos durante los últimos meses.

No necesariamente perdido.

Pero lejos.

La victoria permite acercarlo otra vez.

“Lo que te da es esa ilusión para mañana, levantarte, recuperarte y seguir haciendo, cosa que durante estos meses no te diré que lo he perdido, pero sí que lo he sentido mucho más lejos de lo que lo he sentido en otros momentos”.

Nueva York podría interpretarse entonces como un regalo después de haber estado tan cerca de no viajar.

Munar no quiere verlo así.

Todo lo que llegue será positivo, pero no está aquí simplemente para disfrutar de una oportunidad que casi rechazó.

Quiere competir.

“Si realmente estoy aquí, es para intentar cosechar éxito”.

Sin engañarse. Sin construir expectativas incompatibles con su situación actual.

“No me voy a poner aquí expectativas altísimas porque la realidad es la que es y, aunque me cueste aceptarla, es la que es a día de hoy”.

Tampoco espera encontrar inmediatamente su mejor versión.

“No me espero jugar un tenis fantástico”.

Lo que sí espera es poder pelear.

“Creo que he demostrado que contra un chico que viene haciendo una gira americana buena, que juega bien, pues he sido competitivo”.

Ahora toca construir desde ahí.

Poco a poco.

Munar no sabe todavía dónde terminará ese proceso. Después de los últimos meses, ni siquiera quiere mirar demasiado lejos.

“Mi día a día como tenista es día a día ahora mismo. No puedo prometer nada a nadie ni a mí mismo”.

Hace apenas unas semanas, la alternativa era detenerse.

Este lunes tendrá que levantarse después de cuatro horas y 53 minutos de partido, recuperar un cuerpo castigado y volver a preparar otro encuentro.

Puede parecer una obligación.

Para Munar, ahora mismo, significa otra cosa.

“Quiero ganar, pero hay que ser realistas y entender la situación”.

La realidad es que no está al 100%.

También que sigue en Nueva York.

Y después de haber estado tan cerca de aparcar la temporada, poder levantarse mañana con otro partido que preparar ya forma parte de la victoria.

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