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Zverev cierra el círculo en Nueva York: “Las cicatrices de la final de 2020 desaparecieron”

El alemán consiguió el segundo grande de su carrera
September 14, 2026
Zverev, tras derrotar a Ben Shelton el domingo en la final del US Open.
Al Bello/Getty Images
Zverev, tras derrotar a Ben Shelton el domingo en la final del US Open. By Redacción ATP

Alexander Zverev necesitó seis años para volver al mismo lugar. Arthur Ashe Stadium. Una final del US Open. El trofeo esperando al ganador.

Pero el jugador que regresó este domingo ya no era el mismo que abandonó aquella pista en 2020.

Entonces, Zverev estuvo a dos puntos de conquistar su primer Grand Slam antes de perder ante Dominic Thiem una final que llegó a dominar por dos sets. Durante años, aquella derrota le acompañó cada vez que volvía a acercarse a uno de los cuatro grandes títulos.

Esta vez no.

Zverev derrotó a Ben Shelton en cuatro sets para conquistar por primera vez el US Open y levantar el segundo Grand Slam de su carrera.

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“Es una sensación increíble, especialmente después de lo doloroso que fue lo de 2020 aquí”.

La espera terminó en el mismo lugar en el que había comenzado.

“Poder levantar finalmente este trofeo es una sensación increíble”.

Hay una diferencia fundamental.

Zverev ya sabía cómo se sentía ganar un Grand Slam.

Lo descubrió hace tres meses en Roland Garros, donde rompió definitivamente una barrera que durante años pareció hacerse más grande con cada intento.

Y ahora reconoce que aquella victoria cambió su manera de afrontar estos escenarios.

“Creo que las cicatrices de la final de 2020 desaparecieron después de ganar en París”.

No necesitó ganar en Nueva York para cerrar aquella herida. Ya había desaparecido Eso explica también al Zverev que ha atravesado los últimos Grand Slam.

“Lo dije en Wimbledon. Aunque perdí la final, disfruté del partido, disfruté de estar en una final de Grand Slam, disfruté de jugar en la Centre Court, disfruté de jugar delante de un público increíble”.

Antes era diferente.

“Antes de ganar en París sentía mucho estrés todo el tiempo”.

Había una pregunta detrás de cada gran oportunidad.

“¿Ganaré alguna vez uno?”.

Ya conoce la respuesta. Por eso ahora puede permitirse vivir estos partidos desde otro lugar.

“Lo que siento ahora es más alegría por jugar este tipo de finales”.

+

Nueva York es la mejor demostración.

Zverev llegó al último domingo del torneo en un Grand Slam por tercera vez consecutiva, algo que le colocó en un grupo reservado a muy pocos jugadores en la Era Abierta.

Y esta vez terminó con el trofeo.

Lo hizo ante un Shelton que había convertido estas dos semanas en el mejor Grand Slam de su carrera.

El estadounidense había eliminado a Carlos Alcaraz en cuartos de final, después a Frances Tiafoe en semifinales y llegaba por primera vez al último partido de un grande.

Zverev ya sabía exactamente qué podía esperar.

Potencia. Saque. Derecha. Explosividad. Pero también sabía que el Shelton de 2026 era bastante más que eso.

“Creo que este ha sido el mejor revés que ha golpeado nunca contra mí, con la potencia más consistente. Estaba todo ahí”.

Zverev recordó cómo habían sido sus primeros enfrentamientos.

“Hace un par de años, cuando jugué contra él por primera vez, siempre era peligroso, siempre tenía ese saque y siempre tenía esa derecha, pero si devolvías tres o cuatro bolas por ese lado aparecía un error”.

Este domingo no ocurrió.

“Hoy no ha sido así en absoluto”.

El alemán necesitó buscar otras soluciones.

Una de ellas estuvo en la manera de jugar sobre el revés de Shelton.

No se trataba únicamente de acelerar.

“No es la velocidad. Es la altura y la profundidad en lo que me centro”.

Zverev entendía que una pelota rápida y plana podía ofrecerle al estadounidense exactamente el ritmo que quería.

“Creo que cuando juegas rápido pero plano, maneja mucho mejor su revés que cuando juegas alto”.

Era una cuestión de incomodarle. De quitarle referencias. Y también de evitar alimentar una de sus principales armas.

“Puede generar muchísima potencia con su derecha. Cuando se gira para pegar de derecha, la velocidad te ayuda, pero jugar lento hacia su derecha realmente no es una buena idea”.

Zverev terminó encontrando el equilibrio.

Shelton consiguió llevarse el tercer set y romper por primera vez el servicio del alemán después de 66 juegos consecutivos sin conseguirlo, pero el campeón volvió a imponer su juego en el cuarto.

Hasta llegar a una situación bastante difícil de imaginar. Zverev ganó el US Open sin saber que lo había ganado. Con 5-2 en el cuarto set, el alemán consiguió un nuevo break que cerró definitivamente la final. Él pensaba otra cosa.

“Creía que era 5-1”.

Había perdido completamente la cuenta.

“Sabía que le había roto dos veces, pero pensaba que era 5-1 en lugar de 6-2”.

Paradójicamente, el error le ayudó.

“De alguna manera me vino bien porque realmente no me puse nervioso al cerrar el partido”.

Zverev estaba tan concentrado que ni siquiera escuchó a la jueza de silla anunciar el final.

“En ese momento estaba completamente en la zona. No escuchaba ningún ruido”.

Vivía dentro de una especie de túnel.

“Simplemente no escuchaba nada”.

Después miró alrededor. El partido había terminado. Seis años después, el US Open era suyo. La escena también dice bastante del momento competitivo que atraviesa.

Zverev ha construido su carrera alrededor de una idea que volvió a reivindicar después de la final.

Trabajo.

Shelton le había definido como uno de los jugadores que más trabaja del circuito.

El alemán no lo negó.

“Creo que estoy ahí arriba, seguro”.

Su explicación fue todavía más significativa. “No creo que sea el jugador con más talento de ninguna manera. No creo que tenga un talento dado por Dios como otros jugadores”.

Zverev considera que buena parte de lo que ha construido procede de otro lugar.

“Creo que la mayor parte de mi tenis viene del trabajo duro, de muchas horas en pista y de muchas horas en el gimnasio y en la pista de atletismo”.

“Así es como juego al tenis”.

Ese trabajo le ha llevado en 2026 a un lugar que durante años persiguió. Ya no es únicamente campeón de Grand Slam. Ahora lo es dos veces. Y después de conquistar Roland Garros y el US Open en una misma temporada, también aparece inevitablemente otra pregunta.

¿Es ahora mismo el mejor jugador del mundo? Zverev no huyó completamente de ella. Pero tampoco quiso eliminar el contexto.

“Con Jannik Sinner lesionado y Carlos Alcaraz volviendo de una lesión después de cuatro meses, ahora mismo, probablemente sí”.

Después introdujo el matiz.

“Con los dos sanos y los dos a su mejor nivel, quizá no”.

Zverev sabe perfectamente dónde coloca el listón. “Si todos están sanos, creo que Jannik sigue por delante. Es así de sencillo”.

No necesita proclamarse por encima de nadie. Su temporada habla por él. Y Nueva York completa una transformación que empezó mucho antes de este domingo.

Durante años, Zverev llegó a los Grand Slam intentando demostrar que podía ganar uno. Después de París, esa pregunta dejó de existir. Ya no entra en una final preguntándose si alguna vez conseguirá cruzar la última línea. Ahora puede disfrutarla. Puede jugarla. Y, como acaba de demostrar en el escenario donde sufrió la derrota que más tiempo le acompañó, también puede ganarla.

Seis años después de salir de Arthur Ashe preguntándose cuándo llegaría su momento, Zverev volvió al mismo lugar. Esta vez salió con el trofeo.

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