Rafa Jódar y Pablo Carreño Busta volverán a encontrarse apenas unas semanas después de compartir uno de los partidos más significativos de Roland Garros. En París, el madrileño levantó dos sets en contra para vencer al asturiano y alcanzar los octavos de final de un Grand Slam. En Wimbledon, sin embargo, los dos coinciden en una idea antes de la segunda ronda: aquel resultado no concede ninguna ventaja automática.
La tierra de Roland Garros permitió un partido largo, de intercambios sostenidos y cambios progresivos de dinámica. La hierba de Wimbledon plantea otra cosa. El servicio pesa más, el tiempo para reaccionar se reduce y un juego mal gestionado puede dejar una herida difícil de reparar. Jódar lo tiene muy presente.
“No porque yo ganara ese partido significa que va a pasar lo mismo aquí”, explicó el madrileño de 19 años después de derrotar a Felix Gill por 6-3, 6-3 y 7-5 en su debut. “Si quiero ganar tengo que hacer las cosas bien. Eso empieza por recuperar bien y por tener una mentalidad correcta”.
La cautela no es una fórmula de cortesía. Jódar conoce el valor de la victoria de París, pero también entiende el contexto en el que se produjo. Carreño mandó durante buena parte del encuentro y llegó a estar con dos sets de ventaja. El partido cambió a partir de ahí. El gijonés acusó molestias en el hombro y el joven español encontró la manera de alargar los puntos, cambiar el ritmo y convertir la resistencia en una remontada.
Después del encuentro, Carreño se deshizo en elogios hacia su rival. “No solo juega bien cuando va por delante”, dijo sobre Jódar. “Cuando va por detrás, se mantiene ahí. Ese esfuerzo que hizo en el segundo set quizá fue lo que le dio la oportunidad de volver”. El veterano español también destacó entonces que el madrileño tiene margen para competir “muy pronto” con los grandes nombres de la generación.
Aquella valoración añade una capa distinta al reencuentro. Carreño no llegará a pista con la sensación de enfrentarse a una sorpresa desconocida. Ya ha sentido el nivel de Jódar en un partido a cinco sets, ya ha comprobado su capacidad para mantenerse dentro del marcador y ya sabe que el joven de 19 años no necesita ir por delante para incomodar.
Pero Wimbledon cambia los códigos.
Jódar estrenó su carrera profesional sobre hierba con una actuación sólida ante Gill. Ganó en tres sets, sostuvo su servicio con autoridad y sobrevivió al único tramo verdaderamente incómodo del partido, cuando el británico encontró el break en el tercero. El español no se precipitó. Volvió a ordenar el encuentro, recuperó la iniciativa y cerró sin dejar que la tensión creciera.
“Estoy muy contento con mi nivel”, señaló. “Sabía que el rival era muy duro. Tener una wild card no significa que vaya a ser más fácil; puede ser igual de difícil o incluso más. En hierba he tenido que restar muy bien y jugar bien durante todo el partido”.
Carreño también llega con un motivo particular para competir. Su triunfo ante Denis Shapovalov, que se retiró cuando el español dominaba por 6-3 y 7-6(7), fue el primero de su carrera en Wimbledon. Después de siete derrotas en sus siete apariciones anteriores, el gijonés rompió una barrera que llevaba tiempo persiguiendo.
“Con la carrera que he hecho en este deporte, irme sin una victoria en Wimbledon era un poco extraño y también dolía”, reconoció. “Por suerte, ya la tengo. Es verdad que ha sido por retirada, pero creo que llevaba el partido bastante bien encaminado”.
La frase explica que el partido no será solo una revancha de Roland Garros. Para Carreño, Wimbledon también representa un terreno pendiente. Durante años, el torneo se le había resistido por motivos diversos: calendarios de tierra en sus primeros cursos, sorteos complicados, lesiones y una preparación limitada en la superficie. Ahora, a los 34 años, tiene la oportunidad de avanzar por primera vez a tercera ronda.
Jódar, por su parte, llega desde un lugar opuesto. Todo es nuevo. Primera victoria profesional sobre hierba, primer Wimbledon absoluto, primera vez que debe gestionar la expectativa de haber llegado a Londres después de una gran campaña en París. Sin embargo, no parece interesado en que ese contexto altere su forma de preparar los partidos.
“No sabía que Pablo solo había ganado un partido aquí”, dijo. “Pero es un gran jugador. No he visto su partido porque estaba centrado en el mío, pero si ha ganado es porque ha hecho las cosas bien. Ahora toca analizar, descansar bien, recuperarse bien y hacerlo lo mejor posible, porque será otro partido totalmente diferente al de tierra batida”.
El madrileño llega además con buenas sensaciones físicas. Tras semanas de atención sobre el abdominal, aseguró no haber sentido dolor ante Gill. “Durante todo el partido no he tenido ninguna molestia”, afirmó. “Me he sentido muy bien en todas las facetas del juego”.
Ese punto puede tener importancia en un duelo que Carreño querrá llevar a zonas incómodas. El asturiano sabe jugar largo, tiene experiencia para manejar cambios de ritmo y capacidad para obligar a su rival a construir varios golpes antes de encontrar el espacio. Jódar, en cambio, tendrá que equilibrar su agresividad con la paciencia que ya demostró en París. La hierba le pide atacar antes. Carreño le pedirá resistir.
No habrá una repetición exacta de Roland Garros. Ni por superficie, ni por ritmo, ni por momento competitivo. Pero sí habrá una conexión clara entre los dos partidos: Jódar vuelve a medirse a un rival que ya comprobó su carácter, y Carreño vuelve a encontrarse con el joven que le hizo entender que una ventaja no basta para sacarle del encuentro.
En París, Jódar remontó. En Londres, tendrá que empezar de cero.